miércoles 16 de septiembre de 2026
Colección SADE

"Las aventuras de Pedro Ordiman en Catamarca", de Graciela Castillo

Por Lucía Garín de Tula

Antes que nada y antes de presentar esta nueva obra de Graciela Castillo de Alonso, quiero decirles que, más allá del afecto personal que a ella me une, tengo la necesidad de expresar mi profunda admiración por una gran mujer, que superando sinsabores y pérdidas está aquí, feliz y entera, entregando esta nueva creación fruto de su intelecto y su capacidad para nuestro solaz. Para ella todo mi reconocimiento y mi gratitud por confiar en mí para la presentación de éste, su nuevo libro.

Graciela Castillo es fruto de familias de antigua raigambre en Catamarca. Ama profundamente su tierra natal y sus raíces. Docente de alma, egresada como profesora de filosofía y pedagogía del señero Instituto Nacional del Profesorado de Catamarca y como Licenciada en Ciencias de la Educación de nuestra Universidad Nacional.

Escribió toda su vida con pasión y entrega y su temática estuvo siempre ligada a este suelo que la vio nacer y crecer. Sus tres primeros libros están agotados: “Mitos y leyendas catamarqueñas”, “Infancia norteña” y “Mitos y leyendas de los Valles Diaguitas”. “Tucma”, editada últimamente, es una obra audaz, también con temática regional y, al decir de su editorial, justificada por su eficacia moral y su profundidad pragmática.

Graciela tiene ya escritos otros dos libros aun inéditos y otros tantos dando vueltas en su cabeza, fruto de su intensa creatividad y que espero sean pronto editados por su valía y proyección.

Pero centrémonos en ésta, su última obra editada. “Las aventuras de Pedro Ordiman en Catamarca” al fin puede ver la luz.

Es el resultado de búsquedas y afanes, de largas charlas con muchas personas que le dieron vida a un relato sin fin.

Pedro Urdemales es de alguna manera exponente de la picaresca española del Siglo XVI que se caracteriza por narrar las aventuras de pícaros personajes de orígenes humildes que viven al margen de la sociedad.

Son muchas las obras de ese género más o menos contemporáneas, como “Pedro Urdemale”, “El lazarillo de Tormes”, de autor desconocido, “La vida del Buscón”, conocido como “El Buscón” de Quevedo, “La pícara andaluza”, de Cervantes, “La hija de Celestina”, de Alonso Gerónimo de Salas Barbadilla, y muchas otras que cuentan la vida de pícaros y engañeros.

Éste “Pedro Urdemales” surcó los mares desde su España natal y llego a América como “Pedro Malas Artes” en Brasil, a Centro América con su propio nombre, Como “Urdimal” a Chile, como “Perurima” a Paraguay y a nuestro Litoral, a Cuyo como “Pedrito” y a nuestro Noroeste como “Pedro Ordimal u Ordiman”.

Es un personaje ingenioso, habilidoso y astuto, cita Graciela a Eloy Fariña Núñez (pág. 17)

Para nuestra autora Pedro es un personaje contradictorio y, en este rasgo, muestra profunda humanidad. Pedro es contradictorio en sus acciones, pero no en sus pensamientos. Puede engañar a otros, pero no se engaña a sí mismo y también se cuestiona.

Este libro relata las picardías de este personaje por las tierras de “El Rodeo” a través de viejos habitantes del lugar, entre otros Don Enrique José Barrios, Don Juancito Moya y Don Fabián Alberto Barros, conocido por todos como “Don Tito”, a quienes conocí y traté, y que se vuelven presencia viva en estas páginas.

Permítanme una pequeña transgresión para entender a uno de los relatores de estos cuentos.

Don Juancito Moya era un personaje muy especial de la Villa El Rodeo. Un día nos encontramos con él y nos ofreció choclos que había cultivado en “Los Abedules”, la finca en la que actualmente vive Graciela. Enseguida aceptamos el ofrecimiento y le decimos: “Vamos a buscar una bolsa”. Enseguida, con sus ojitos semicerrados y su pícara sonrisa, Don Juancito nos espeta: “Pero no tan bolsa”.

Cito a Graciela: “Acompañemos a Pedro, un hombre como todos, que oscila entre el bien y el mal y que tiene en sus manos su propio destino, y al final el destino de la humanidad”.

El libro narra la vida de Pedro Ordiman desde que nace, hijo de un pobre sacristán y su mujer, con una infancia y juventud llena de acciones de las cuales se duele su propia madre, quien tuvo funestas prevenciones por haber nacido el día que se venera a Pedro Advíncula y que este le transmitiera sus cadenas.

La primera historia cuenta cómo una malhadada mosca marca el fin de Pedro y sus travesuras en la Parroquia, y es tal su presencia en la vida de Pedro que la vemos en el libro hasta el final.

Tras la mosca se crea una situación grave y ridícula que hace estallar al pobre Cura.

Pedro Ordiman al fin parte y empieza su azarosa existencia buscando sobrevivir, aceptando trabajos con desopilantes resultados, yendo de pueblo en pueblo sembrando engaños.

Me voy a detener en uno de tantos, “Pedro y la viuda”.

Al llegar a un pequeño pueblo escucho a una pobre viuda lamentarse de que su marido partió con ropas muy livianas y que debía estar sufriendo frío y hambre, tan sólo, sin su caballo. Con sus últimas monedas, Pedro compró una tela y se hizo una túnica. Cubierto con ella se le apareció a la doliente mujer haciéndole creer que la enviaba su marido desde el más allá para que le cuente sus penurias y les ponga fin enviándole abrigo y viandas. Hasta que le había dicho que su buena mujer no lo dejaría partir sin ofrecerle una buena comida. Ya se imaginan el desenlace queridos escuchas: Pedro partió bien vestido, bien comido y con el caballo para entregar al difunto, amén de dinero por el encargo.

Así sigue Pedro su camino buscando su buena suerte, tiene contiendas hasta con el mismísimo Diablo y por sus mentas hasta llegan a temerle todos los Diablos del Infierno.

Su llegada al cielo está sembrada de múltiples peripecias hasta que al final el propio San Pedro, desesperado por no saber qué hacer con él, recurre a Jesús para liberarse de sus trapisondas. Y hete aquí que el mismo Señor pone en manos de Pedro el destino de la Humanidad como les decía al principio, pero para saber cómo van a tener que leer el libro hasta el final.

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