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Calentamiento global

A medio grado del desastre climático

Por Rodolfo Schweizer- Especial para El Ancasti, Octubre 2018.

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10 de octubre de 2018 - 09:42 Por Redacción El Ancasti

Nuestro planeta ha experimentado un aumento de 1 (uno) grado de temperatura media en poco más de 100 años, desde el siglo 19 hasta el presente. Hoy la preocupación es cómo evitar que aumente 0,5 grados más hasta el 2030, o sea hasta 1,5 grados por encima del siglo 19 y otros 0,5 grados más hasta el 2040-50, o sea 2 grados con respecto a la época pre industrial.

El tema ha sido la preocupación central en la reunión en la ciudad de Incheon, Corea del Sur, del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, (IPCC en inglés), auspiciado por las Naciones Unidas, del cual forman parte representantes de 195 países.

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  • La gravedad de la situación planteada se refleja en que muchos científicos, como Bill Hare, autor del reporte anterior en 2015, reconociera que hasta hace poco no tenían idea de que la situación fuera tan grave. El reporte actual fue escrito por 91 científicos representando a 41 países, basados en la lectura de más de 6.000 estudios científicos.

    Tal reporte fue publicado este pasado lunes 8 de octubre y pretende aleccionar y advertir a los líderes políticos mundiales sobre la urgente necesidad de asumir el problema asociado al aumento de temperatura media del planeta y prepararse para el desastre que nos espera dentro de 12 años si no se hace algo ya para mitigar los efectos de tal problema.

    Medio grado de diferencia en el aumento de la temperatura media de aquí a 2030 puede parecer irrelevante, pero no lo es cuando se considera la dinámica de los procesos a nivel planetario, donde pequeños cambios generan grandes impactos. De no hacerse algo ya, ese medio grado de diferencia definirá la suerte de millones de personas que, por azar, se verán obligadas a enfrentar las consecuencias asociadas al cambio climático. Las posibilidades de esta desgracia, obviamente, nos incluye. 

    Sin embargo, lamentablemente, como lo señalaron los mismos participantes del evento, impedir un aumento de 0,5 grados en 12 años es optimista. Para no pasarse, ya mismo todos los países del planeta deberían haber empezado a reducir su producción de gases de invernadero hace rato. No lo hicieron. Antes bien, la realidad muestra que naciones como EE.UU., la segunda mayor productora de gases de invernadero después de China, ha renegado de los Acuerdos de París. Más cerca de nosotros, Jair Balsonaro, hasta hoy día presidente electo de Brasil, también ha declarado su intención de sacar a su país de tal acuerdo global. Por lo tanto, todo indica que los 0,5 grados de aumento serán inevitables para 2030.

    Para dar una idea de las consecuencias globales asociadas a la diferencia entre llegar a 1,5 y 2 grados de temperatura por encima de la registrada en el siglo 19, se han dado las siguientes cifras que dan una idea de lo que nos espera hacia 2030 y 2050 de no cambiarse curso. Las cifras corresponden a esos dos años, respectivamente:

    1. Población afectada por olas de calor: 14 y 37%.
    2. Personas afectadas por la escasez de agua: 350 y 411 millones.
    3. Porcentaje de insectos que perderán 50% de su hábitat: 6 y 18%.
    4. Porcentaje de plantas que perderán su rango de extensión actual en un 50%: 8 y 16%.
    5. Porcentaje de vertebrados que perderán 50% de su hábitat: 4 y 8%.
    6. Población expuesta a inundaciones por aumento del nivel del mar: 31 a 69 millones y 32 a 80 millones.
    7. Caída del rendimiento de cosechas: indefinida, aunque importante para Sudamérica entre otras regiones. Hay una coincidencia general en que el cambio climático va a llevar a una caída en la producción de alimentos en todo el planeta.

    Ahora bien, en el informe se aclara que los efectos aun de medio grado en la temperatura media no son ni van a ser iguales y simultáneosen todo el planeta. Lo demuestra el Océano Artico aunque esté al otro lado de nuestra ubicación planetaria. Allí, el calentamiento ocurre a una velocidad 2 o 3 superior al resto del planeta. La superficie que ocupaba el hielo en 1980 era 7,7 millones de Km cuadrados. Hoy tiene 4,6 millones de Km cuadrados. 

    La desaparición de ese hielo implica dos efectos: (1) que disminuya el reflejo de la radiación solar hacia la atmósfera, con lo que aumenta el calor en la tierra y (2) que el agua de mar, al estar expuesta absorba más calor del sol, aumentando la temperatura del océano, lo cual retroalimenta la velocidad de derretimiento del hielo en los polos y aún más la temperatura del planeta. Justamente, los huracanes en Centroamérica o el sudeste asiático, las tormentas inusuales y las sequíascon sus correspondientes incendios, son producto de ese círculo vicioso en que se mueve la naturaleza lejos de nuestras fronteras políticas, que a nivel planetario y climático no significan nada, como lo demuestran nuestros propios desastres locales y nacionales. Véase nomás el impacto de haber perdido el 30% de la cosecha de soja a manos de la sequía y las inundaciones.

