lunes 23 de marzo de 2026
Editorial

Sentimientos que salvan

El coronavirus ha desestabilizado la vida de todos. El rastro de muertes que va dejando...

Por Redacción El Ancasti

El coronavirus ha desestabilizado la vida de todos. El rastro de muertes que va dejando en el mundo entero conmueve y atemoriza. Pero los cambios también tienen que ver con las dificultades para adaptarnos a las vicisitudes que plantea el aislamiento obligatorio en materia de relaciones sociales.

Como se ha sostenido en esta columna en reflexiones anteriores, la coyuntura, dominada por la angustia, la incertidumbre y el recelo, provoca actitudes solidarias pero también otras que ven el otro como un peligro latente, potencial transmisor del virus que enferma y mata. 

La propietaria de un departamento decidió no cobrarle el alquiler a una enfermera, en agradecimiento por la labor que cumple en la atención a los enfermos, durante dos meses. Casos como éstos, empáticos, hay muchos y no siempre toman estado público a raíz de que algún medio de comunicación o usuario de red social lo difunde.

Pero también la pandemia despierta sentimientos contrarios. Algunos, por ejemplo, que directamente pueden llevar a cometer actos de discriminación. Porque así como la gran mayoría de las personas valoran el desempeño y el compromiso del personal de salud, otros los “escrachan” y les exigen prácticamente que abandonen el lugar donde residen. 

Ayer se conoció el caso que tiene como víctima a Rodrigo Cuba, director Nacional de Emergencias en la Cruz Roja Argentina.

Cuando este médico llegó a su departamento en la ciudad de Buenos Aires luego de un día de su extensa jornada laboral, se encontró con un cartel pegado en el espejo del ascensor, dirigido a él, que textualmente decía: “Estimado vecino Rodrigo del 7B, es hora de que empieces a cuidar a tus vecinos, sabemos de tu trabajo en la Cruz Roja pero hoy nos toca cuidarnos! Por favor, no vuelvas a casa, el Estado tiene refugios para el personal de la salud, no vuelvas nunca más!!!!!!!!!”.

No es el único. Son muchos los médicos y enfermeros que han sufrido este tipo de ataques. Lo mismo sucede con enfermos o presuntos enfermos, que son señalados casi como parias sociales. A raíz del preocupante incremento de este tipo de indeseables situaciones, que, lejos de contribuir a la calma social, la debilitan, el INADI decidió lanzar en los últimos días la campaña “El virus no discrimina, no discriminemos nosotrxs”. 

“Es importante que no se establezca la división dicotómica “entre sanos/as y afectados/as”, sostiene el organismo. Sería terrible que los “sanos” vean en los “enfermos”, que necesitan atención, contención y comprensión, como un peligro para la seguridad de todos. 

El individualismo puede salvar a alguno en particular, pero somete a las sociedades a grietas, divisiones, resquebrajamientos: los estragos, en definitiva, que produce el “sálvese quien pueda”. Mejor, en todo caso, imitar los otros sentimientos, los que surgen de la empatía, del intento por ponerse en el lugar del otro. Ésos son los que salvan a las sociedades en los momentos de crisis.

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