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Lo bueno, lo malo y lo feo

Como para romper el hielo

Por Marcelo Altamirano

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8 de marzo de 2022 - 00:40

“Entre el mundo viejo que no muere y el nuevo que no nace, hay un claroscuro en el que habitan todo tipo de monstruos”.

Como economista y catamarqueño me parece que corresponde dar una opinión sobre lo que está aconteciendo respecto de la posible estafa piramidal en la provincia por parte de personas que captaron fondos, asegurando que tenían un método infalible, para operar en el mundo de las criptomonedas y obtener rentabilidades extraordinarias.

Las criptomonedas, en términos conceptuales, no son un activo financiero tradicional sino un mecanismo anunciado, a groso modo, como una herramienta disruptiva de intercambio de bienes que operaría sin el control de los bancos centrales. Es en principio una moneda que pretende tener los atributos de unidad de cuenta, depósito de valor, medio de pago, patrón de pagos diferidos, ser homogéneo, divisible, transportable, confiable y poco deteriorable. Ninguna de las monedas actuales tiene todos estos atributos, tampoco las cripto.

Por otra parte, el sistema financiero tiene su razón de ser en la posibilidad de realizar lo que se conoce en la jerga como arbitraje, es decir que funciona en la medida que habiendo oferentes y demandantes de algún activo financiero y estos estén impedidos de contacto directo para la determinación del precio de equilibrio, aparece por lo tanto un tercer jugador que hace de subastador entre ellos por una comisión. El lenguaje encriptado que utilizan los actores y la volatilidad e incertidumbre de los bienes que se negocian, construyen el relato de un fenómeno habilitado solo para unos cuantos.

¿Qué sucede en este claroscuro? El sistema tradicional arraigado, en legos y no tan legos, opera sobre el mercado cripto como si lo hiciera en el de cualquier otro activo financiero, ocasionando un verdadero galimatías donde el que tiene disciplina y tiempo, hace algunos dólares por encima de lo “normal” colaborando con la construcción del relato. Es un contexto que por novedoso está escasamente reglamentado, pues en el fondo es su razón de ser y en ese intersticio anidan todo tipo de intenciones.

La cepa local

Comunicado en forma ampulosa y hasta con pretensiones educativas, cobijado en el aval público de figuras referenciales de diversos ámbitos, aval que bien pudo tener también la forma de un estruendoso silencio cómplice, en un mundo aldeano donde también funciona el boca a boca, se construye el relato del advenimiento del rey Midas cuando al parecer se trataría de flautistas de Hamelin.

En este contexto las voces de alerta semejan pecados mortales contra el culto de la viveza criolla, la racionalidad económica atisba la posibilidad de vivir sin trabajar, de zafar de una vez por todas de tanta mishiadura, el plazo fijo es la tortuga Manuelita y de repente todos son Jordan Belfort pujando por ganancias impúdicas.

Alimentaron esa marea especulativa ahorros genuinos y de los otros, créditos en el sistema bancario tomados por audaces que pretendieron hacer el gran negocio por diferencia de tasas, fondos provenientes de la venta de activos únicos o de complicado reemplazo. Con plata cuyo origen sea en blanco o en negro, los menos ambiciosos pensaban en vivir de los intereses renovando “ad eternum” el capital y soñaban con ser millonarios los que redoblaban la apuesta incluyendo a familiares y amigos aumentando el depósito de capital.

Poco espacio deja la ambición para argumentar ignorancia.

En un trabajo de investigación pronto a presentar en la academia, se demuestra que solo en condiciones de información perfecta se podría obtener rentabilidades por encima de lo normal y durante un período sostenido.

La volatilidad de este hibrido financiero es de tal magnitud que resulta imposible la obtención de rentas fijas en cualquier nominalidad monetaria. Se demuestra también que es posible obtener rendimientos superiores a los de los derivados financieros tradicionales, pero ello requiere de mucha disciplina, información costosa, altos porcentajes de grado de maniobra y suficientes niveles de liquidez.

La leche derramada

El mundo académico tiene a veces esa tardanza de explicar por qué pasó lo que pasó, pero también la sociedad tiene la característica de caer más de una vez en el mismo engaño. Lo cierto es que al parecer la cosa ya sucedió y quizás se esté a tiempo de resumir lo que se hizo en otros lares para atacar la posible debacle.

Debacle que ahora tanto preocupa a quienes fungieron como coautores del parto, que piden afligidos la acción del Gobierno, quizás acostumbrados a la estatización de la deuda privada con origen en trapisondas parecidas.

Con base en la experiencia instrumentada por Irving Picard, abogado encargado de hacer la autopsia y recuperar los fondos del caso Madoff en EE.UU., se puede, con herramientas técnicas de poca sofisticación, abordar un par de alternativas para la cuestión económica y financiera.

1. Armar un fideicomiso con todas las empresas involucradas (fondos de comercio, bienes personales y otros) cuya única finalidad sea la de asegurar los flujos de fondos orientados al pago de las “inversiones financieras” para el recupero del capital en términos reales. Esta medida evitaría en el corto plazo el desguace de las posibles inversiones en la economía real, evitaría la enajenación de los bienes de los responsables, etc. y pondría a disposición un sendero de pagos consensuado.

2. Tomar los registros de las empresas involucradas y elaborar un informe de los fondos invertidos tanto formales como informales, discriminando capital inicial de los intereses acumulados. Bajo la premisa que nadie podía ignorar que las tasas pactadas eran imposibles de obtener, ninguno de los “inversores” debería cobrar intereses y si ya lo hizo debería devolverlos al pozo, so pena de ser considerados cómplices de la posible estafa, toda vez que esos intereses tendrían origen en los aportes de los “inversores” rezagados.

Claramente son instancias perfectibles y corresponden en su aplicación a la Justicia, que quizás por propio beneficio, debería atreverse a ponerle el cascabel al gato.

La sanción política y social de esta posible estafa opera en un espacio y un tiempo que me suenan lejanos y en ese mundo también existe la posibilidad de no hacer nada. Toda su vida las ovejas se la pasan temiéndole al puma, pero el que las explota y se las come es el pastor.

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