EDITORIAL

Coimas y economía

sábado, 11 de agosto de 2018 · 04:00

Quienes creen que el escándalo de las coimas en la obra pública que involucra a funcionarios del gobierno anterior y a empresarios variopintos significa un punto a favor del gobierno actual cometen un error de cálculo notable. 

Está muy bien que la Justicia investigue, con ecuanimidad y sin presiones, los actos de corrupción, y que se condenen a sus responsables, pero la activación de las causas, si bien puede implicar un menoscabo de las posibilidades electorales de un sector de la oposición, no soluciona ninguno de los problemas que el gobierno debe resolver, menos en el ámbito de la economía.

La devaluación de los últimos meses metió en la pobreza a un millón y medio de argentinos, con lo cual el nivel de ese flagelo se ubicaría en el tercer trimestre cerca del 32 por ciento, cuando la última medición, correspondiente al tercer trimestre del año pasado, registraba como pobre al 28,7 por ciento de la población.

Según la consultora Tendencias Económicas, los despidos de julio subieron considerablemente respecto de meses anteriores, llevando a las 9377 desvinculaciones en empresas privadas, organismos públicos y compañías estatales. 

El dólar, después de cierta estabilidad durante julio, volvió a escalar y ya roza los 30 pesos. El problema es grave por el impacto que la suba de esta moneda genera en los desequilibrios generales de la economía y además porque el Gobierno, al desmontar todos los controles, apenas si tiene capacidad para morigerar las corridas, nunca para frenarlas.

La inflación, que para el Gobierno iba a ser del 15 por ciento anual, será de más del doble. En los primeros meses de este año una buena proporción de las paritarias se acordaron con incrementos salariales de entre el 15 y el 20 por ciento, y aunque habrá reapertura para la mayoría, se estima que la pérdida anual del poder adquisitivo de los asalariados será de entre 5 y diez puntos porcentuales.

La economía, que se suponía iba a crecer este año en torno al 3 por ciento, es probable que termine cayendo respecto de 2017. El proceso recesivo ya se empezó a sentir con fuerza, y la prueba más contundente es la tremenda caída de la actividad industrial: más del 8 por ciento en junio. 

El riego país, que mide la sobretasa que debe pagar un bono, en nuestro caso argentino, frente al rendimiento de los títulos a 10 años que emite el Tesoro de los Estados Unidos subió a 704 puntos ayer viernes. Cuando Mauricio Macri asumió la presidencia de la Nación ese índice marcaba 455 puntos. La suba del riesgo país incide negativamente en la eventual llegada de inversiones extranjeras, que ya eran escasas antes de que se disparase.

Como puede observarse, los indicadores clave de la economía argentina encienden luces amarillas en el corto y mediano plazo. El gobierno no debería descansar en las “buenas noticias” que llegan desde Comodoro Py, porque es su responsabilidad generar las estrategias para salir de la crisis y generar un modelo de desarrollo sustentable, lo cual parece un desafío imposible de cumplir en el tiempo que resta hasta diciembre de 2019. 


 

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