Hay leyes que no deberían tener objeciones para su aprobación, sobre todo si su objetivo es cuidar la salud pública. Sí es razonable que haya opiniones diferentes respecto de algunos de sus postulados, pero tales desavenencias pueden resolverse en el trabajo en las comisiones sin impedir que la norma finalmente vea la luz.
Desde hace un año tiene media sanción del Senado nacional el proyecto de Ley de Promoción de Alimentación saludable, conocida popularmente como Ley de Etiquetado Frontal. Desde entonces la Cámara de Diputados, pese a que los distintos bloques se han manifestado a favor de la iniciativa, no la trata. Y el proyecto corre el riesgo de perder estado parlamentario si no se aprueba hasta el 30 de noviembre, fecha de finalización del período ordinario de sesiones del Congreso.
La ley propone establecer una serie de sellos en las etiquetas de aquellos alimentos que tienen excesos en azúcares, sodio, grasas saturadas y calorías de comestibles procesados y ultraprocesados. A través de este sistema la población podrá conocer los riesgos para la salud que ocasiona la ingesta en exceso de estos productos y la probable aparición o agravamiento de Enfermedades Crónicas no Transmisibles (ECNT), como las cardiovasculares, distintos tipos de cáncer, hipertensión o diabetes.
Ignacio Porras, director ejecutivo de la Sociedad Argentina de Nutrición y Alimentos Reales (SANAR), explica que la gente no sabe lo que come. Y pone un ejemplo muy gráfico: “Los niños pueden llegar a comer yogur de frutilla que no tiene frutilla, galletitas con sabor a frutilla que no tienen frutilla, gelatina de frutilla que no tiene frutilla. Códigos químicos se imprimen en su paladar, y después es casi seguro que no quieran comer las verdaderas frutillas, que son sanas y hacen bien”.
Desde que se aprobó en la Cámara alta, organizaciones vinculadas a la salud pública o que promueven la alimentación saludable vienen reclamando su sanción completa, teniendo en cuenta que, en principio, tal como sucedió en el Senado el año pasado, hay consenso mayoritario para su aprobación, lo cual hace difícil de explicar desde el razonamiento más básico las dilaciones. La demora, denuncian ahora, obedece a presiones de las empresas que producen este tipo de alimentos, que probablemente puedan ver restringidas sus ganancias si en las etiquetas se advierte sobre los daños para la salud que ocasiona su consumo excesivo.
La iniciativa tiene fecha de tratamiento esta semana, pero versiones indican que legisladores de la oposición, incluso algunos que firmaron el despacho de comisión a favor, amenazan con no dar quórum.
A menos de dos meses de que pierda estado parlamentario, la norma, inspirada en muchas que ya rigen en varios países, requiere ser aprobada para dar un paso adelante en materia de promoción de la alimentación saludable. Pero la ley debe ser complementada con otras políticas de regulación y concientización en la materia, particularmente en las escuelas. Adoptar masivamente desde la infancia hábitos alimentarios saludables permitiría salvar incontable cantidad de vidas.n