Las PASO que en La Pampa le ganó el radical Martín Berhongaray al macrista Martín Maquieyra servirán a la UCR para reforzar las maniobras tendientes a elevar la cotización de su estructura territorial dentro de la sociedad de Juntos por el Cambio.
Las PASO que en La Pampa le ganó el radical Martín Berhongaray al macrista Martín Maquieyra servirán a la UCR para reforzar las maniobras tendientes a elevar la cotización de su estructura territorial dentro de la sociedad de Juntos por el Cambio.
El litigio general por la Gobernación de la provincia, en el que se postulará para la reelección el peronista Sergio Ziliotto, será el 14 de mayo, pero las primarias pampeanas comenzaron a exponer el valor estratégico adquirido por el dispositivo diseñado para definir las candidaturas, en una coyuntura general signada por dos factores.
El primero es la fragmentación extrema del calendario electoral, muy similar a la de 2019, con el desacople de los comicios provinciales de los nacionales en la mayoría de las provincias.
El otro es más novedoso: una declinación de los liderazgos nacionales que se traduce en la discusión cada vez más intensa sobre los mecanismos más adecuados para suplantarlos o neutralizar el vacío que genera el fenómeno.
Si bien esto no era tan evidente en 2019, algunos indicios del proceso emergían ya.
En ejercicio de la Presidencia y muy complicado por la situación económica, Mauricio Macri impidió que María Eugenia Vidal desdoblara las elecciones de la Provincia de Buenos Aires de las nacionales.
Cristina Kirchner pergeñó la “doble Fernández”: Alberto a la Presidencia, ella como vice, lo que con la incorporación de Sergio Massa al armado vació a Alternativa Federal, espacio debutante en el que Rodolfo Lavagna se negó a someter su candidatura presidencial a, justamente, PASO.
La proliferación exacerbada de aspirantes a la Presidencia ahora podría considerarse de tal modo como el punto de maduración de un proceso dentro del cual las primarias se han tornado prácticamente ineludibles. La conformación de la mesa política del Frente de Todos es en gran medida la resignación a esto: no hay ningún líder en condiciones de imponer sus términos en el juego. En la vereda contraria, Macri mantiene su indefinición a la espera del desarrollo de los acontecimientos, porque no está muy seguro del efecto que tendría la confirmación de su candidatura.
La configuración de la escena es propicia para un activo que los radicales han preservado pese a su prolongada sequía: el partido y la gimnasia en su administración. La devaluación de esta burocracia parece haber remitido en la crisis de las jefaturas nacionales –que en rigor son jefaturas del área metropolitana-, y el PRO experimentó en La Pampa el costo de su falta de inserción a nivel federal.
Este déficit macrista es particularmente notorio en el caso catamarqueño, donde los radicales dirimirán legitimidades en internas el 2 de abril. Como ni el PRO ni la Coalición Cívica cuentan con estructuras solventes para concurrir a elecciones solos o enfrentar a un postulante surgido de la UCR, el carácter determinante de la fecha es mayor: más que nunca, el control del radicalismo catamarqueño equivaldrá al control provincial de Juntos por el Cambio.
De la disputa surgirán los vectores de un sistema que articule la oposición en lugar del que rigió en los últimos 40 años bajo los liderazgos de los exgobernadores Eduardo Brizuela del Moral, que murió y Oscar Castillo, que delegó la conducción de su línea Celeste en una mesa colegiada que ha tenido hasta el momento resultados más bien magros. Propone para la Presidencia del partido al diputado Luis Fadel, quien se impuso sobre la de su colega Luis Lobo Vergara, en la breve pero intensa “guerra de los Luises”.
El castillismo residual busca sostener gravitación, pero sus dificultades para alumbrar figuras con la proyección de Castillo son ostensibles. Otros actores han afianzando mientras tanto su protagonismo.
Por supuesto, después de su interna los radicales tendrán por delante la mucho más ardua tarea de galvanizar una propuesta competitiva para las generales del turno agosto-octubre. La interna plantará un embrión: no es suficiente, pero sí bastante.