Cada vez que la escena política se le complica, el oficialismo saca a relucir la reforma de la Constitución.
Otro más. Ayer ingresó un nuevo proyecto de reforma de la constitución provincial en la Cámara Baja.
Es casi un reflejo pavloniano: cuando la escena política se le complica, el oficialismo comienza a menear la Reforma de la Constitución como si fuera el talismán de la concordia. No se entiende bien de dónde proviene la idea, porque la propuesta de la enmienda no solo no ha tenido nunca los pacificadores efectos que se le atribuyen, sino más bien lo contrario. Antes que a una vocación reformista genuina, la insistencia parece obedecer a la carencia de argumentos para afrontar otras discusiones.
En la sesión de la Cámara de Diputados, por ejemplo, sirvió para cortar un áspero debate corriendo con la vaina a un bloque de Juntos por el Cambio que abandonó recriminaciones y recinto sin advertir que sus antagonistas no llegaban a los dos tercios de los votos necesarios para aprobar la declaración de necesidad de la Reforma que había planteado el diputado Juan Denett. El abatatamiento que motivó crueles burlas, porque el Frente de Todos no alcanzaba el número ni siquiera si se calculaba la mayoría calificada sobre los miembros presentes en el plenario y no sobre la totalidad, como corresponde.
El éxito de la maniobra, no obstante, entusiasmó a los oficialistas para presentar un nuevo proyecto, ahora con el aditamento de que los convencionales deberían elegirse en las elecciones generales del año que viene. Esto produjo algunas suspicacias entre la oposición, por la sospecha de que alguno de los bandos esté en componendas para darle al Frente de Todos los votos necesarios para alcanzar los dos tercios, pero se diluyeron rápidamente: una operación de esta naturaleza reflejaría casi con exactitud la que se llevó adelante en el polémico proceso reformista de 1988 y no le serviría al Gobierno más que para acrecentar los inconvenientes que ya tiene.
Cada vez que la escena política se le complica, el oficialismo saca a relucir la reforma de la Constitución Cada vez que la escena política se le complica, el oficialismo saca a relucir la reforma de la Constitución
La propuesta tendría en realidad el mismo sentido que las anteriores: intentar desplazar la atención pública de una serie de erosivos asuntos que vienen afianzándose en la agenda sin que el oficialismo acierte a revertirlos.
El frente de Salud continúa en tensión no tanto por los reclamos salariales como por el rechazo de los gremios disidentes a la figura del secretario general de ATSA, Leonardo Burgos, interlocutor dilecto del Gobierno. El sanitarista suma ahora otro foco de conflicto de evolución incierta con el conato de fractura en la CGT, de la cual es secretario general junto a la titular de APUNCA, Gladys Moro, quien lo acusa por violento y manipulador con el respaldo de los sellos integrantes de la Lista Azul y Blanca.
Otra controversia que promete es la que se reactivó alrededor del procedimiento para la selección de jueces y fiscales a través de la Comisión Evaluadora. El concurso para cubrir el puesto de Fiscal General quedó desierto y la oposición aprovechó para reincidir en las acusaciones por enjuagues tendientes a colonizar el Poder Judicial que le asignan al Gobierno.
A estos tormentos se sumó la polémica por las contrataciones directas en el Ministerio de Infraestructura y Obras Públicas, cuyas brasas sopló el martes el ministro Eduardo Niéderle con una inesperada visita a la Cámara baja en la que prácticamente justificó la cartelización de la obra pública por el hecho de que “hay pocas empresas”.
Para evitar poner la cara ante los previsibles azotes de la oposición que se descargarían en la sesión de ayer después de semejantes explicaciones para los más de 2.000 millones de pesos que Niéderle contrató en forma directa con la firma Air Total, los diputados oficialistas se retiraron paulatinamente silbando bajito hasta vaciar el quórum reglamentario.
Quedó pendiente el tratamiento de un proyecto de la diputada Juana Fernández para declarar de interés y que se exponga en las escuelas la película “Argentina 1985”, sobre el histórico Juicio a las Juntas.
Hasta que el plenario se quedó sin quórum, hubo un intercambio por las responsabilidades en la violencia política y el terrorismo de Estado en el pasado. Interesante, apasionado. Sin dudas más cómodo para los oficialistas que rebatir algunas cosas del presente.