miércoles 1 de abril de 2026
Editorial

En peligro

A lo largo de las últimas dos décadas se han acumulado informes que dan cuenta de los efectos nocivos para la salud humana y animal de algunos agroquímicos que se utilizan de un modo masivo en los cultivos. Muchos de esos estudios se han elaborado en Argentina, que es uno de los países que fumiga con estos productos de un modo más intensivo.

El último informe publicado sobre este tema es lapidario. Es el resultado de una investigación llevada adelante por el Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), que señala que las personas jóvenes de los pueblos fumigados con agroquímicos tienen 2,5 veces más probabilidad de padecer y morir de cáncer que las personas que viven lejos de estos productos. Las conclusiones no son improvisadas: se obtuvieron luego de una investigación que duró siete años y se basa en estudios epidemiológicos de ocho localidades de la provincia de Santa Fe que se caracterizan por estar encuadrados en lo que habitualmente se denomina “pueblos fumigados”. Es decir, que son poblaciones que se encuentran aledañas a campos donde se fumiga de una manera intensa y casi permanente.

El estudio precisa que el porcentaje de fallecimientos por cáncer, tomando el parámetro internacional de cien fallecimientos por cada 100.000 habitantes, fue del orden del 30 por ciento en estas localidades, mientras que el promedio nacional es del 19 por ciento. La diferencia es impactante.

La investigación también determinó que el 27 por ciento de los pesticidas utilizados en los países de altos ingresos están en la categoría “altamente peligrosos”, mientras que el porcentaje aumenta a 45 en los países de ingresos bajos y medios, como el caso de Argentina.

Damián Verzeñassi, uno de los investigadores, se refirió de un modo contundente, en una entrevista periodística, a las causas de estos resultados: “El actual modelo agroindustrial no ha hecho más que incrementar los daños en la salud de los territorios y, por tanto, de las personas que vivimos en esos territorios. Nuestro trabajo es un aporte más a una gran cantidad de clara evidencia científica que se vienen haciendo desde hace ya muchos años y que da pruebas concretas de las consecuencias de los pesticidas”.

A este tipo de informes condenatorios se le oponen otros, que desestiman la gravitación de los pesticidas en la salud humana. Pero no hay ninguno de ellos que no sea presentado por las propias empresas que los comercializan.

Y pese a la acumulación de argumentos de índole científica que permiten vincular a los agroquímicos con el aumento significativo de casos de cáncer, pero también de otro tipo de enfermedades, las autoridades que regulan el uso de los productos parecen atender siempre los informes que no son independientes, sino financiados por las empresas.

Mientras persista esta tendencia, que mantienen todos los gobiernos nacionales en lo que va del siglo, y no exista una ley nacional que regule el uso de los agroquímicos, cientos de miles de personas seguirán viviendo en peligro.

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