miércoles 1 de abril de 2026
El mirador político

Idus de abril, hacia las idus de octubre

Con la fisura en la línea Celeste, la interna radical llega a su médula. Se trata de arrebatarle al diputado nacional Francisco Monti la presidencia del partido a la que accedió por la muerte de Marita Colombo, o consentir que obtenga herramientas para afianzarse como referente en el arco opositor.

Fue la diputada Juana Fernández, operadora de Roberto Gómez, la que apresuró la evolución de los acontecimientos al considerar las relaciones de Monti con macristas y lilitos locales excesivamente amables y contaminantes para la ortodoxia boinablanca.

En un ecosistema plagado de bisoños, son pocos los correligionarios que empardan o superan el rodaje de la viuda del recordado Genaro Collantes, y menos todavía los que pueden alardear de haber desarrollado carreras autónomas de los padrinazgo de Oscar Castillo o Eduardo Brizuela del Moral. Capturado por Monti el vínculo con el PRO y la Coalición Cívica, Fernández advirtió que la pureza doctrinaria es la bandera más adecuada para tratar de acumular y ganar consistencia en el proceso de reconfiguración de la UCR, para competir en la interna o sentarse en la mesa de negociaciones. De ahí que sindicara a Monti como infiltrado del macrista Horacio Rodríguez Larreta. Que la antinomia larretistas vs. antilarretistas no tardara en partir a la Celeste en montistas y antimontistas es indicio de lo acertado de su criterio: la UCR se tensa en torno a la proyección de Monti.

Como el celeste Luis Lobo Vergara, presidente del bloque de la Cámara de Diputados, está con Monti, el también diputado celeste Luis Fadel se ocupó de fotografiarse con el exsenador nacional Oscar Castillo en la inauguración de la hostería de Anquincila, para imbuir de autoridad al naciente antimontismo, bajo el paraguas protocolar del intendente de Ancasti, Rodolfo Santillán. En la réplica, Lobo Vergara se fotografió con Monti en la inauguración de la hostería de la localidad belicha de El Durazno, al amparo del intendente de Belén Daniel “Telchi” Ríos, castillista paladar negro que no puede ser reelecto y buscará la banca de senador del departamento.

Interna celeste

Castillo debe estar divirtiéndose mucho. Es claro que ninguno de sus discípulos está en condiciones de heredarlo. Un movimiento de Juana Fernández los obligó a abandonar el taimado sigilo con que venían conduciéndose y mostrar los naipes.

Será él quien defina la posición de la línea, llegado el caso y si lo estima conveniente. Es un dato de primer orden, porque marca su vigencia mientras el otro polo que signó el derrotero de la UCR en los últimos 40 años, referenciado en Brizuela del Moral, se ha dispersado en brizuelismo residual.

El único que no ha movido hasta ahora es el senador nacional Flavio Fama, cuya pretensión es ser ungido candidato a Gobernador por aclamación. Por como viene la mano, difícil que el chancho chifle. La propensión a regalar lo que no se gana es nula en política, y el exrector de la UNCA padece por estos días la tacañería de su sucesor, Oscar Arellano.

Instancia clave

La posibilidad de alumbrar una lista de unidad que permita sortear las urnas el 2 de abril no está descartada, pero tal alternativa supone repartir los cargos de la Convención, que es un dispositivo clave en la UCR.

Recordarán entre otros Juana Fernández que fue el control de la mayoría de los convencionales lo que le permitió a Castillo en 1988 expulsar del partido al presidente del Comité Provincia, Gabino Herrera, y sus socios en la alianza con el saadismo para la reforma de la Constitución provincial.

Otro precedente más cercano consigna la importancia estratégica de este cuerpo deliberativo partidario: la Convención nacional decidió en un plenario realizado en Gualeguaychú en 2015 sellar la alianza con el PRO de Mauricio Macri y descartar a Sergio Massa, cuya incorporación era promovida por el actual presidente del Comité Nacional, Gerardo Morales.

Con urnas o sin ellas, entonces, el esquema que surja de la interna radical es clave para la articulación de la oferta que la oposición presentará en el turno agosto-octubre. Tal esquema definirá, por ejemplo, la política de alianzas del partido a nivel local más allá del PRO, la Coalición Cívica y los republicanos de Miguel Pichetto.

Desprendimientos del peronismo como el sector del diputado Hugo “Grillo” Ávila podrían ingresar a la coalición.

En los últimos días asomaron la cabeza además los libertarios de Javier Milei, con el empresario Javier Galán como líder. Milei registra niveles sorprendentes de adhesión en Catamarca y, como a nivel nacional, gravita sobre todo en el electorado de Juntos por el Cambio.

Cabritos nonatos

La intromisión del oficialismo y sus múltiples herramientas de tentación en la interna opositora es indefectible. Lo hacía el peronismo en los ’80, lo hizo el FCS en sus 20 años de ejercicio del poder, lo volvió a hacer el peronismo a partir de 2011. Lo hizo Néstor Kirchner con la “transversalidad” que cimentó al gobernador de Santiago del Estero Gerardo Zamora, radical de origen. El desafío de la oposición es neutralizar estas maniobras, cosa difícil si no logra generar expectativa de poder.

En este sentido, cuando el radicalismo concluya su disputa se abrirá otra instancia, en el tramo final del embudo hacia la contienda para tratar de desplazar de la Gobernación a Raúl Jalil.

El PRO y la Coalición Cívica han incrementado su incidencia al influjo de las perspectivas de una victoria nacional de Juntos por el Cambio que consideran en el buche. El diputado Enrique Cesarini y el exgerente de Empleo Mariano Manzi son los dos emergentes más visibles de esta proyección, que se basa en el rol determinante que esperan tener para el reparto de los cargos en las delegaciones catamarqueñas de los organismos nacionales: ANSES, PAMI, Vialidad, Desarrollo Social y otras canonjías de menor rango. Incluso tienen esperanzas de abrochar la presidencia de YMAD, que tiene Fernando Jalil. Andan con las alforjas llenas de promesas.

Pero la Presidencia de la Nación aún no ha sido obtenida y una parte importante del peronismo, por devaluado que esté Alberto Fernández, empieza a virar hacia el cuadrante ideológico de Juntos por el Cambio.

En el dinamismo exacerbado de la escena nacional, conviene destacar una estabilidad: pese a su retroceso, Cristina Kirchner sigue reteniendo la intención de voto más voluminosa dentro de la fragmentación general. Considerar garantizado que el rechazo a su figura es un obstáculo insalvable para el peronismo es adelantarse demasiado. Desde otra perspectiva, y con el diseño adecuado, su envergadura es un capital.

Hay otras idus pendientes además de la de abril. Los frutos de la presidencia de Juntos por el Cambio son todavía cabritos nonatos.

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