miércoles 1 de abril de 2026
El péndulo de la economía argentina

El desafío del desarrollo entre la emisión y la deuda

Por Marcelo L. Altamirano (*)

La historia argentina presenta una suerte de recurrencia que puede describirse mediante la metáfora de un péndulo, sin embargo, este movimiento no se reduce a una alternancia política electoral. El país oscila entre gobiernos que expanden la demanda efectiva generalmente a través de la emisión monetaria y proponen una participación activa del estado mediante regulaciones, y gobiernos que proclaman la eficiencia del mercado como asignador exclusivo y eficiente de los recursos y la proponen mediante ajuste, desregulación y endeudamiento externo.

Lo que queremos significar es que el péndulo refleja con absoluta claridad una tensión estructural en la economía como escenario del proceso de creación y distribución del ingreso y esa tensión tiene un correlato un tanto difuso en la política electoral “tradicional”.

Dos fases, un mismo resultado

Fase expansiva (emisión y estímulo a la demanda): El Estado aumenta el gasto y la emisión monetaria para dinamizar el consumo popular, en línea con la tradición keynesiana de la demanda efectiva. Mas temprano que tarde la heterogeneidad estructural (Diamand, 1972) y la restricción externa limitan la respuesta productiva y generan presiones sobre precios e importaciones. Los excedentes en pesos se concentran en actores con mayor poder de mercado (oligopolios industriales, agroexportadores, intermediarios financieros) que ajustan vía precios la expansión así inflación erosiona los ingresos de los asalariados, diluyendo los beneficios iniciales del aumento de la demanda efectiva y construye el caldo de cultivo para el descontento social y la aceptación de un cambio de rumbo político.

Fase liberal (ajuste y endeudamiento): Se privilegia la “estabilización” a través de endeudamiento externo, apertura y reformas pro-mercado. Los excedentes en pesos se canalizan hacia activos dolarizados via el endeudamiento que permite financiar fuga de capitales (Basualdo, 2006). El ajuste fiscal y la contracción monetaria recaen sobre asalariados, pymes y economía popular. La deuda se acumula hasta volverse insostenible, reabriendo el ciclo y consolidando una nueva frustración social solo que esta vez en un escalón más bajo para las mayorías que vuelven a virar en su posición electoral hacia gobiernos de corte “inclusivo”.

La lógica extractiva del péndulo

La descripción de esas fases ayuda a pensar, como señala Schvarzer (1996), que la relación entre Estado y grupos económicos en Argentina en términos históricos reproduce un patrón de dependencia mutua que consolida la desigualdad. La oscilación entre inflación y ajuste no altera esa estructura: ambos modelos funcionan como mecanismos distintos de transferencia de recursos hacia las élites. En ese contexto se consolida también el mecanismo de financiarización de la economía, donde la sociedad termina normalizando que la economía es solo mirar el tipo de cambio, la especulación financiera con ganancias cortoplacistas y entonces la acción necesariamente coordinada de la economía real y la financiera desaparece para dar paso a un mundo absolutamente precario.

Esta dinámica refleja una estructura productiva desequilibrada, como señalaba Diamand: un sector primario exportador con alta productividad convive con un sector industrial débil y dependiente. La expansión de la demanda efectiva sin cambios estructurales termina siendo insuficiente: los excedentes en pesos se concentran, la inflación erosiona salarios y el ciclo se repite. La liberalización y la deuda, por su parte, canalizan esos mismos recursos hacia los grandes capitales, dejando a los trabajadores y pymes en la periferia del beneficio.

En síntesis, “Es como si las élites económicas hubieran aprendido a usar a las clases bajas como combustible del péndulo: en la expansión, absorben los excedentes en pesos; en el ajuste, los convierten en dólares. El costo siempre lo pagan los mismos.” Romper con esta dinámica exige una estrategia de desarrollo que diversifique la estructura productiva, reduzca la vulnerabilidad externa y redefina la distribución del poder económico. Sin ello, el péndulo seguirá oscilando, pero el resultado será siempre el mismo. Si Diamand nos mostró que la economía argentina está atrapada en una estructura desequilibrada, el péndulo político la convirtió en un mecanismo de extracción.

La salida no está en elegir entre emisión o ajuste, sino en romper el desequilibrio estructural. Esto requiere invertir en ciencia, tecnología, educación y capacidades productivas de largo plazo: palancas que puedan sostener una economía más diversificada y autónoma, es decir, pensar más allá de las recetas de corto plazo centradas en el consumo y la demanda efectiva. La verdadera pregunta es cómo construir una economía que no solo distribuya riqueza hoy, sino que produzca capacidad y conocimiento para sostenerla mañana. De lo contrario, el péndulo seguirá oscilando, y los mismos pagarán siempre el costo, sobre todo cuando la etapa actual amenaza justamente estas herramientas clave, debilitando la única ruta capaz de transformar el péndulo en un camino de desarrollo real.

(*) Licenciado en Economía- Docente e investigador de la UNCA.

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