De un modo
increíblemente premonitorio, el 6 de marzo pasado, Rodolfo Schweizer, un asiduo colaborador de elancasti.com.ar que reside
actualmente en los Estados Unidos, escribió una columna sobre los efectos del
cambio climático en la que formulaba un interrogante: "La nueva situación climática nos obliga a plantearnos qué pasaría en
nuestra región, zona, pueblo o ciudad si en nuestros cerros cayeran 200 mm de
lluvia en unos pocos días (…). Sin pretender ser alarmistas, de dos cosas
estamos seguros: la primera, que creemos que no es disparatado pensar que esta
situación es posible y probable. La segunda, que no estamos preparados ni
mental, ni materialmente para enfrentarla”.
Pocos días más tarde
se sucedieron varios días de lluvias con escasas interrupciones que provocaron,
a causa de las abundantes precipitaciones, particularmente en zonas montañosas,
el crecimiento de numerosos cursos de aguas con las secuelas conocidas en
varios departamentos de la provincia, entre ellos Paclín, Valle Viejo, Capital,
Santa Rosa y El Alto.
El aporte de Schweizer excede largamente lo retórico. Sostiene, por ejemplo,
refiriéndose a las obras de infraestructura hidráulica que"las hipótesis iniciales de cálculo que se
tuvieron en cuenta hace 50 años, hoy no son válidas”.
Añade: "Creemos que
sería razonable hacer una evaluación técnica de nuestras obras hidráulicas para
una nueva hipótesis que las autoridades en el área hídrica deben definir”.
Menciona como
preocupación, siempre aludiendo a la posible ocurrencia de una tormenta
excepcional, la vejez de los diques, el estado de abandono del cauce del Río
del Valle aguas abajo de Pirquitas y en su paso por la ciudad y la necesidad de
prestar especial atención a los pueblos del interior, sus drenajes y los cauces
que corren en sus cercanías.
Resulta inevitable, a
partir de este último llamado de atención, pensar en lo ocurrido con las
localidades asentadas en la zona de influencia del Río Paclín-Santa Cruz, o los
pueblos del departamento Santa Rosa, que vienen siendo afectados notablemente
en los últimos años, particularmente Bañado de Ovanta.
"Nos preguntamos aquí
–insiste nuestro colaborador- qué pasaría si a una ciudad como Catamarca,
ubicada en el faldeo de los cerros que la rodean, le caen de golpe 200
milímetros de agua o más, tal como ocurrió en la provincia de Santa Fe hace
poco. O si al Tala y su cuenca le cae ese mismo milimetraje de agua en lluvia,
en 48 horas”.
Si las tragedias de
El Rodeo y Siján tuvieron, en el contexto de su inconmensurable desgracia, la
virtud postrera de dejar advertencias para tener en cuenta, los sucesos de los
últimos días deberían correr igual suerte.
Permítasenos la
licencia de hacer nuestra la conclusión de Schweizer: "La experiencia que nuestro país está viviendo a lo largo
de estos años, con inundaciones y sequías alternadas en nuestra región, son
mensajes de la naturaleza por demás claros que no podemos pasar por alto. Por
lo tanto es responsabilidad de la sociedad y los gobiernos tomar conciencia y
definir cómo se afrontarán estos desafíos que el cambio climático nos presenta”.