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El combate de San Lorenzo

Es propio de pueblos respetuosos de su pasado reverenciar a sus héroes...
4 de febrero de 2019 - 04:16 Por Redacción El Ancasti

Señor Director:

Es propio de pueblos respetuosos de su pasado reverenciar a sus héroes, las acciones que le dieron basamento a su nacionalidad, es propicio entonces evocar hoy el combate de San Lorenzo ocurrido un 3 de febrero de 1813 y llevado a cabo por el entonces coronel José de San Martín, constituyendo el bautismo de fuego de los Granaderos a Caballo, cuerpo creado por él y que fuera el único combate efectuado en suelo patrio.
En ese momento España había decidido que Montevideo fuera la capital provisoria del Virreinato del Río de la Plata, pero como José Rondeau mantenía sitiada por tierra la plaza de Montevideo, a fin de obtener abastecimiento los españoles solo podían acudir al mar y al Río de la Plata, motivo por el cual era muy común que navegaran en dirección al río Paraná, con el objetivo de apoderarse de ganado que les permitiera la subsistencia alimentaria. Por ello, el ya constituido Segundo Triunvirato (Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Álvarez Jonte) le encomendó a San Marín y a su novel regimiento la custodia de la orilla del Paraná.
Una expedición compuesta de once embarcaciones, que había salido de Montevideo con el propósito mencionado, fue seguida paralelamente por tierra por el coronel José de San Martín, al frente de 125 hombres del Regimiento de Granaderos a Caballo.
Las fuerzas de San Martín se adelantaron, deteniéndose el 2 de febrero cerca de la posta del Espinillo, situada a 21 km al norte de Rosario, donde hoy se ubica la ciudad de Capitán Bermúdez. Tras cambiar los agotados caballos por unos frescos proporcionados por el comandante militar de Rosario, Celedonio Escalada, continuaron, al día siguiente, su recorrido hasta el Convento de San Carlos, ingresando por el lado oeste del monasterio. Tras negociar la situación con el superior de los frailes franciscanos del convento, fray Pedro García, San Martín ocultó a sus granaderos, de modo que la escuadrilla realista no pudiera divisarlos.
Los realistas desembarcaron y avanzaron hacia el convento, suponiendo que allí estaban depositados los principales bienes de la zona. Para su sorpresa, fueron atacados por los granaderos a caballo sable en mano. El ataque de las tropas patriotas se realizó con un movimiento de pinzas saliendo de la parte trasera del convento, una de ellas -la de la izquierda y la primera en moverse- estaba encabezada por José de San Martín; la otra estaba encabezada por el capitán oriental Justo Germán Bermúdez, secundado por el teniente porteño Manuel Díaz Vélez. Bermúdez ejecutó un rodeo muy grande, forzando la escapatoria de los españoles hacia sus buques. La táctica militar empleada por San Martín consistió en una maniobra envolvente, tomada de Napoleón.
El desembarco no se produjo enfrente del convento, como había previsto San Martín, sino en dirección al centro de la actual ciudad. Por ello, la columna de San Martín llegó antes de que la de Bermúdez completara el movimiento. Por un momento, los españoles lograron defenderse. Una bala hirió al caballo de San Martín, que rodó y apretó una de las piernas del coronel, inmovilizándolo. Un soldado enemigo, viendo al jefe patriota en situación crítica, se adelantó a sus líneas y le tiró un sablazo, esquivado por San Martín con un movimiento de cabeza, recibiendo una herida en la mejilla, cuando apareció el soldado puntano Juan Bautista Baigorria quien en ese preciso instante se interpuso, mató al soldado realista y comenzó una defensa heroica de San Martín. Mientras, el soldado correntino Juan Bautista Cabral lo ayudaba a liberarse de la opresión del lomo del caballo sobre su pierna, salvándole la vida.
Tanto el capitán Justo Bermúdez como el teniente Manuel Díaz Vélez y el soldado Juan Bautista Cabral morirían en ese combate o días posteriores producto de esa heroica acción. Existe la creencia de que Baigorria murió en la batalla de San Lorenzo, pero los registros muestran que sirvió en el Ejército de los Andes hasta aproximadamente el año 1818. La llegada del grupo de Bermúdez, impidiendo que los realistas se reorganizaran en cuadro, completó la victoria de San Martín, obligando a los realistas a huir apresuradamente. Algunos realistas se arrojaron al río desde la barranca y perecieron ahogados. El combate duró, en total, alrededor de 15 minutos y constituyó el bautismo de fuego del Regimiento de Granaderos a Caballo.
El combate de San Lorenzo marcó algunas proyecciones políticas y estratégicas de la época que resulta oportuno recordar.
