Organizaciones No Gubernamentales que atienden la problemática de los migrantes en nuestro país consideran que se ha agravado en los últimos meses la discriminación hacia ese sector, particularmente los que provienen de países latinoamericanos. Ayer realizaron un acto en el que, además, denunciaron un intento por restituir un decreto de necesidad y urgencia del año 2017, que tuvo vigencia hasta 2021, por el que se modificó la Ley de Migraciones para habilitar la expulsión de extranjeros de la Argentina en forma exprés. La propia ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, pidió expresamente la restitución.
Representantes de una de esas organizaciones, la Comisión Argentina para Personas Refugiadas y Migrantes (Caref) entienden que aquel decreto trajo consecuencias muy graves en la población migrante y sus familias. Relataron casos de familias desmembradas, separadas violentamente.
Mencionaron también con preocupación, como señales de alarma, las propuestas de cobrar aranceles en las universidades y hospitales públicos a las personas extranjeras.
Desde Caref se sentó clara posición: “Hay un clima de época que facilita cuestiones que van absolutamente en contra de todas nuestras normas, tanto de la Ley Nacional de Migraciones como los tratados internacionales que están en nuestra Constitución o las leyes que tienen que ver con salud pública. Se va generando una escalada donde la población migrante queda en el ojo de la tormenta, como un grupo particularmente vulnerable y al que se lo marca como responsable de las dificultades por las que atraviesan, por ejemplo, la educación, la salud o la seguridad”.
La discriminación a extranjeros va a contramano de una tradición argentina que es tan antigua como la patria misma. Apenas dos años después de la Revolución de Mayo, el primer Triunvirato emitió una disposición que garantizaba protección a los individuos de todas las naciones que desearan fijar domicilio en el país. Desde entonces hubo en la Argentina grandes corrientes inmigratorias, particularmente en las primeras décadas del siglo XIX y las primeras del XX. Y Argentina es una nación reconocida mundialmente por su generosa apertura.
En el último medio siglo la inmigración que llegó a la Argentina es particularmente de otros países latinoamericanos. Y son estos grupos poblacionales, no la inmigración europea, por ejemplo, la que produce recelo en muchas personas. Se trata de una xenofobia selectiva.
La xenofobia es la contracara del mandato constitucional de abrazar a “quienes quieran habitar el suelo argentino”, pero, como ya se señaló en esta misma columna, parece calar hondo en ciertos sectores de la sociedad, susceptibles a creer que los males sociales son siempre culpa del que viene de afuera y no de defectos propios.
Este paradigma de los últimos tiempos debe ser desterrado y abrazar el original, el que le dio prestigio global a nuestro país.n