miércoles 1 de abril de 2026
Editorial

Entrenamiento, maltrato y vejaciones

A poco de publicarse la información respecto del caso de los aspirantes...

Por Redacción El Ancasti

A poco de publicarse la información respecto del caso de los aspirantes a policías riojanos que debieron ser internados por la saña con la que fueron tratados en su primer día de instrucción, la polémica se instaló en las redes sociales.


Llamativamente –o no tanto, en función de la escasez de opiniones sensatas que suelen leerse en esos espacios virtuales-, la mayoría de los participantes de estos debates espontáneos defendieron las instrucciones policiales de estas características, pese a las secuelas que habían generado en los jóvenes aspirantes de la vecina provincia y, en episodios de años anteriores, también en Catamarca.


Paralelamente, criticaban a los aspirantes “debiluchos” que habían sucumbido a las torturas. “El milico debe resistir” “¿Piensan acusar al chorro con la madre?’” “Deberían echarlos de la escuela”, son algunos de los comentarios proferidos por quienes asumieron la postura mencionada.


Apreciaciones de esta índole, en realidad, exceden a las redes sociales, pues son, en materia discursiva, lugares comunes en las discusiones familiares o entre grupo de amigos.


Como es de público conocimiento, la historia de los cadetes riojanos maltratados por sus instructores terminó de la peor manera, con uno de los jóvenes muerto y otro que sigue en grave estado, con daños orgánicos importantes.


Quienes esgrimen opiniones en defensa de los métodos violentos de instrucción policial –o militar, en tiempos en que existía el servicio militar obligatorio-, consideran que el temple de los uniformados se forja a través de la violencia, o en base a apremios, humillaciones, y tormentos físicos y psicológicos.


Cuesta entender esta postura. El que se somete, en su etapa de formación, a humillaciones y vejaciones, probablemente repita estas conductas cuando sea el que tenga el poder: ya sea contra su par o contra los ciudadanos civiles con los que interactuará durante su trabajo como policía. 


No hay duda de que la preparación física de quienes pretenden ingresar a una fuerza de seguridad debe ser exigente, a tono con las responsabilidades que tendrán en el ejercicio de sus funciones, pero esta exigencia no valida de ninguna manera la inclusión de métodos violentos de preparación.


El tiempo que se pierde en estas prácticas, poniendo además en riesgo la salud y la vida de los jóvenes aspirantes, bien podrían utilizarse en entrenamientos que realmente le sirvan en el momento en que les toque actuar como policías: conocer la normativa vigente, aprender a prevenir la comisión de delitos, técnicas de disuasión, a investigar los delitos ya cometidos, a preservar las escenas de hechos delictivos, por citar solo algunos ejemplos. Materias todas en las que se advierte un déficit notable en la formación de la fuerza de seguridad. 


En medio de la consternación que causa la trágica, aunque no accidental, muerte del joven riojano, debe celebrarse no obstante que las autoridades hayan tomado nota del episodio y decidido, tanto en la vecina provincia como la nuestra, modificar los criterios de instrucción y entrenamiento de quienes aspiran a convertirse en policías.

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