Desde hace tiempo se sabe que el cigarrillo es pésima compañía. Que daña al que fuma y a quien lo acompaña. Que en Catamarca muere al menos una persona por día por enfermedades relacionadas con el humo del cigarrillo. Que es una de las principales causas de muerte. Que a pesar de lo que significan las otras adicciones, el cigarrillo sigue preocupando por el número de sus frecuentadores y por la tolerancia social que lo hace más peligroso.
Pero ahora hay que sumar un nuevo argumento contra el “vicio” que, según el conocido tango, es fuente de “un placer genial, sensual”. Un estudio patrocinado por el Banco Mundial revela que en 2015 morirá un 50 por ciento más de personas por enfermedades vinculadas con el tabaco que con el VIH. Ese 50 por ciento mayor aparece en toda su grave significación cuando se considera otro dato del mismo estudio: las muertes derivadas del VIH aumentarán, mientras que las otras enfermedades infecciosas decrecerán.
Señala “La Nación” del lunes que en 1993 el Banco Mundial financió el estudio sobre el Costo Global de la Enfermedad, realizado por investigadores de la Universidad de Harvard y la Organización Mundial de la Salud, y que el trabajo ha sido actualizado con proyecciones basadas en datos de 2002.
Al margen de las referencias al incremento del número de víctimas fatales del tabaquismo, la investigación predice que entre 2020 y 2030 la expectativa de vida se alargará en todo el mundo. También anticipa que morirán menos chicos menores de 5 años, pero que aumentará la proporción de personas que morirán de enfermedades no contagiosas. Con respecto al cáncer, pronostica que aumentará.
Conviene no olvidar la incidencia del cigarrillo en los índices de mortalidad, porque podría ocurrir que se la minusvalorara ante el empuje del consumo de marihuana, cocaína y otras instancias adictivas que amenazan con alterar profundamente el sistema de vida aún vigente.
El peligro de tal olvido se explicaría en Catamarca, donde según una encuesta nacional de la Secretaría de la Programación para Prevención de la Drogadicción y de Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR) el consumo de sustancias psicoactivas es proporcionalmente uno de los más altos del país, como que está en el mismo nivel de Buenos Aires, que ocupa el quinto lugar de la tabla nacional con una tasa de 1,1. Están por encima Santa Cruz (1,8), Entre Ríos (1,4), Formosa (1,2) y Corrientes (1,1). Cuando se discrimina según la edad de los consumidores la situación de Catamarca se muestra igualmente preocupante. Hasta los 14 años, aparece en el quinto lugar; de 15 a 16 años, en el cuarto y de 17 en adelante, en el quinto.
Apunta también la encuesta que en Catamarca, además del paco, la marihuana y la cocaína, se consumen pegamentos como inhalantes, conducta de efectos letales que queda afuera de la encuesta. Se observa asimismo, que aquí el paco no se consume tanto como en otras regiones, pero sólo porque no hay “cocinas” de cocaína cerca y porque trasladar la pasta base exclusivamente es relativamente poco redituable.
Como se ve, en la provincia hay un doble frente de lucha. Por un lado, contra la drogadicción, que es enemigo no sólo mortífero, sino, además, perturbador de la existencia personal y de la normalidad social, y contra el otro mal más antiguo y en apariencia menos temible, esto es, el tabaquismo, que carcome la vida hasta destruirla, aunque no provocando los desórdenes de las otras drogas.
Pelear en dos frentes al mismo tiempo es empresa empinada, pero hay que asumir la coyuntura sin minimizar a ninguno de los dos adversarios. La ruina puede llegar por ambos lados, de modo que las previsiones deben asegurar la doble victoria. Ya hay víctimas, por más que sus nombres no sean recogidos por la estadística. Y habrá muchas más, según advierten las encuestas, muchas más, si frente a las revelaciones de informes como los que aquí se han citado se permanece sin los reflejos combativos que hacen falta.