Nos expresamos en repudio a las medidas impuestas arbitrariamente por la Obra Social OSEP de empleados públicos de la provincia de Catamarca, discriminando sólo a los profesionales de fonoaudiología de ésta provincia.
Nos expresamos en repudio a las medidas impuestas arbitrariamente por la Obra Social OSEP de empleados públicos de la provincia de Catamarca, discriminando sólo a los profesionales de fonoaudiología de ésta provincia.
¿Alguien se imagina a una obra social diciéndole a una persona (su afiliado), quien depende para vivir de los cuidados de otro, que sólo recibirá cincuenta sesiones en todo un año para poder comer, deglutir, expresarse? ¿Personas que la mayoría de las veces atraviesan períodos de internación con sondas nasogástricas o botones gástricos para alimentarse y que necesitan de cuidados especiales para transitar hondos procesos de recuperación?
¿O dejar descubiertas de acompañamiento profesional a personas con serias dificultades en el neurodesarrollo durante su crecimiento, que a través de procesos terapéuticos pueden lograr reconocer aquellas habilidades que les son propias y adquirir otras que les servirán como recurso para integrarse a sistemas sociales que aún los expulsa por las razones que sea? Es el terapeuta el que suele mediar para su integración.
Así son los convenios que ofrece la obra social que más afiliados y más facilidad de recaudación de dinero ejecuta por mes. La palabra “Tope” sale con gran frecuencia en cada validación y aunque se presenten las documentaciones vía mail, la restricción se reduce a la mitad, autorizando sólo cuatro sesiones. A los pocos meses, vuelven a solicitar la misma.
Hoy OSEP toma del sueldo de cada trabajador de la provincia, sin opciones, un porcentaje más un aporte de dinero llamado por ellos “solidario”, cuando lo correcto sería llamarlo obligatorio, a cuenta de prestar servicios de atención para la salud. Parece que ahora no comprender la dinámica de los procesos terapéuticos que cubre y, lejos de impregnarse de lo que no conoce, recorta.
Actúa con acoso laboral a sus prestadores. Estamos padeciendo los terribles atropellos que puede generar el poder y la ignorancia. Muestra desconocimiento de la dinámica de trabajo en las diferentes especialidades, y nos vemos en la situación de resistir en nuestros consultorios ante una modalidad impuesta que es insostenible: “la App” de la obra social.
Los profesionales, ahora empleados administrativos ad honorem de la OSEP, estamos presos de trámites informáticos con validaciones y autorizaciones de consumo pedregosos cada vez que un paciente viene a nuestra terapia.
Validamos sesión por sesión, sin descanso, y cada vez que la persona paciente asiste, éstos engorros nos quitan un tiempo valioso de encuentro terapéutico. No tiene sentido como práctica administrativa, y no siempre resulta eficiente a la hora en que la entidad nos autoriza trabajar, mientras el paciente por supuesto, ya se encuentra en el consultorio o nosotros en su domicilio en el caso de personas postradas que reciben la atención en sus casas.
La OSEP quiere que trabajemos con un programa prestacional lleno de incoherencias, que no acaba de diseñarse para la ambición de lo que pretende abarcar si realmente lo que pretendiera fuera la evolución y la fluidez de un tratamiento y sus prácticas para el bien común de sus afiliados y profesionales en juego.
Tampoco tomó las sugerencias planteadas por los profesionales prestadores. Por el contrario, se impuso desde el desconocimiento de nuestro trabajo, al que le dedicamos todo nuestro esfuerzo no solo en consultorio, sino en reuniones escolares, de equipos e informes permanentes que nos solicitan con frecuencia la escuela y las instituciones donde los pacientes asisten y están integrados.
Ahora se suma el trabajo administrativo en plena hora de trabajo, minutos antes, o cuando ya nos retiramos a nuestras casas prolongando las horas de trabajo.
La imposición arbitraria nos perjudica a todos y no cumple la eficiencia de un programa facilitador y funcional.
Los terapeutas trabajamos por módulos que fundamentan el plan de una intervención. La obra social no lo entiende y pretende ser ella quien decida cómo será el abordaje y con qué frecuencia.
No permiten opción al diálogo, ni consenso. Tampoco tuvo en cuenta las notas elaboradas con sugerencias.
La obra social parece no escuchar la demanda y necesidad del tratamiento de los afiliados pacientes, sin discriminar entre sesiones comunes o sesiones a personas con discapacidad, que conlleva, de igual manera y la mayoría de las veces: dolor, exclusión, necesidades insatisfechas y derechos vulnerados.
La obra social pareciera ignorar gravemente que, la inclusión y la aceptación de vivir, enhorabuena inmersos en la diversidad que nos antecede y atraviesa de manera natural y digna, también exige la inminente tenacidad de sostenerla en el tiempo.
Sin embargo, ésta coyuntura troncal también parece considerarla un gasto y acciona restringiendo las prestaciones cuando más se necesitan, como si el aporte del afiliado que hoy demanda cuidados hubiera tenido alguna vez un tope.
Todo lo contrario, el tope del aporte que hace el ciudadano que se gana el sustento trabajando en la administración pública cesa cuando ya no está en este plano.
La manera en que la OSEP restringe la cobertura a sus afiliados es destructiva y persecutoria, va en contra de la salubridad y el bienestar del afiliado y también del prestador que está trabajando, ya que no comprende lo antedicho.
Pretende que el paciente compre una orden antes de haber cobrado, es decir los primeros días de cada mes, cuando aún no ha percibido sus haberes y los mismos que ya vienen con los descuentos y aportes solidarios extras para ella.
Es desgastante en todos los sentidos. Irrumpe en el encuadre de trabajo, compite con prácticas terapéuticas y muchas veces impacta contra problemas de conectividad o tecnológicos que directamente impiden las validaciones que exigen.
Podemos seguir en un sinfín de argumentaciones, desde estar inmersos en una situación política económica que nos cruza en diagonal a todos hasta las leyes que nos protegen y que parecen más vulneradas que cumplidas, como es aquí la ley 26378 (véase artículo 25) de los derechos de las personas con discapacidad entre otras.
Vivimos una situación laboral desgastante, injusta y abusiva.
Grupo de Fonoaudiólogos de Catamarca