domingo 29 de enero de 2023

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Cara y Cruz

Cabritos nonatos

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Uno de los elementos con lo que el PRO y la Coalición Cívica provinciales juegan para tratar de ganar gravitación es la expectativa por los puestos en las delegaciones catamarqueñas de los organismos nacionales cuando Juntos por el Cambio gane la Presidencia. Los macristas, sobre todo, se postulan como una suerte de “aduana” de indispensable tránsito para llegar a los precandidatos nacionales de la oposición mejor ubicados. En la coyuntura trafican con Horacio Rodríguez Larreta, que tiene el beneplácito de Elisa Carrió, pero es obvio que no tendrán inconveniente en cambiar de monta si las circunstancias lo requieren.

Se trata de un botín suculento, que proveería valiosas herramientas para la construcción política en el territorio provincial a sus eventuales administradores: ANSES, PAMI, Desarrollo Social, la Gerencia de Empleo, Vialidad Nacional y varios otros de menor jerarquía, aunque interesantes emolumentos. Los más optimistas suman incluso la presidencia de YMAD, en manos actualmente de Fernando Jalil.

La prioridad en las gestiones para acceder a estos hipotéticos cargos tensiona la interna de la UCR, donde la relación del presidente del partido, Francisco Monti, con el diputado provincial macrista Enrique Cesarini y el "lilito” Mariano Manzi, exgerente de Empleo, se ha convertido en el eje de las controversias.

Se le reprocha a Monti una excesiva “affectio societatis” con forasteros que no deberían inmiscuirse en la definición de las autoridades radicales. Lo que se teme, en realidad, es la traducción del vínculo en las “efectividades conducentes” de las que hablaba don Hipólito para respaldar a Monti en la pelea por retener la titularidad del partido.

De modo que el problema no pasa tanto por mantener la ortodoxia del credo boinablanca, como por el financiamiento para la interna, mucho más ahora que Rodríguez Larreta se muestra tan interesado por el interior.

Las suspicacias son tan profundas que partieron a la línea Celeste, cuya conducción tras la salida del exsenador nacional Oscar Castillo ha recaído en una colegiatura.

En la disputa sobresale el antagonismo entre los diputados Luis Lobo Vergara, presidente del bloque, y Luis Fadel, quienes tienen como lugartenientes para las operaciones, respectivamente, al diputado Tiago Puente y al concejal capitalino Carlos Álvarez.

Macristas y lilitos catamarqueños prometen en este momento en nombre de Horacio Rodríguez Larreta

El enfrentamiento exhibe las dificultades para hacer prosperar un “castillismo sin Castillo”, sin que se sepa si el exsenador se angustia por la impericia de quienes aspiran a heredarlo, o se divierte.

Lobo Vergara es más hospitalario con Monti, interlocutor de Cesarini y Manzi Junior. Como ya parece haber ganado ese casillero, Fadel lo torpedea, y a falta de un Rodríguez Larreta para prometer vituallas y cargos a pillar, se fotografía junto a los suyos con Oscar.

El “antilarretismo” es un rótulo circunstancial, sirve para discriminar las facciones en una interna en la que, mientras Monti maniobra para robustecerse con una mayor agresividad en su perfil opositor y simultáneamente va tendiendo alianzas en el radicalismo, su principal rival, el senador nacional Flavio Fama, mantiene los naipes tapados. Dicen que añora los recursos del Rectorado de la UNCA y se queja por la tacañería de su sucesor Oscar Arellano.

El dilema de los “castillistas sin Castillo” es Monti o Fama. De lo que cabe deducir que Oscar no se angustia, sino que se divierte con las contorsiones de sus discípulos, a la espera de la evolución de los acontecimientos.

En este marco, Cesarini y Manzi, más allá de algunas “efectividades conducentes” que puedan arrimar para la interna, andan con las alforjas llena de promesas que cumpliría Rodríguez Larreta cuando manotee el bastón.

Cosa para la que todavía falta bastante. Aconseja la prudencia no contar los cabritos antes de la parición”.

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