domingo 27 de noviembre de 2022

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Cara y Cruz

Balcanización sindical

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El aislamiento de APROSCA en la intersindical que, informalmente, se conformó en el sector salud parece haber distendido el conflicto en la coyuntura, pero el obstáculo principal para las negociaciones continuará larvado hasta el próximo estallido.

La multiplicación de representaciones gremiales impone una lógica nociva para el diálogo. Los gremios subordinan los acuerdos a una competencia con sus pares que se traduce en escaladas de las exigencias, porque cada uno, para ganar adherentes, extrema su agresividad en la pelea.

Esta dinámica pudo advertirse con mucha claridad en la polémica sanitaria, porque el interlocutor dilecto del Gobierno es ATSA, capitaneado por Leonardo Burgos, que es la más longeva pero al mismo tiempo la menos legítima de las organizaciones de la rama. ATSA forma parte de la CGT, de la que Burgos es uno de los secretarios generales, de manera que ATE entró en liza a través de José “Tato” Traverso para marcarle la cancha con un argumento cuya tipicidad no lo hace menos cierto: la falta de representación real en el sector público.

A esta tensión madre se superpusieron luego los Autoconvocados y APROSCA, con la personería legal floja de papeles.

De tal manera, el Gobierno tuvo que fragmentar las tratativas en cuatro frentes, situación poco propicia que, sin embargo, resulta armónica si se la compara con los momentos de mayor paroxismo del conflicto, cuando debido a la disputa por los liderazgos en Autoconvocados y APROSCA los delegados cambiaban de un día para el otro, de modo que lo que ayer se había pactado con fulano, mañana era rechazado por mengano, para ser impugnado a su vez por perengano al día siguiente, con exigencias más duras en cada ronda.

Un circuito enloquecedor. ATE-Salud pugnaba por lograr mejores condiciones que ATSA; Autoconvocados pretendía a su vez que se los bendijera con concesiones superiores a las de ATE, y APROSCA, por último, aspiraba al cetro de haber sido la organización capaz de poner de rodillas a la patronal con demandas imposibles de satisfacer.

En una de las últimas reuniones, la representación de APROSCA se retiró enfurecida porque pretendía ser recibida por separado. Esta necia actitud le valió el reproche del resto de los gremios, que continuaron con el proceso de acercamiento en el marco de una tregua.

El Gobierno contribuyó a la balcanización no solo por su empecinada predilección por Burgos, quien no se privó, pese a semejantes de favores, de boicotear las negociaciones cada vez que sintió amenazada su posición de privilegio por quienes le pelean representación.

El conflicto en Salud hizo metástasis a partir de un reclamo de los pediatras del Hospital de Niños desbordados, que se resolvió con un incremento específico. Cualquier funcionario con experiencia política hubiera previsto que, independientemente de la legitimidad del reclamo, esa respuesta parcial precipitaría demandas en el resto del área. O en otras palabras: que convenía atender lo de los pediatras en el marco de una política salarial integral para el personal de salud.

La improvisación inicial desmadró la crisis, cuya administración debió ser atendida por el ministro de Gobierno, Juan Cruz Miranda, apenas asumió, pues las ministras de Trabajo y de Salud habían sido superadas por las circunstancias.

El desenlace está por verse, al parecer está cerca. Pero la balcanización gremial se afianzó en el largo conflicto, en forma similar a lo ocurrido en Educación, donde la paritarias deben conformar a cinco gremios. n

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