domingo 26 de mayo de 2024
Cara y Cruz

El emplazamiento de la Corte

Después de que el presidente Javier Milei considerara que “al menos tres jueces” de la Suprema Corte de Justicia de la Nación tienen una “posición bastante poco amigable” con su gestión, uno de los aludidos señaló que el tribunal interviene en asuntos de índole política cuando los políticos fracasan.

“Hay que darle una primera chance a la política: hay charlas, reuniones, negociaciones en el Congreso que seguimos con avidez, pero si la política no resuelve este tema (por las demandas contra el DNU y los recortes del Gobierno nacional a las provincias) la Justicia lo resolverá. No nos gusta que la judicialización sea el atajo para resolver los temas que no resuelve la política. Apostamos que estas cuestiones se resuelvan en el ámbito parlamentario o en el que sea; si no, lo resolveremos en un tiempo razonable”, dijo el presidente de la Corte, Horacio Rosatti, en una conferencia ante el Rotary Club de Buenos Aires.

Rosatti integra, junto a Juan Carlos Maqueda y Carlos Rozenkrantz, el trío “bastante poco amigable” señalado por Milei. Esto deja como único “amigable” con los libertarios a Ricardo Lorenzetti, a quien se le atribuye el padrinazgo de la candidatura del controvertido juez federal Ariel Lijo para integrarse a la Corte junto al catedrático Manuel García Mansilla.

Lijo, que cubriría la vacante de Elena Highton de Nolasco y García Mansilla, que suplantaría a Maqueda cuando se vaya a fin de año, deben aún obtener la aprobación del Senado, pero el objetivo del Gobierno nacional parece claro: que ambos conformen con Rosatti, que está enfrentado con sus colegas, una mayoría “amigable” contra el dúo refractario Rosatti-Rozenkrantz.

Son peripecias típicas del sueño de un Poder Judicial dócil al Ejecutivo que remiten a la mayoría automática de Carlos Menem y al juicio político iniciado por el kirchnerismo en la Cámara de Diputados, hoy sepultado por el vértigo libertario.

El rol de salvaguarda institucional de la Justicia adquiere en esta coyuntura, sin embargo, singulares características, porque el estilo de Milei se caracteriza por el ninguneo sistemático y la denigración de todo aquel que no se someta a sus designios. Los intentos de edificar consensos para dar sustento a la gestión libertaria se han estrellado sin remedio en la intransigencia presidencial.

Además de marcar por primera vez a la mayoría de la Corte como “poco amigable”, el Presidente ha dicho que no le importa lo que haga el Congreso con la Ley Bases. Esta apreciación pasó casi inadvertida debido la intensidad del alud de opiniones que el mandatario vierte no solo en las entrevistas que otorga sino también, y sobre todo, en sus redes sociales. Sus declaraciones y posteos se superponen con una velocidad que acrecienta el desconcierto de lo que denomina “la casta”.

¿Para qué tantos esfuerzos por sacar la Ley Bases si no le importa?

Conviene tomar nota de lo que Milei dijo sobre la Corte, porque es el escollo final para sus pretensiones. “Bastante poco amigables” es, considerando la propensión a la exaltación furibunda del personaje, casi un elogio, pero también podría interpretarse como una advertencia.

La Corte tiene la palabra definitiva sobre la validez del megaDNU, que continúa vigente con suspensiones parciales. Si a Milei no le importa la Ley Bases, es porque esta vigencia le proporciona un piso de legalidad a sus decisiones que perderá, es obvio, si el tribunal lo invalida.

También tiene la Corte la llave de los reclamos interpuestos por las provincias por los recortes de fondos, que superan los mil millones de dólares y sumará ahora los planteos por los tarifazos energéticos.

¿Cuándo consideraría la Corte que el espacio para el diálogo político está agotado?

Tras ser señalado por Milei, Rosatti envió su mensaje, en formato de emplazamiento: “Si la política no resuelve, la Justicia resolverá”. n

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