Desde el punto de vista militar fue un combate breve pero muy violento y sorpresivo para los realistas, donde se pudo apreciar la aplicación de los conocimientos militares de San Martín.
Del lado patriota hubo solo 6 muertos entre los que se destaca el sargento Juan Bautista Cabral ese día, a quien San Martín en su informe, reclama la atención inmediata de la familia de este héroe que salvara su vida.
Entre los aspectos relevantes que dejara este combate podemos señalar también:
En primer lugar la intrepidez, valentía y coraje del entonces coronel San Martín al encabezar él mismo una de las alas atacantes, al punto que su vida misma estuvo en serio riesgo.
La segunda es que con esta victoria San Martín disipó las sospechas que pudiesen haber sobre su fidelidad a la causa revolucionaria tras décadas de vida en España, pues aún mantenía acento peninsular y se sospechaba que fuera un agente realista.
Lo tercero apunta a Montevideo, sede del imperio español en ese momento, que advirtió que existían fuerzas militares organizadas y equipadas que estaban dispuestas a defender la revolución. No hubo más campañas de los realistas de Montevideo hacia el río Paraná y la ciudad comenzó a tener problemas de abastecimiento. Esto llevaría, mucho más tarde, a su caída en manos de las tropas de Buenos Aires.
El cuarto efecto político se encuentra en Asunción. Enterado San Martín de los sucesos en el Paraguay con su independencia, jamás hará planes para llevar los hechos de armas allí. Por su parte, el doctor Francia, anoticiado de la victoria en San Lorenzo, queda más tranquilo, dado que en adelante el río Paraguay quedará libre de peligros realistas.
Finalmente algunas líneas sobre la marcha de San Lorenzo, que no podemos dejar de sentir emoción al entonarla y que describe con precisión ese combate.
La Marcha de San Lorenzo es una marcha militar argentina compuesta musicalmente en 1901 por el músico uruguayo nacionalizado argentino Cayetano Alberto Silva, y con letra escrita en 1907 por el mendocino Carlos Javier Benielli, que honra el combate de San Lorenzo, en el que relata lo que sucedió ese 3 de febrero de 1813 en una zona casi desértica cercana al Convento de San Carlos Borromeo, a unos treinta kilómetros de la ciudad santafecina de Rosario. Comienza con la salida del sol y culmina con la muerte del granadero Juan Bautista Cabral, al que llama soldado heroico. Cabral, muerto en la acción a los 22 años, había nacido en Saladas, Corrientes. Se conoce también a la ciudad de Venado Tuerto, situada en el sur de Santa Fe, como la cuna de la marcha San Lorenzo. Allí se encuentra la casa donde fue compuesta, hoy transformada en museo histórico.
En las diferentes formaciones que en la actualidad realiza el Regimiento de Granaderos en el cuartel de Palermo, al comenzar las ceremonias el jefe de Regimiento evoca al Sargento Cabral pasando lista y nombrándolo ¡Sargento Juan Bautista Cabral! a lo que todo el regimiento y al unísono contesta ¡Presente! Acto seguido el suboficial mayor designado se adelanta con su caballo y responde a viva voz: ¡Murió en el campo de honor, pero vive en nuestros corazones! ¡Viva la Patria Granaderos!
Sobre esta querida marcha de San Lorenzo, tan nuestra, existe también esta anécdota:
Al ingresar a la ciudad de París en 1940, los nazis montaron un gran desfile para mostrarle al mundo el poderío del “nuevo orden mundial”. Así, miles de tropas desfilaron por la mítica avenida de los Campos Elíseos, pasando por el Arco del Triunfo ante la mirada atónita de miles de franceses.
Sin embargo, hubo una particularidad: los soldados de la Wehrmacht desfilaron al compás de la Marcha de San Lorenzo. La canción que una vez conmemoró la liberación de un pueblo, ahora daba inicio a una sangrienta ocupación.
Resulta que previo al ascenso del nazismo, el Ejército argentino intercambió nuestra marcha al ejército alemán como gesto de amistad. Esto era común entre diferentes ejércitos. Ellos, a cambio, nos entregaron otra canción, llamada Me Kameraden (Viejos Camaradas).
Afortunadamente, cuando la ciudad fue liberada en 1944, el general Dwight Eisenhower ordenó (en un acto de desagravio) que las tropas aliadas ingresaran a la ciudad al compás de la misma marcha.
Por último, cabe decir acá que es hora de que los argentinos volvamos a la senda de las virtudes sanmartinianas.
Que podamos hacer del honor una práctica,
de la dignidad una bandera
y del patriotismo una causa por la cual vivir, por la cual morir.
¡Gloria y honor al Padre de la Patria!
¡Honor, honor al gran Cabral!

CNL (R) Eduardo Mendizábal
Asociación Cultural Sanmartiniana Catamarca

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