miércoles 15 de mayo de 2024
Análisis

Acerca del adoctrinamiento

Por Lic. Verónica Piovani (*)

Hace tiempo viene impulsándose, desde varias usinas de la derecha, una cruzada contra lo que llaman “adoctrinamiento”. Este podría sintentizarse como todo aquello que, en términos ideológicos o políticos se contrapone a lo que ese círculo piensa y pregona. Lo peculiar del caso es que lo propio es enarbolado, sin que medie o se requiera exigencia -académica, científica, técnica, etc.- que lo respalde, como la “verdad indiscutible”. Desde ese pedestal impoluto y exento de toda sospecha de intencionalidad, desde la “neutralidad pura”, censuran todo aquello que se les oponga. Podríamos explayarnos en un debate técnico político alrededor de la categoría adoctrinamiento, pero realmente ese no es el tema principal hoy, sino la voluntad persecutoria que le sigue al éxito relativo que han obtenido en la instalación extendida de una peculiar y sesgada interpretación del mismo que se difunde con fines políticos. El mecanismo es sencillo: se crucifica al oponente (al docente y el enfoque educativo cuestionado) acusándolo de oscuros y maliciosos intentos de contaminar la mente infanto-juvenil, colmándola de ideas peligrosas, con vistas a su manipulación. Advertir a las familias, propiciar que los adultos responsables, vía delación facilitada ahora por líneas telefónicas a disposición, sean cómplices y co- responsables de la denuncia docente y su sanción, o mejor dicho, de las ideas que portan aquellos y que consideran necesario combatir y erradicar. Con esta participación se expande el alcance de la acción persecutoria y les da un halo de legitimidad. Se busca instalar que es la sociedad quien protege a las nuevas generaciones de influencias perniciosas.

Creo que no resulta necesario desarrollar aquí argumentación alrededor del carácter político de todo acto educativo y la trampa para incautos o malintencionados de la mentada neutralidad del saber. Tampoco se requiere de expertise epistemológica para desnudar los siempre presentes supuestos de toda construcción de conocimiento y de toda práctica educativa. Son contenidos de primer año de cualquier carrera pedagógica. Por ello no nos detendremos allí. Sin embargo, conscientes de los efectos que en el sentido común social generan las denuncias mediáticas y políticas en la materia, en tanto “niñas/os y adolescentes podrían ser víctimas inocentes”, propiciando una suerte de pánico social ante el adoctrinamiento, intentaremos analizar qué es lo novedoso en esta iniciativa.

Que la máxima autoridad del país proponga una escena, simbólicamente en el inicio del ciclo escolar, ante jóvenes, que exhibe todos los atributos del adoctrinamiento más burdo (denostación y reclamo de exclusión curricular de enfoques con los que difiere) es parte de la construcción cultural a la que asistimos.

No hay acto mayor de adoctrinamiento. La implantación monocorde de la extrema derecha de sus concepciones de sociedad, estado, trabajador/a, mercado, política, etc. y la legitimación de la direccionalidad de las políticas que impulsa, así como a los grupos de poder que representa exige una “depuración” de todo espacio crítico, una batalla cultural a fondo. Sus gurúes intelectuales lo vienen señalando en múltiples escritos. Benegas Lynch y Eleonora Urrutia (intelectuales de fuste de la derecha educativa) plantean en varios textos, con alarma y preocupación que, si bien el capitalismo económico ha triunfado a nivel global, hecho que celebran, el progresismo ha ganado la disputa cultural, admiten. Una de las ejemplificaciones a través de las cuales argumentan esa victoria es la programación de las plataformas de producción/distribución de entretenimiento cultural que exhiben productos en los que la diversidad étnico racial, género y sexual, espiritual, lingüística, cultural, estética, etc son aceptados como escenas naturales de la vida contemporánea. Alarmados ante este panorama, proponen un trabajo profundo y consistente de deconstrucción y transformación cultural. Conscientes, asumen que la disputa por el sentido en la trama cultural es la madre de las batallas, para reponer un orden de cosas que creen perdido/subvertido.

Si bien el contenido de dichas plataformas, a nuestro entender, no sólo no jaquea al capitalismo, sino que es un producto más del mercado global, las alarmas de estos sectores ilustran un viraje que pone el foco en la arena cultural y educativa. Vale destacar, además, que dichos contenidos, como resulta obvio, no recogen ni interpelan los núcleos de disputa que efectivamente cuestionan los cimientos del modelo de acumulación que hoy pretenden (nuevamente) implantar en la Argentina. Sin embargo, lo que llama la atención es que intelectuales cercanos o parte del gobierno nacional actual, con vínculos con dictaduras militares, expresan una aguda preocupación por modificar radicalmente aspectos culturales para un proyecto a largo plazo. Por ello, esta versión de una derecha propia mantiene rasgos compartidos de lo que a nivel mundial se conoce como nueva derecha, pero incorpora elementos vernáculos, caros a las tradiciones autoritarias y conservadoras de nuestras tierras. La cruzada contra eso que llaman “progresismo”, paquete amplio en el que incluyen a las izquierdas (los “zurdos de mierda”, “rojos” y demás adjetivaciones), el peronismo (en todas sus expresiones), el radicalismo crítico y todo aquello que se les oponga debe ser sostenida y no se escatimarán esfuerzos. La exacerbación del mercado y el aniquilamiento estatal, la destrucción del mercado interno y la entrega de la soberanía sobre los recursos estratégicos, el disciplinamiento por la asfixia económica y la represión generalizada, los ejércitos de trolls y las redes, harán una parte, pero será fundamental para lograr resultados duraderos, que se acompañen de mecanismos de regulación simbólica, además de los represivos, ya en vigencia. Por esta faceta pendiente van, atentos a que la disputa de fondo requiere el exterminio del pensamiento crítico, de raíz. La batalla cultural en toda su expresión.

En otro orden y paradójicamente, es con el mayor acto de adoctrinamiento que se combate el supuesto adoctrinamiento, levantando la bandera de la custodia de la libertad, contra él. A esta altura, si hay algo claro es que este experimento poco tiene que ver con el liberalismo, una de las fuentes fundamentales en la creación del Estado Nación Argentino y del sistema educativo. De concretarse la modificación normativa pretendida, se habilitaría una práctica institucional y social, en donde unos se arrogarían la facultad de señalar y condenar la posición de otros, peor aún, se actualizarían los más atroces rostros de la persecución ideológica de nuestra historia reciente, pero sin dictadura. Podría inscribirse en el más importante instrumento legal de la educación argentina, la LEN, un retroceso en términos de pluralidad de pensamiento democrático en democracia sin precedentes.

No es casualidad que el presidente, en la apertura de las sesiones del Congreso Nacional, haya destinado un pasaje a los Institutos de Formación Docente. Los acusó de baja calidad y focos de adoctrinamiento. No viene al caso discutir el mayúsculo desconocimiento de dichas instituciones, sino dejar en evidencia la voluntad de vaciamiento (evidenciado por el despido de trabajadores/as del INFOD) su parálisis, como así también la pretensión de clausura de la diversidad política que prima en dichas instituciones. Se busca la regulación/censura de los/as docentes en ejercicio y la de aquellos/as que se están formando. De esto resulta claro que no estamos ante un simple retoque o ajuste de nuestra máxima norma educativa, estamos ante una embestida de calibre y consecuencias impredecibles para la convivencia democrática, si logra implantarse exitosamente.

(*) Lic. Verónica Piovani, ex directora del INFOD (Instituto Nacional de Formación Docente)

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