jueves 24 de noviembre de 2022

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Carta al director

Inquietudes de un ciudadano

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Señor Director:

La política es una parte de la realidad humana que nos obliga a todos a participar de ella. Sabemos cuál es la razón y el fin a la que debe estar orientada esta actividad, en todos los tiempos: buscar el bien general. De ninguna manera debe ser este quehacer tan digno y tan noble el medio que nos lleve a perseguir intereses individuales. La política involucra al hombre como ser social, implica una búsqueda en solidaridad y en un absoluto clima de tolerancia. Ella no excluye las diferencias, que de hecho se dan. Por esto es que existen los partidos políticos, es decir, un número de ciudadanos que se agrupan para concretar por determinados caminos la tarea política. De manera que hacer esta tarea no es fácil, si entendemos que ella nos puede llevar hasta de renunciar a nuestras propuestas, buscando lo mejor para la comunidad.

Otro concepto de política que no encierre el bien común no sería política. Por eso es que este quehacer no tiene lugar en los sistemas totalitarios. Lejos están de buscar el bien de todos y de permitir la tolerancia y la libertad como caminos que permiten al ciudadano buscar la realización plena del hombre, como ser individual y social.

Cuando uno lee a Pericles, en su fantástica Oración Fúnebre en honor a los soldados caídos por la patria, se encuentra con lo más sustancioso de lo relacionado con la política. Esto es la democracia. Es ella, dice el célebre Arconte, el modelo político de Atenas. A partir de allí, este alegato, tendrá en la posteridad, hasta hoy, una tremenda influencia en la vida política del mundo occidental.

En el concepto que Pericles tiene de la política señala en esta magnífica obra literaria algunas ideas centrales, que son constitutivas en el sistema democrático que él les propone a los atenienses. Propicia la participación del Demos, expresando que todos los ciudadanos son llamados a manifestar opiniones referidas a los asuntos públicos. Y esto se fundamenta en la libertad, es decir, el ciudadano experimenta la ausencia de cualquier presión a la que pudiere ser sometido. Otro principio sustancial, señala, que todos los ciudadanos gozan de la condición de iguales. Es decir, en un estado democrático, no hay privilegios ni prerrogativas para nadie. La igualdad está fundamentada en la ley. Y dice también: "Si hay alguno que se desinteresa de ella -la vida pública- es considerado como hombre inútil e indigno de toda consideración”.

Pericles les expresa a los ciudadanos de Atenas algunas otras ideas que no son de menor valía en el régimen político que propicia el sensacional orador y político de la Atenas del Siglo V a.C.

En uno de ellos dice: "Examinamos detenidamente los negocios públicos porque no creemos que el razonamiento perjudique a la acción; lo que sí creemos perjudicial para la patria es no instruirnos previamente por el estudio de lo que debemos ejecutar...". Y expresa también: "...Si poseemos riquezas, no es para guardarlas ociosas ni para presumir de su posesión, sino para emplearlas productivamente...". Es decir, propone actitudes de los ciudadanos que ayuden a fortalecer el conocimiento y la solidaridad. En fin, quien lee esta célebre pieza oratoria se encuentra con una muy rica fuente de enunciados o principios que deben orientar la función de los ciudadanos como depositarios principales de toda actividad política, y por cierto de los representantes del soberano.

Tal vez, alguien pueda reparar que el contenido de esta fantástica pieza fue válido para un tiempo ya ido. ¡No! El contenido de este discurso es de una extraordinaria actualidad, que si practicáramos lo que en ella se propone, otra sería la suerte de la república. Otras serían las perspectivas de vida de los ciudadanos. Hay ciertas conductas en algunos funcionarios del sistema democrático de nuestros días que resisten el mandato de la norma, hecho que no sólo constituye una desobediencia a aquélla, sino que se ve con evidencia el interés personal por sobre el bien de todos. ¿Que los jueces de la nación tengan el privilegio de no pagar el Impuesto a las Ganancias no es acaso un atropello a la norma? La Constitución en el Art. 16 establece que todos los ciudadanos son iguales ante la ley. Si las autoridades establecidas por la Ley Primera no respetan lo que ésta establece, mal podemos reclamar que los ciudadanos comunes reclamen justicia. No queda sino pensar que estos señores están despreciando el bien general. Si nos acomodamos a la ley, gozaremos de justicia y armonía todos y cada uno de los habitantes de la república. Ya en el pasado tuvimos experiencias de desencuentros y odios entre compatriotas, que condujeron a nuestra sociedad a males de los que Dios nos libre, como decía el Padre Esquiú. Será siempre bueno escuchar lo que enseñaba el Santo Fraile en momentos difíciles que vivía la patria. Deberíamos pensar que "...sin ley, no hay patria...", como enseñaba este enorme ciudadano.

Quizá estos conceptos merecen ser repensados como principios sustanciales en la tarea política que concierne a todos los hombres que habitamos el suelo argentino, sin uno menos. A todos nos cobija la bendita tierra argentina y estamos todos obligados a fomentar y vivir la solidaridad para construir un país en libertad, justicia y hermanada en cualquier circunstancia que nos toque vivir. Debemos mirar un futuro con grandeza, pero unidos en los grandes objetivos. Esto solo es posible si nos comprometemos y lo hacemos entre todos, sin mezquinad, como dice sabiamente el papa Francisco.

No quiero poner fin a este escrito sin expresar algunos interrogantes que me planteo ante la difícil situación que experimenta mucha gente, particularmente la de sectores más débiles, más frágiles. Me pregunto: ¿estos semejantes nuestros tienen la posibilidad de expresar sus enormes limitaciones materiales o espirituales? ¿Nuestros representantes tienen la disponibilidad para escuchar? ¿Es que tienen espacio de tiempo para dialogar con el común de la gente? Amigo lector, a veces nos encontramos con representantes del pueblo que pareciera que toman su trabajo con poca seriedad, que andan en la cosa chiquita, sin advertir que nuestra gente tiene un mundo de problemas existenciales que no puede ni sabe cómo resolverlos. Hoy leíamos en el diario sobre una señora expuesta a perder su pierna porque el hospital público no le da solución a la dificultad física que la aqueja. ¡Quizá los representantes del pueblo deberían acercarse más a la gente! Aunque tengan que escuchar algo que no les guste, deben poner el mejor oído del que se disponga.

En fin, el escrito no tiene otro motivo que expresar la preocupación de un ciudadano que percibe ciertos indicios que poco sirven para lograr un clima de paz y armonía, medios sustanciales para recuperar la fraternidad entre los argentinos; la que nos heredaron quienes no solo dieron hasta la vida por ello, sino también nos dejaron el sueño de un país sólidamente afirmado en los principios fundamentales de humanidad, que son la justicia, la verdad y la libertad. Ello nos ayudará a crecer como individuos y como sociedad; no tengo dudas que así será.

Lorenzo Aybar

6.967.929

Lorenzoaybar641@gmeil.com

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