miércoles 1 de abril de 2026
Cantores de aquel entonces

Homenaje a Víctor Humberto "Pila" Quinteros

A 60 años de su partida, en un trágico accidente que malogró al conjunto folclórico Los Cantores de Salavina, quiero recordar a mi hermano Víctor Humberto “Pila” Quinteros, quien dedicó su corta vida a llevar el cantar de nuestra tierra por todo el país.

Nacido en el año 1930, el mayor de los hermanos despuntó desde temprana edad una auténtica vocación artística musical, impulsada especialmente por nuestro padre, Antonio Tomás Quinteros, un militar de profesión que tenía dos grandes pasiones: el fútbol y la música popular.

Una guitarra criolla comprada en la Antigua Casa Núñez de Buenos Aires, allá por 1941, fue el regalo perfecto para que Víctor aprendiera los primeros acordes del instrumento que pronto dominaría por la perseverancia del entusiasmo autodidacta. Cursando estudios secundarios en el Colegio Nacional de Catamarca, integró el coro dirigido por el profesor Leiva Castro, destacando por su voz dulce con notas agudas y limpias propias del registro vocal contratenor. La afición de nuestro padre alentó la formación de un conjunto familiar con mis otros hermanos Hugo Orlando y Elva Rosalía, quienes realizarían las presentaciones características de los actos escolares, las fiestas parroquiales y las audiciones en la radio LW7 que funcionaba en la calle Rivadavia, casi esquina San Martín.

En 1944 ocurrió el terremoto de San Juan que devastó la ciudad cuyana y produjo la emigración de muchas familias que lo habían perdido todo. Fue así que llegaron a Catamarca guitarristas como Juan Ramón Ponce y Agustín “Cieguito” Leiva quienes destacaban por su técnica de digitación, propia del folclore de aquella región. Ponce y su pequeña hija fueron acogidos en nuestra casa que funcionaba a modo de pensión y fue entonces que tanto “Pila” como Hugo incorporaron los valiosos conocimientos del “Maestro” Ponce.

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Los Hermanos Víctor y Hugo Quinteros en los estudios de Radio El Mundo. Años 50.

Los Hermanos Víctor y Hugo Quinteros en los estudios de Radio El Mundo. Años 50.

En 1945 fallece nuestro padre. Un duro golpe que sin embargo afianzaría la vocación de “Pila”, quien ya había asomado en la comunidad artística local por entonces reanimada debido al regreso de Don Manuel Acosta Villafañe a Catamarca. En efecto, el “Tata”, volvía a radicarse en la provincia luego de largos años de éxito en Buenos Aires donde se había constituido en un verdadero pilar del arte nativo argentino por su Dúo Calchaquí (con su hermano Carlos), sus programas de radio, sus composiciones grabadas para el sello discográfico RCA Víctor y su emblemática peña “La salamanca” ubicada en el barrio de Caballito. Al regresar, Don Manuel agita las aguas, busca valores del canto criollo y los encuentra. Conforma Manuel Acosta Villafañe y su Conjunto que aparecerá con distintos nombres, el más usado fue “Los Arrieros del Ambato”, pero también figurarán como “Los Trovadores del Valle” o “Los Trovadores del Norte”. La formación se integra con Germán “Pebete” Leguizamón, Juan Ramón Ponce y Ramón “Atuto” Mercau Soria. “Pila” también participa del conjunto pero, como es menor de edad y cursa sus estudios secundarios, encuentra la resistencia de nuestra madre, VitalianaToloza (vda.) de Quinteros, para hacerlo de manera asidua.

En aquel entonces “Pila” realizaba una sentida interpretación de la Vidala del Angelito, causando su voz adolescente emoción y admiración del público. Hacia 1947, posiblemente en época de vacaciones, el conjunto realizaría una recorrida por localidades del Oeste catamarqueño y también de la provincia de Tucumán y Salta. Para tal ocasión, la insistencia del “Tata” Manuel (“que me lo preste al chango que canta tan lindo los villancicos”) y el prometido cuidado del “Maestro” Ponce para que el muchacho no vaya a tomar bebidas alcohólicas, dieron como resultado la autorización de doña “Vita”, permiso que fue otorgado mediante escritura realizada ante un joven escribano: Ramón “Chucho” Salman. Luego de aquella gira, Víctor se unirá definitivamente al grupo. También se incorporará Ramiro Espoz Saavedra en carácter de bombisto y glosador.

