lunes 2 de marzo de 2026
EDITORIAL

Torpezas de campaña

Por Redacción El Ancasti

En épocas de campaña electoral, los límites éticos parecen flexibilizarse en demasía, al punto que parecen estirarse como un chicle. La compostura se pierde y aflora la peor cara de la política. Ese rostro existe siempre, no sólo en los tiempos del proselitismo o del cierre de las listas de candidatos. Sucede que los modales habitualmente se cuidan más cuando no hay urnas a la vista.

En cambio, en los momentos decisivos, en las instancias de definiciones, es más fácil advertir, en la superficie de los acontecimientos, la mugre que en otras épocas se esconde debajo de la alfombra.

Cuando el poder está en juego se cometen torpezas que en tiempos normales no se cometerían. Como por ejemplo la perpetrada por un diputado provincial que le envió un audio del servicio de mensajería WhatsApp al coordinador regional de la ANSES pidiéndole que la ayuda del organismo se canalice, en uno de los departamentos de Catamarca, a través de candidatos propios y no mediante un intendente que milita en un sector político adversario. Le explicó, además, que cuando empieza la campaña política la institucionalidad es un formalismo que debe dejarse de lado provisoriamente, o al menos subordinarse a intereses partidarios.

Los esfuerzos del Gobierno nacional por impedir que Luis Espert pueda ser candidato a presidente de la Nación se inscriben en el mismo propósito, aunque invoquen presuntos argumentos legales. Las viejas estrategias políticas utilizadas por este sector contrastan notablemente con la proclamada imagen de transparencia que permanentemente intenta transmitir.
Largo y aburrido sería mencionar la enorme cantidad de prácticas reñidas con la ética, la moral y el juego limpio, valores que deberían ser centrales en democracia, aún en tiempos de contiendas electorales.

Las dádivas, el clientelismo, las presiones explícitas o solapadas, son lugares comunes en cada instancia electoral. En las que se dirime el poder real, es decir, los cargos ejecutivos, la persistencia de estas tácticas reprobable es aún más notoria.
Tal vez la buena noticia sea que este tipo de estrategias cada vez obtienen resultados menos efectivos. O, peor aún, terminan naufragando en derivaciones antagónicas al objetivo procurado. Respecto de los casos mencionados, el diputado que pretendía direccionar en un sentido determinado los fondos de la ANSES ha sufrido un escarnio público en plena sesión, además de en las redes sociales, y es altamente probable que fracase en su intento. Aún en duda la candidatura de Espert, su figura se ha potenciado con las pretensiones proscriptivas del Gobierno nacional, y aunque finalmente no participe, sus votantes lo pensarán dos veces antes de votar por la fórmula Macri- Pichetto. Por lo menos en las PASO y primera vuelta.

Y respecto de las prácticas clientelistas, la dirigencia política ya debería haber aprendido la lección y saber que los ciudadanos cada vez atan menos la dádiva al sentido del sufragio: reciben lo que se les ofrece y luego, como corresponde, votan lo que quieren.

Seguí leyendo

Te Puede Interesar