miércoles 1 de abril de 2026
cara y cruz

La pata gastronómica

Por Redacción El Ancasti

Luego de la parálisis general por la pandemia, en la segunda mitad del año se habilitó el turismo en el país y con ello las acciones oficiales y de los entes mixtos en busca de recuperar la actividad perdida. Fue casi un año y medio de un perjuicio económico sin precedentes: hoteles vacíos, fuentes de trabajo destruidas, bares y restoranes desaparecidos, empresas aéreas que abandonaron el país, agencias de turismo quebradas. Mucha gente quedó en la calle. La asistencia estatal fue insuficiente para cubrir tanto mercado dañado. 

Pero de a poco, con la tormenta pandémica en retirada, empieza a notarse alguna reactivación. En Catamarca la agenda de actividades se colmó en cuestión de semanas. El foco principal estuvo puesto en la promoción. 

Por un lado, la provincia presentó el fin de semana pasado su “identidad cultural” en la exposición “Argentina Unida se muestra” de Tecnópolis, Buenos Aires. Allí fue con la propuesta denominada “Paisaje de Catamarca”, una puesta en escena de la delegación artística de reconocida trayectoria.

Una semana antes se celebró en Catamarca el Día del Turismo con la participación de municipios, en el espacio de la Casa de la Cultura. Allí se vieron danzas, exposiciones artesanales, gastronomía regional, productores y pequeños emprendedores, a los que se sumaron los de la Feria Unida, además de la oferta de los atractivos del interior. 

Paralelamente, el municipio capitalino presentó la marca turística “SFVC”, un concepto usado para aludir al valor o reputación de una locación en un sentido amplio. Y junto a la marca, el eslogan “#DefineTuNorte”, que refiere a la geografía de la ciudad y de la provincia como parte de la región noroeste. Allí también el intendente Gustavo Saadi anunció la reinauguración de la Casa de la Puna y el Pueblo Perdido de la Quebrada, la inauguración del Centro de Información e Interpretación Turística de la ciudad, CASA SFVC, y excursiones con salidas garantizadas que se realizan junto a las agencias de viaje.

También en materia de promoción se anotan las producciones audiovisuales realizadas en distintos puntos del interior por el actor Facundo Arana y el dúo Marley-Xipolitakis para el programa de tevé “Por el mundo”.

No obstante estas acciones oficiales y las particulares de los prestadores privados, existe un gran déficit en la provincia que impacta en forma directa en la oferta turística: la gastronomía. 

Hay un par de datos claves. La gente que viene de otros lugares del país o del extranjero busca comida regional, los platos típicos de cada lugar. Y eso resulta un auténtico dilema: en casi todos los locales de Capital y del interior el menú se conforma por “minutas”, es decir, lo mismo que se come en todos lados. Desde milanesas de carne hasta tallarines, sin olvidar las populares papas fritas. 

Eso sucede en restoranes de todo el territorio. Los turistas vienen en busca de, por ejemplo, cabrito, tamales o empanadas catamarqueñas y se tienen que conformar con un plato de pasta o una suprema de pollo. Nada regional, nada distintivo, ni siquiera como opción los fines de semana o feriados. 

Pero hay algo más, quizás peor. Hace unos días, algunos turistas que estaban de paso por Capital fueron a almorzar a una parrilla de avenida Ocampo y luego comentaron su fastidiosa experiencia a un cronista de este diario. Uno de ellos pidió un bife de chorizo y le sirvieron otro corte, que encima estaba seco y tenía “mal olor”. El almuerzo fue para dos personas con una gaseosa para cada uno y costó $2.700. Para colmo, pagaron con tarjeta de crédito y les cobraron un recargo de 10%, cuando por ley debería ser el mismo precio de contado en un pago. Otros turistas fueron al mismo lugar y pidieron la promoción de la parrilla diente libre, pero al final debieron dejar a un lado gran parte de la carne porque era “pura grasa”, según dijeron. 

No hay dudas que en este punto hay mucho por hacer para que Catamarca sea un destino al que la gente quiere regresar. Y para eso será importante que los organismos y cámaras empresarias del sector gastronómico trabajen en conjunto para asegurar mejor atención, calidad y precios razonables. 

 

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