A menudo la vida pone en el camino de las personas obstáculos que parecen insalvables, dificultades que en principio dan la impresión de ser insuperables.
Pero continuamente también operan como estímulos muy intensos para que los que padecen estos problemas o limitaciones, asuman una actitud proactiva y transformadora de la realidad, capaz de vencer los impedimentos y funcionar como ejemplos virtuosos para que otras personas, en las mismas o similares condiciones, comprendan que es posible, con compromiso y constancia, superarse cada día.
Ejemplos de este tipo, aunque a veces permanezcan invisibles, suelen ocurrir, y es bueno ponerlos en la superficie, para que la sociedad los conozca y pueda contagiarse del entusiasmo que los motoriza.
Es el caso de Martín Cardoso, un adolescente catamarqueño de 18 años que egresó de la escuela secundaria el año pasado y decidió estudiar Profesorado en Educación Física pese a que una discapacidad motriz que padece lo obliga a recurrir a una silla de ruedas para desplazarse.
Martín se convirtió en la primera persona con discapacidad motriz y en silla de ruedas en estudiar un Profesorado de Educación Física convencional. En el cursado formal del estudio de la carrera, deberá rendir dos exámenes. En la parte pedagógica estará en igualdad de condiciones que sus compañeros, pero en la parte deportiva será evaluado según los estándares paraolímpicos.
Por las dificultades que debe sortear a diario, los padres de Martín intentaron al principio convencerlo para que elija otra carrera, pero pudo más su entusiasmo y perseverancia.
Otro caso virtuoso es el de Benjamín "Dipy” Romano, un jugador de rugby tucumano también de 18 años que, por culpa del cáncer, que le diagnosticaron hace tres años, estuvo al borde de la muerte y finalmente perdió una pierna.
Pero salió airoso de semejante desafío, y hoy expone ante otras personas la experiencia que le tocó vivir, transmitiendo un mensaje lleno de vida y esperanza.
Hace algunas semanas, Romano visitó las instalaciones de Los Teros, oportunidad en la que dialogó con jugadores de las divisiones inferiores y les contó su experiencia de vida, dejando reflejado en sus interlocutores, sobre todo niños y adolescentes, el espíritu combativo que le permitió salir adelante, pese a la adversidad que le tocó atravesar y superar.
Hoy Dipy está corriendo de nuevo con una pierna ortopédica y entrenando rugby. Además comenzó a estudiar Terapia Ocupacional para ayudar a personas que deban enfrentar situaciones similares a las que él tuvo que pasar. "Yo digo que la práctica ya la tengo, pero me falta la teoría”, bromea al hablar de su futura carrera y sostiene que "aún estoy buscando el para qué o por qué me pasó esto y creo que tengo la misión de ayudar a los demás”.
Martín Cardozo y Benjamín Romano se han convertido en espejos donde mirarnos, para descubrir que aún en los peores momentos y en situaciones muy adversas, aflora con toda su potencia la capacidad del ser humano de sobreponerse, crecer y replicar el estímulo en otros que lo necesitan.