sábado 22 de junio de 2024
EL MIRADOR POLÍTICO

Un caso de autodestrucción

Por Redacción El Ancasti

El derrotero del nuevo conflicto que instiga confirma que Walter Arévalo subordina los intereses del Sindicato de Obreros y Empleados Municipales a sus metas particulares. Otros sindicalistas hacen lo mismo, podría decirse, pero una singularidad caracteriza al capitalino: ningún otro extrema sus apetencias al punto de esmerilar la organización que los sostiene. 

Desde que en noviembre de 2019 trató de tomar el Concejo Deliberante para condicionar la gestión de Gustavo Saadi, Arévalo no ha hecho más que serrucharse el piso y aislar a su gremio. Dos derrotas lo verifican: la que sufrió a manos de sus colegas agrupados en la CGT y la Unión del Personal Civil de la Nación y la que le propinó el electorado de San Fernando del Valle en las primarias, donde participó como cabeza de la lista de concejales del frente que orienta el diputado provincial Hugo “Grillo” Ávila. 
Estos reveses marcan su fracaso como dirigente, que intenta disimular con un estilo de escaladas beligerante y una narrativa épica inconsistente, pues accedió a la conducción del SOEM en abril de 2014, tras la intervención del gremio. Compitió en calidad de caballo del comisario contra Justo “Alo” Barros, el secretario general intervenido. Luego, la Municipalidad de la Capital aportó el dinero para sanearle las finanzas del sindicato, cuyo colapso había puesto al borde del remate a la propia sede.

Arévalo se postula como contrario al sistema del sindicalismo ortodoxo y la política, pero debe su posición a las decisiones de ambos sectores: el municipio capitalino como la Confederación de Obreros y Empleados Municipales (COEMA) lo promovieron como líder del SOEM. 

Las armónicas relaciones que mantuvo con el Ejecutivo municipal mientras Raúl Jalil fue intendente colapsaron con la llegada de Saadi por una sola razón: pretendía que la nueva gestión mantuviera espacios que le habían entregado en la estructura jerárquica municipal, con altos emolumentos, junto a la gravitación en los ascensos y gangas económicas de diverso calibre.  
Ni siquiera esperó a que Saadi asumiera. Un mes antes, acaudilló un violento ataque al edificio del Concejo Deliberante. Saadi se hizo cargo con un paro por tiempo indeterminado que desafiaba su autoridad. Para cesar las hostilidades, debía allanarse a que Arévalo le manipulara el gabinete.

 

Rendición
El litigio concluyó con la novedad de que el sindicato pidiera la conciliación obligatoria en lugar del habitual recurso a este mecanismo por parte de la patronal. Este gesto heterodoxo encastraba con otros retrocesos como la anulación de la “cuota solidaria”, descuento compulsivo a los municipales no sindicalizados, que se depositaba automáticamente en las cuentas del gremio, la declaración con el voto unánime de la recolección de residuos como “servicio esencial”, la creación de un sindicato de empleados del Concejo Deliberante y la posibilidad de una multa millonaria al SOEM por no haber levantado el paro luego de que fuera declarado ilegal.

Por decisión del municipio, alguna de estas bajas sindicales no se registraron. Quedó claro, sin embargo, que el conflicto había expuesto al gremio debido a las veleidades de cogobierno de Arévalo.
A dos años, la situación es casi una réplica: debido a la intransigencia de Arévalo, muy escorado en sus aspiraciones de entrar al Concejo Deliberante, los municipales no pueden cerrar un aumento del 14% que completaría un 49% anual, cifra que está por encima de la pauta provincial y nacional, incluso de sectores como los camioneros.
El paro, como el disparado a fines de 2019, fue declarado ilegal por la Dirección de Inspección Laboral, pero Arévalo no lo levanta.

 

Aislamiento
Entre las dos controversias, Arévalo motorizó otro paro el año pasado, que también concluyó con el SOEM pidiendo la escupidera de la conciliación obligatoria, luego de que lo metieron preso una semana por escraches y amenazas al secretario de Salud y Desarrollo Social del municipio, Alberto Natella. La causa fue elevada a juicio esta semana.

Esa medida de fuerza formó parte de la estrategia de Arévalo para disputarle la condición de interlocutor del Gobierno a la CGT y la UPCN. En marzo, había lanzado el Frente de Unidad Sindical junto a su tocayo Ricardo Arévalo, titular de ATE, en un acto realizado en el predio que el municipio le hizo al SOEM en el Alto Fariñango.

“Hay muchos que se hacen los que tienen pelotas y pelean con dirigentes sindicales, pero cuando tienen que pelear ponen la colita en medio de las piernas; y aquí hay que pelearse con la patronal”, dijo.

Fiel a su estilo, tensó la cuerda del enfrentamiento con el municipio hasta que el escrache frente a la casa de Natella y las agresiones a los municipales que no querían plegarse al paro lo pusieron a tiro de denuncia penal. 

Soñaba con una multitud pidiendo su liberación en las calles cuando lo encarcelaron, pero una marcha para reclamar por su liberación naufragó en la exigüidad numérica y el pintoresquismo: mascaritas del propio sindicalista y de Saadi, intentos de humorismo para ocultar la impotencia. La indiferencia de la corporación sindical fue casi absoluta, muy tibio el apoyo de sus socios.

 

Rechazo
Frustrados sus sueños de encumbrarse como líder en el universo sindical, Arévalo intenta suerte en el terreno político con una candidatura al Concejo Deliberante. 

Las perspectivas no son buenas. El armador del Frente Amplio Catamarqueño, Hugo Ávila, quedó en las primarias a un par de miles de votos de la reelección como diputado. La suerte del jefe del SOEM, en cambio, ronda la catástrofe: apenas 3.500 votos, necesita unos diez mil más para poder entrar. 

Si no estuviera tan obnubilado por sus propias falacias, quizás hubiera considerado que los incordios a los que somete periódicamente a los vecinos capitalinos con marchas, micropiquetes y obstaculización de los servicios municipales no son las credenciales más adecuadas para pedirles el voto. Quizás Ávila no tuvo en cuenta los perjuicios para su proyecto que incubaba este rechazo social a su primer postulante en el distrito más populoso de la provincia. 

Se verá qué pasa el 14 de noviembre, pero las primarias indican que Arévalo marcha a una derrota inapelable, que lo sacará del candelero: no será concejal y no puede ser reelecto al frente del SOEM.

Un caso interesante de autodestrucción acelerada. Hace apenas siete años que inició su carrera, al mando de un sindicato poderosísimo que el poder que tanto cuestiona le había regalado.

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