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EDITORIAL

Policía: violencia institucional y doméstica

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26 de octubre de 2021 - 01:13 Por Redacción El Ancasti

Los datos de la realidad indican que cuando se habla de violencia policial debe añadirse a la violencia institucional, es decir, a la provocada por los efectivos en el ejercicio de sus funciones, la violencia ejercida por los integrantes de la fuerza en su vida doméstica. Porque, aunque no haya estadísticas que lo corroboren con precisión, todo indica que los casos de policías que son violentos en sus actividades extra institucionales son, en promedio, más que los protagonizados por el resto de la ciudadanía.

En los últimos días hubo dos integrantes de la Policía de Catamarca denunciados por sus exparejas de lesionarlas y amenazarlas, aunque las investigaciones respecto de los hechos están en sus etapas preliminares. Uno de los hechos ocurrió en la ciudad capital y el restante en Tinogasta. Los casos son muchos en los últimos años, y hay hasta algunos con cargos de las más altas jerarquías condenados y vueltos a reincorporar a la fuerza.

Si todos los casos de violencia de género son graves, más lo son aquellos perpetrados por integrantes de una fuerza de seguridad, porque poseen armas reglamentarias. De modo que resulta una medida atinada que los fiscales dispongan la retención del arma a los fines de evitar desenlaces que incluso pueden ser fatales.

Los efectivos de la fuerza policial deberían, en su vida privada, asumir comportamientos ejemplares, de respeto a la normativa vigente, pues esa actitud está íntimamente ligada a su función cuando están trabajando. Deben poseer una formación específica de conocimiento de las leyes y una preparación psicológica para hacerlas respetar sin el uso desmedido de la fuerza, pero también para ellos mismos respetarlas. Esto en el terreno del deber ser, porque en la práctica concreta se advierte con demasiada frecuencia la existencia de efectivos sin la preparación –teórica y psicológica- adecuada para enfrentar situaciones, tanto en el ejercicio de sus funciones como en su vida cotidiana. Los filtros en la formación policial no son, según puede constatarse, demasiados estrictos. 

No deberá suponerse, vale aclarar, que es un problema exclusivo de Catamarca. Por el contrario, son muchos los policías denunciados por violencia de género en todas las jurisdicciones. Las estadísticas más actualizadas y completas provienen de la provincia de Buenos Aires, que por otra parte posee la fuerza más numerosa de la Argentina.  Según la Auditoría General de Asuntos Internos (AGAI) de la policía bonaerense, el año pasado se iniciaron 901 sumarios a personal de la fuerza involucrado en hechos de violencia de género y familiar, 29 de los cuales terminaron en expulsión y 58 en suspensión. Desde 2013, casi 6.000 uniformados, alrededor del 10% del total, fueron denunciados por las causas mencionadas: 4.600 de ellos permanecen en la fuerza.

Los policías violentos no representan solamente una contradicción respecto de la misión social que cumplen, sino una grave falta ética y un problema para los ciudadanos que deben recurrir a ellos como protección, sobre todo mujeres que son víctimas de tipos de agresiones que algunos efectivos suelen ejercer de un modo, lamentablemente, bastante recurrente.

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