Por las dudas las dificultades que acechan el desenvolvimiento de la minería fueran pocas, a la Iglesia Católica, cuya gravitación en la configuración de la opinión pública catamarqueña es incontrastable, se le ocurrió expresar sus reservas sobre las consecuencias ecológicas de la actividad.
Vaya a saberse. Capaz entiende que debe recuperar un poco de terreno entre el progresismo, tan a trasmano ha quedado con su cerril oposición a la legalización del aborto. La cuestión es que el ambientalismo le viene al pelo para tratar de congraciarse con un público tan voluminoso como refractario a sus dogmas. Astucia jesuítica, por algo Jorge Bergoglio es el primer Papa de esta congregación en los más de dos milenios de historia eclesiástica.
La Pastoral Social provinciana, en sintonía con las híbridas posturas que el obispo Luis Urbanc sostiene cuando su opinión puede incomodar al poder, aclaró que se limitaba a difundir un pronunciamiento. Pero la contundencia del documento de la Comisión Nacional de Justicia y Paz, perteneciente al Episcopado Argentino, neutraliza tan tibia prescindencia. La Iglesia se define en la grieta minera a favor del ambientalismo radicalizado que rechaza las explotaciones, con mención explícita a Catamarca.
Convocó a un "abrazo simbólico" para expresar "su solidaridad y su cercanía con los pueblos de las queridas provincias argentinas de Chubut y Catamarca”, en el marco de las actividades mundiales organizadas por la "Semana Laudato Sí" para reflexionar sobre la situación ambiental, que se extenderán hasta el 25 de mayo y son promovidas por el Papa Francisco.
"Nos sumamos con este abrazo al clamor de las personas y de la naturaleza, que ven amenazados sus sistemas de vida y el cuidado de la Creación por proyectos de explotación minera a cielo abierto, con remoción de miles toneladas de roca y suelo y lixiviación del material pulverizado con enormes cantidades de agua con cianuro", explicó la Comisión.
"La minería es una actividad económica valiosa”, reconoció, pero “cuando se desarrolla cuidando el medio ambiente, la naturaleza y las personas, incluyendo la equitativa distribución de los riesgos y los beneficios".
"El sector minero que extrae mineral a cielo abierto debe dejarse inspirar por los principios éticos que emergen de Laudato Sí y los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, y aplicar nuevas tecnologías compatibles con el cuidado de la Creación y de las personas, que la conviertan en una minería sustentable", recordó, y consideró que “los gobiernos deben presentar a los pueblos las nuevas tecnologías mediante plebiscitos vinculantes. Y confiar el control de la actividad a organismos públicos, científicos y organizaciones de las comunidades que viven en el territorio donde se llevará a cabo la explotación minera”.
Concluye: “Pidamos a Dios, Nuestro Señor, que nos envíe el Espíritu Santo para que ilumine los corazones y las voluntades, y nos oriente en el encuentro de caminos que transitemos todos juntos hacia una minería integralmente sustentable”.




