miércoles 1 de abril de 2026
Análisis

Exigir

Por Guillermo Alejandro Bordón

Falta poco para que culmine la batalla electoral, y, hasta ahora, no hay nada que pueda ilusionar a los argentinos de salir del profundo pozo de la inestabilidad. Es tan grande la crisis que a pesar de las señales electorales que se dieron en la PASO, la desazón general es no tener la certeza de quien va a salvar a este país de la triste realidad que atraviesa. No existe en el ánimo popular la suficiente confianza que tal o cual candidato va a trabajar por el país. Por más que voten a una determinada lista todos parecen haber perdido la esperanza de un cambio. Lo que sucede, es que los discursos ya no es un recurso convincente. Son solo palabras vacías que no remedia la herida de la pobreza. Todos los que hoy se presentan como candidatos ya tuvieron su paso por el poder y no solucionaron absolutamente nada.

En las conversaciones cotidianas de los ciudadanos siempre aparece la política como tema. Muchas veces con toque de humor, dramatismo, tragedia o no hay palabras que describan los que sienten por la política.

Según la creencia popular la política y la economía deberían buscar el bien común. La mayor pesadumbre es trabajar y que el sueldo no alcance. Comprar alimentos y otros insumos se hace un privilegio. Aunque el gobierno tome medidas de emergencia solo son migajas que no llegan a ser pan. Ni hablar de la inseguridad.

En las últimas semanas se llevaron a cabo los debates de candidatos a vicepresidente y no hubo propuestas sino simplemente ataques personales, violencia contra otros pensamientos y sobre todo chicanas. Reitero: Cero propuestas. Y todo termina siendo una burla ante la ciudadanía. La insistente negación de la realidad por parte de los que gobiernan y pretenden gobernar producen la mayor grieta: los que viven acomodados en su sillón de poder y los que deben ajustar sus sillas para evitar una caída estrepitosa. Un pequeño emprendedor como tantos tuvo que cerrar su negocio porque cada vez compraba mas caro los productos y no hay dinero que alcance sumado a los impuestos y deudas adquiridas. Nadie mira esas realidades, solamente se dedican a defender su propio rancho y que los demás coman migajas. Como los discursos no convencen se dedican al espectáculo televisivo de la ofensa contra el otro. Es decir, no trabajan para los ciudadanos sino para la televisión y las redes sociales.

¿Qué debemos hacer ante esta realidad? Simplemente no dejarse alimentar con “esperanzas vacías”. No hay que esperar lo mejor de ellos, sino de nosotros mismos. A veces resulta difícil mantener la cautela cuando te das cuenta que pisotean tu dignidad. Pero la única manera de dar vuelta de rosca a esta crisis es empezar a cambiar la mirada sobre lo que somos y hacemos. La verdadera esperanza va a estar en la medida que accionemos desde el respeto por la libertad y derecho del otro, tener conductas honestas y no dejarse contagiar por la violencia ejercida desde el poder político.

Es tiempo de iniciar otras maneras de hacer política para lograr que ellos al menos se sientan exigidos a caminar como el pueblo quiere caminar. Cada uno debe ir a votar con la certeza que busca un ideal de vida para sostener esta democracia apabullada por la desigualdad y las injusticias. Ellos deben sentir que ahora nosotros exigimos lo que Bertolt Brecht expresa en “La canción del parche y el abrigo”: “Necesitamos no sólo el parche sino también el abrigo. Necesitamos no sólo la migaja sino también todo el pan. Necesitamos no sólo el puesto de trabajo, sino toda la fábrica y el carbón y el mineral y el poder del Estado. Bien, eso es lo que necesitamos. Pero, ¿Qué nos ofrecen ustedes?”.

Seguí leyendo

Te Puede Interesar