La manija oficial al hospital que se construye en Fiambalá, inscripto en una serie que incluye otros similares en El Rodeo y Pomán, es oportuna para interrogarse sobre esta lógica de gastar en costosas estructuras edilicias a expensas de una mejor organización del sistema en general. Se trata del servicio de salud pública, asunto más sensible en estos tiempos apestados, pero conviene no olvidar la larga vigencia en Catamarca de la tradición faraónica, a la que se han sacrificado fortunas para fondear obras prescindibles que después cuesta un Perú y la mitad del otro mantener. El Estadio Bicentenario es el ejemplo más a mano, pero hay muchos.
La pregunta a responder es si a Fiambalá le urge tener un hospital de las dimensiones del que se está edificando cuando a solo 50 kilómetros, en Tinogasta, ya hay un hospital que costaría mucho menos acondicionar para cubrir la demanda de todo el departamento. Incluso el término acondicionar podría ser excesivo: capaz basta con garantizarle al nosocomio tinogasteño los insumos y el personal imprescindibles para que cumpla su función, y levantar en la lindera Fiambalá una posta sanitaria bien preparada para derivar sin dilaciones en caso de ser necesario. Este diseño, acorde con la tendencia a concentrar la atención de mayor complejidad en lugar de descentralizarla, debería complementarse con un servicio de ambulancias como el del SAME de carácter regional, que asegure celeridad en los traslados.
El juicio por mala praxis que compromete a tres médicos del Hospital de Andalgalá por la muerte de una niña marca la pertinencia de revisar el esquema de inversión en el sistema de salud. La niña falleció mientras la trasladaban a la Capital, no porque el viaje demorara, sino porque la atención que le dieron en el nosocomio de la Perla del Oeste habría sido deficiente.
Financiado por Minera Alumbrera, el hospital de Andalgalá precipitó las habituales alharacas proselitistas cuando se lo inauguró, pero un acontecimiento trágico y doloroso viene a exponer que quizás –habrá que ver cómo se desenvuelve la causa- hubiera sido más sensato contar con instalaciones más modestas y un servicio solvente para derivar en el acto hacia la Capital.
Susceptibilidades hipersensibles se apresurarán a interpretar esta idea como una subestimación de los pueblos del interior, pero en realidad la subestimación proviene de otro lado: las grandes estructuras precisan mantenimiento edilicio, insumos, personal, ambulancias, aparatología. Una pequeña fortuna mensual que se multiplica con cada hospital de complejidad mediana que se habilita.
Esto engorda el presupuesto de la salud y siempre viste esgrimir cifras altas de inversión cuando se capturar votos se trata. Debe ser casi tan productivo como cortar cintas a troche y moche, pero el asunto es que después hay que sostenerlas y se da el caso de que lo que con tanto entusiasmo se postula como un hito deviene en cáscara o casi, porque no alcanza ni para comprar gasas y un par de pobres Cristos se tienen que dar vuelta con un par de curitas para responder la demanda de una población que supone tener las disponibilidades de un sanatorio de primera categoría a dos cuadras de su casa.
Repásense los archivos, no hay que remontarse demasiado en el tiempo, y se advertirán los inconvenientes de esta pasión por la espectacularidad provoca en términos de organización. Ambulancias cuya entrega al intendente se promociona con grandes fanfarrias para las que a los pocos meses nomás hay que andar mendigando para combustible y repuestos, por caso. Por supuesto, llegado el momento la intendenta Roxana Paulón presumirá con “su” hospital, del mismo modo que puede presumir con “su” mostera, similar a la de Tinogasta. La jefa comunal fiambalense debe andar con problemas de consenso. Requiere tantos mimos del Gobierno. Es año electoral y no ha podido todavía afianzarse desde el ejercicio del cargo, que ganó gracias al fuerte despliegue de la estructura provincial en el distrito.
Pues bien, ya tiene la mostera y el hospital propio, el Gobierno le acomodó también el conflicto de los títulos de las Termas. Pueda ser que le aproveche.