En los últimos años, el desarrollo de las criptomonedas y su valorización creciente han despertado una suerte de optimismo desmesurado respecto de la posibilidad de obtener ganancias rápidas y seguras a través de inversiones orientadas a adquirirlas, para venderlas luego a mejor precio, o a operar con productos relacionados con lo que se denomina “criptoactivos”. Muchos jóvenes, que se mueven cómodamente en la virtualidad y la digitalización, empiezan a operar con criptomonedas con inversiones pequeñas, atraídos por las promesas de ganancias a corto plazo. Este fenómeno es global, y se observa también en sociedades donde la actividad financiera en general es bastante reducida, como Catamarca.
- El Ancasti >
- Opinión >
Los riesgos de una inversión de moda
Pero en el mundo de las finanzas se sabe que así como el optimismo suele edificarse rápidamente en torno a determinadas inversiones que en un momento dado resultan atractivas, del mismo modo suele derrumbarse en función de acechanzas vinculadas a problemas concretos de la economía real o a expectativas negativas, que a veces son más demoledoras que aquellos.
Esta volatilidad propia de las finanzas es mayor aún en lo que respecta las criptomonedas, que, es necesario remarcar, no son dinero de curso legal. Los Bancos Centrales de todos los países del mundo vienen advirtiendo respecto de los riesgos que entrañan. En Argentina, el Banco Central y la Comisión Nacional de Valores emitieron en mayo un comunicado conjunto para alertar a la población de los riesgos de invertir en criptomonedas como el bitcoin. “Es importante que quien decida operar con criptoactivos o invertir con productos relacionados con ellos acceda a información suficiente para entender y evaluar los riesgos asociados a los mismos”, se lee en el documento.
Y además enumera esos riesgos: elevada volatilidad (las cotizaciones pueden fluctuar significativamente en cortos períodos, otorgando grandes ganancias, pero también grandes pérdidas); al no ser dinero de curso legal, las criptomonedas no son emitidas ni respaldadas por un banco central o autoridad gubernamental; las plataformas de intercambio de criptoactivos pueden ser objeto de ciberataques que impliquen la pérdida o robo de las claves de acceso de los usuarios; los saldos registrados en billeteras virtuales de criptoactivos no cuentan con seguro de depósito ni con las salvaguardas que la regulación vigente provee a las personas usuarias de servicios financieros.
Además, menciona que la fijación de los precios de los criptoactivos carece de transparencia y que, al ser operaciones “transfronterizas”, ante un eventual conflicto legal puede quedar fuera del ámbito de los tribunales argentinos.
Hay, también, objeciones de tipo moral: la falta de regulación y/o de transparencia de estas operaciones las hacen particularmente atractivas para su utilización en el lavado de activos y el financiamiento de actividades terroristas.
Se sabe, sobre todo en un país de una economía tan inestable como la Argentina, que el auge inesperado de determinadas inversiones financieras puede derivar en una burbuja que estalla y que deja muy pocos ganadores y muchísimo perdedores. Tomar nota de este dato de la realidad es imprescindible al tomar decisiones sobre la utilización de los ahorros.