La especulación es
uno de los vicios que debe ser desterrado de las prácticas empresariales. En
épocas de alta inflación como los que vivimos, se advierten conductas de este
tipo muy a menudo. Y éstas se multiplican indefinidamente, casi como un
comportamiento habitual inherente a la naturaleza de las empresas, si es que el
Estado resigna su rol indelegable de controlarlas e impedir que se consumen.
Si la especulación
es un procedimiento condenable cualquiera sea el caso, más lo es en sectores
muy sensibles como el de la salud. Por eso merece atenderse con mucha
preocupación la denuncia que acaba de formular la Asociación Agentes de Propaganda Médica (AAPM) de la República
argentina, que advirtió que importantes laboratorios están retirando algunas
presentaciones de medicamentos y reduciendo las unidades de otros para
reemplazarlos por especialidades por drogas más caras.
Se trata de
prácticas que intentan que los incrementos de los precios, algunos de ellos muy
elevados, pasen inadvertidos, o al menos se noten menos.
Habrá que decir que
los movimientos especulativos de los laboratorios fueron muy evidentes en el
mes de noviembre y principios de diciembre, cuando se observaron aumentos
desmedidos antes incluso de la devaluación que encareció de manera notable los
componentes importados.
A través de un
comunicado la AAPM indicó que las farmacéuticas están incurriendo "en una maniobra deliberada para quitar del
mercado determinados productos cuya rentabilidad consideran agotada, con el
ardid de ingresar otras similares, de un precio mucho mayor”.
Entre estos medicamentos se encuentran las populares aspirinas, pero
también otros indicados para tratar el cáncer de mama y determinados tipos de
leucemia, tal el caso de laCiclofosfamida. En Argentina, existen tres versiones del remedio, "pero solo hay disponible pocas unidades en el
mercado y algunos de los laboratorios han dejado de producirla o admiten que
hay faltante”, indicó el texto de la asociación.
En su presentación
de 50 mg, el remedio cuesta menos de 200 pesos, pero se estima que su
desaparición del mercado se debe a que aparecerá otro que lo reemplace con
costos hasta cinco veces superior.
Otra estrategia de
las farmacéuticas es reducir el número de unidades en las presentaciones para
encubrir aumentos astronómicos. Según la denuncia de ANMAT, mediante este
procedimiento la popular aspirina para niños costaba en octubre del año pasado
0,41 pesos por unidad, mientras que en la actualidad se vende a $1,18 pesos por unidad, casi tres veces más o 140% de aumento
con relación al año pasado”, detalló el texto.
En el negocio de
los remedios hay un elemento que favorece aún más a los laboratorios: a
diferencia de otros productos, en el caso de los medicamentos nunca se sabe el
costo real de la producción.
Por lo dicho, el
Estado no puede permanecer indiferente ante las maniobras especulativas para
incrementar la rentabilidad de las empresas que hegemonizan el mercado, mucho
menos si este tipo de comportamientos afecta la salud de las personas.
Nunca sobra el
Estado cuando se trata de garantizar el bienestar general de los habitantes de
un país.