viernes 2 de diciembre de 2022

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Cara y Cruz

Gerentes alcahuetes

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Según la diputada radical Juana Fernández, el Gobierno despidió al exdirector del Hospital San Juan Bautista, Hernán Toloza porque se negó a proporcionar la lista de los agentes del nosocomio que participaban de medidas de fuerza a los efectos de que se les ejecuten descuentos en sus salarios.

“No se puede entregar a colegas médicos, enfermeros y compañeros que trabajaron codo a codo. Capaz que este mecanismo pueda funcionar en instituciones privadas, donde puede haber algún alcahuete de un gerente que busque ascender”, disparó la legisladora en la sesión de ayer (ver "A Toloza lo echaron por no entregar a sus colegas").

La sanción subraya la proliferación en el gabinete provincial de una jerarquía cuya denominación habrá que reconocerle a Fernández por la precisión poética: en lugar de funcionarios, el Gobierno favorece a “gerentes alcahuetes” sin la más elemental noción de las consecuencias políticas que puedan acarrear sus arbitrariedades.

Es lógico que este tipo de mediocridades se ensañen con gente refractaria a celebrar la delación como virtud cardinal en la función pública. Si a ellos les basta para permanecer en sus poltronas y engullir sueldos y canonjías, no tienen motivos para suponer que debe haber otras conductas más adecuadas.

La eyección del exdirector Toloza es en lo conceptual concordante con el intento de suspensión del programa “Tirame un Centro”, que la flamante expresidente del directorio de la TV Pública, María Eugenia Rosales Matienzo ordenó debido a que el periodista Silvio Iramaín había deslizado unas consideraciones para ella inconvenientes en el informe sobre la reapertura del Estadio Bicentenario.

Es notable cómo estos alardes de autoridad terminan por convertirse en exhibiciones de estupidez.

Rosales Matienzo consiguió, por empezar, que el ministro de Gobierno, Juan Cruz Miranda y el director de Prensa y Coordinación, Diego Moreno, respaldaran a Iramaín y la suplantaran al frente del directorio de la TV Pública, si bien seguirá en el área de Comunicación y en el directorio del medio “ad honorem”. “Cumpliendo funciones” se informó oficialmente, apelando a un eufemismo para no admitir que se la habilita a continuar su trayectoria de pato criollo.

Más significativa que estas maniobras burocráticas, sin embargo, fue la repercusión que la pretendida censora logró para la opinión del periodista, quien todavía no le ha agradecido como corresponde tamaño favor.

Las arbitrariedades de los "gerentes alcahuetes" hace cundir la animadversión hacia el Gobierno en la administración pública Las arbitrariedades de los "gerentes alcahuetes" hace cundir la animadversión hacia el Gobierno en la administración pública

El que sí debe estarle agradecido es el ministro de Infraestructura y Obras Públicas, Eduardo Niederle, ya que las veleidades dictatoriales de Rosales Matienzo multiplicaron exponencialmente el dato de que fue el director de obras del dichoso Estadio, malogrado por defectos en su edificación a menos de un año de su inauguración.

No era algo que se desconociera, pero Iramaín lo recordó en el informe de la reinauguración. Niederle trabajaba para la empresa Capdevila, que construyó el coloso y consiguió que el Gobierno la eximiera de responsabilidades por su casi inmediato ingreso en el derrotero de la ruina a cambio de unos 40 millones de pesos. El mismo Niederle, ya como ministro, destinó casi diez años después millonadas muy superiores a lo abonado por sus expatrones para enmendar sus propias fallas profesionales.

El ejercicio de memoria de Iramaín excedió el público del programa “Tirame un Centro” para cobrar alcance masivo a raíz de la atinada intervención de Rosales Matienzo.

Chocho el Gobierno, chocho Nierderle y más chocho Iramaín por la inesperada celebridad que le deparó la solvencia publicitaria de su jefa. Que ahí sigue como tantos, por si hace falta aclararlo, abonando como “gerenta alcahueta” la animadversión contra el Gobierno que crece en la administración pública.

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