Las actuaciones de Manuel Acosta Villafañe y su conjunto se extienden por distintas provincias y especialmente en Buenos Aires donde la música nativa adquiere la dimensión de fenómeno masivo a comienzos de los años 50, lo que será conocido como “boom” del folklore. “Pila” y Hugo deciden radicarse allí, debido a las posibilidades artísticas y también para cursar estudios universitarios en la facultad de odontología. En la capital frecuentan el Centro Tradicionalista Provincianos Unidos, en el barrio de Flores, donde Marcos López (creador de Los Troperos de Pampa de Achala) y su esposa, nuestra santamariana Margarita Palacios organizaban una de las peñas más destacadas de la escena folclórica. Ya fuera con los conjuntos ya nombrados o el dúo de los Hermanos Quinteros, se suceden las presentaciones en las principales emisoras radiales: El Mundo, Belgrano y Splendid, difundiendo a los autores catamarqueños. También participan en los números musicales de las primeras emisiones de la televisión argentina a finales de 1951. A partir de 1953 resultaba habitual la actuación en salas cinematográficas, obligadas a incluir espectáculos en vivo en sus funciones. Recuerdo que en tales intervenciones el público porteño se encontraba a disgusto porque los dueños de las salas decían que aumentaban el precio de las entradas para contratar a los artistas, los cuales eran recibidos con reprobación cuando se interrumpía la función. En una ocasión me tocó presenciar cómo el público se había entusiasmado pidiendo bises a la presentación de “Pila” y Hugo acompañados en guitarra nada menos que por Alfredo Alfonso, integrante del mítico dúo puntano Alfonso y Zabala que inmortalizaran la cueca Calle Angosta.

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Los hermanos Víctor y Hugo Quinteros (centro) con los hermanos Navarro en sus presentaciones en la noche porteña. (Circa 1960).

Los hermanos Víctor y Hugo Quinteros (centro) con los hermanos Navarro en sus presentaciones en la noche porteña. (Circa 1960).

Antes de su fallecimiento ocurrido en 1956, Don Manuel Acosta Villafañe alienta la creación de un nuevo conjunto, Los Trovadores Calchaquíes, integrado por el chumbichano Emilio Marenco, el paceño Rolando Romero (La Guardia), Victor Quinteros y Hugo Quinteros. La formación comparte escenario con Alberto Cortez y Los Hermanos Navarro en la peña de Agustín “Rubito” Larramendia, músico, compositor y productor paraguayo de gran éxito en Buenos Aires. En su sello discográfico independiente grabaron las canciones El Mensú, Noche de Navidad, Entre San Juan y Mendoza, Zamba Norteña, entre otras.

A comienzos de los años 60 las presentaciones se suceden, y la exposición televisiva aumenta con su participación en distintos programas, especialmente en el ciclo de “La pulpería de mandinga”, exitosa emisión de Canal 9 con libreto de José Ramón Luna y conducción de Julio Marbiz. Con el dúo Hermanos Quinteros son contratados por el pianista santiagueño Luis Alberto Peralta Luna para actuar en una confitería de la avenida Corrientes y Esmeralda, centro de la animada noche porteña, donde comparten escenario con Julio Sosa, el barón del tango. También son número habitual de la confitería Trocadero.

Integrado plenamente en ese ambiente artístico, “Pila” es convocado, a mediados de 1963, para reemplazar a Agustín Carabajal en el ascendente conjunto Los Cantores de Salavina, con quienes realiza grabaciones para el sello Music Hall (Zambita de Allá, Cuequita del Desengaño, La Amanecida y A la Sombra de mi Mama). Luego emprenderían una gira por el sur de Buenos Aires, fatídico viaje donde encontraría la muerte junto a sus compañeros Luciano Duthú y Antonio Ramírez, quedando Osvaldo Duthú como único sobreviviente.

La noche del 15 de octubre de 1963, luego de presentarse en Bahía Blanca, se dirigían por la Ruta Nacional 3 hacía la localidad de San Cayetano para cumplir otro compromiso artístico. A la altura de la localidad de Micaela Cascallares (cercana a Tres Arroyos) ocurrió el fatal accidente cuando el vehículo en el que se trasladaban impactó contra un camión detenido sobre la ruta, sin luces.

La tragedia causó conmoción en el mundo del espectáculo, fue una noticia ampliamente difundida pues se trató del primer accidente trágico que cobró la vida de artistas del canto autóctono. La revista Folklore dedicó un número especial al conjunto y se multiplicaron los homenajes en los ámbitos del espectáculo.

Se apagaba en mi querido hermano una vida de artista que abrazó con amor y profesionalismo desde niño para cantar las cosas de nuestra tierra. Entre aquellos homenajes recuerdo vívidamente un poeta que expresó en Radio El Mundo que “Los cantores, como los pájaros, merecen tener un cielo de amor y de música, porque ellos nos alegraron el corazón”.

Antonio Arnaldo “Polo” Quinteros

DNI. 6.952.149

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