lunes 15 de agosto de 2022

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Editorial

Alerta roja

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17 de julio de 2022 - 00:15

Ya no podrá achacársele al aislamiento social preventivo y obligatorio que rigió, por la aparición del Covid-19, durante gran parte de 2020, la responsabilidad exclusiva por el pronunciado descenso en la vacunación infantil contra enfermedades prevenibles. Durante ese año, la cobertura nacional de vacunación bajó diez puntos respecto a 2019, cuando ya se habían alcanzado las cifras más bajas de la última década. Y en 2021, ya con restricciones de circulación mucho más laxas, el índice de vacunación volvió a descender.

Se trata de un fenómeno de alcance global. En el mundo, los programas de inmunización sufrieron su mayor retroceso en los últimos 30 años, según un estudio elaborado y divulgado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y Unicef. Ambas organizaciones decretaron, como consecuencia de este preocupante fenómeno, la alerta roja para la salud infantil. Según el informe, 25 millones de niños no tuvieron el pasado año acceso a la vacuna DTP3 contra la difteria, el tétanos y la tosferina, frente a los 23 millones del año anterior.

Si bien la mayor parte de los niños que no reciben sus vacunas según la frecuencia establecida a partir de criterios científicos son de países pobres, el fenómeno también se observa en los países desarrollados y en los de desarrollo medio, como la Argentina.

En los países pobres las causas de la baja en la cobertura de vacunación se vinculan sobre todo con los problemas de suministro o de atención por la emergencia de la pandemia, pero en los países de desarrollo inciden también las prédicas antivacunas, que hacen especial hincapié actualmente en las vacunas contra el coronavirus, pero también en otras que hacen décadas que han probado su eficacia.

Es paradójico que los movimientos antivacunas sigan teniendo incidencia en la voluntad de tantas personas que, por prejuicios sin ningún asidero científico, eligen no inmunizarse o no inmunizar a sus hijos, precisamente luego del éxito que han tenido las distintas vacunas contra el Covid-19, al punto que han logrado reducir drásticamente los casos graves y fallecimientos por la enfermedad.

La baja en los porcentajes de vacunación ya está teniendo un impacto grave. En distintas regiones del mundo el sarampión está volviendo con fuerza y se han registrado en algunos países brotes de poliomielitis, enfermedad que prácticamente estaba en vías de extinción.

Las autoridades, que ya contaban con argumentos de sobra respecto de la eficacia de las vacunas contra distintas enfermedades, ahora, con el éxito de la vacunación contra el Covid-19, disponen de más evidencia aún para desarrollar campañas de concientización sobre la importancia de la prevención por esta vía. Las campañas son una parte importante, pero también los controles a través de los sistemas de salud y educativos, porque hay un calendario de vacunación obligatorio que hay que respetar y hacer respetar. El retroceso en la letalidad del coronavirus permitirá volver otra vez la atención sobre la prevención de enfermedades tan o más peligrosas que fueron descuidadas en los últimos años.

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