    Se cita como ejemplo de estos desastres anunciados lo que el futuro cercano le tiene preparado a regiones como el Medio Oriente. Allí los árabes, israelíes, turcos, persas y demás nacionalidades verán reducir su disponibilidad de agua en un 9% con 1,5 grados de aumento en 2030 y un 17% con 2 grados de aumento hacia 2050. Imaginemos lo que esta situación puede significar para esta región en conflicto permanente y para la paz mundial si a ello se le agrega ahora otra variante vital como la escasez de agua. 

    La pregunta del momento es si ya hemos pasado el umbral de no retorno en este tema. Como ejemplo se cita el tema de la desaparición inesperada de los arrecifes de coral en el sudeste asiático a partir de 1970, de los cuales depende la alimentación de millones de personas y la seguridad de las costas de muchas naciones en esa región. No menos preocupante es la amenaza de la desintegración del hielo de los polos, lo mencionado respecto al Ártico y muy especialmente en Groenlandia con la consiguiente elevación del nivel del mar, proceso que ya se está dando 12 años antes del 2030.

    Muchos países constituidos por pequeñas islas como las Maldivas o en el Pacífico sur ya están conversando con países como Australia y Nueva Zelanda para negociar un permiso o la compra de territorio donde mudarse. Ciudades como Miami ya ven inundada parte de sus calles cada vez que hay luna llena. Ya no extraña escuchar que lugares del sur de EE. UU. y otros como Bangladesh, China, Egipto, India, Japón, Filipinas y Vietnam verán sus costas tragadas por el nivel del mar para el fin de siglo. La gravedad de la situación es que estos problemas no se darán de a uno por vez, sino simultáneamente. No habrá tiempo de adaptación. 

    Ante semejante panorama, el mundo científico ya ha sugerido medidas urgentes como para no pasar de los 1,5 grados de aumento de temperatura:

    1. La emisión de gases de invernadero deberá reducirse en un 45% del nivel que hubo en 2010 para 2030 y a cero para 2050. Esto significa que para entonces ningún vehículo que hoy funcione con nafta o gasoil deberá estar en la calle.
    2. Deberán casi desaparecer para 2050 las centrales eléctricas que todavía funcionan a carbón mineral. Hoy 40% de la energía mundial es generada por el uso del mismo.
    3. Para 2050 el 65% de la energía eléctrica deberá provenir de fuentes renovables de energía, como el viento, solar, etc. Hoy solamente el 20% proviene de ese tipo de fuentes.
    4. Se deberán destinar 7 millones de kilómetros cuadrados a la producción de productos agrícolas energéticos.
    5. Para 2050 la emisión de gases de invernadero deberá ser 0 (cero).
    6. Se deberá detener la deforestación porque eso altera el ciclo del agua de una región. Cuando se destruye el monte nativo o la vegetación natural se altera el flujo y la dirección del agua superficial, tornando el suelo en inútil al lavarse su capa de nutrientes. 
    7. Se deberá ajustar la dieta de la humanidad para desterrar el consumo de carne vacuna y sus productos, tal como la leche. Se aconseja su sustitución con carne de cerdo, pollo, pescado y gramos. Es harto sabido que las vacas liberan enormes cantidades de metano con sus deposiciones fecales, el cual es uno de los peores gases causantes del calentamiento global. 

    A ello se agrega el limitar el uso del automóvil y usar el transporte público; usar termostatos inteligentes para no sobrecalentar las casas en invierno; usar tren y ómnibus para transporte de larga distancia en lugar de aviones; recurrir a video conferencias en lugar de conferencias con presencia humana, especialmente a nivel empresario; volver al alambre o cuerda para secar la ropa al aire libre en lugar de usar la secadora.

    ¿Cuánto costará lograr todo esto? Nada menos que trillones de dólares hasta 2034.

    Obviamente, si tenemos en cuenta la situación actual de nuestra economía y las limitaciones de nuestras elites para abordar estos temas, el problema es grave. Sin embargo, algo puede hacerse a nivel político y personal. No creemos que sea mucho pedir el impedir que se pueble el cauce natural de los ríos y sus riberas; que no se habiliten lugares inundables o pasibles de deslizamientos para construir barrios populares o calles; que se tenga en cuenta que Catamarca está asentada en un acuífero que no garantiza una disposición infinita de agua para una población en aumento; el comprender que los ríos que hoy nos abastecen no tendrán el mismo régimen de lluvias dentro de 10 o 20 años en caso de seguir aumentando la temperatura media del planeta; el entender que por imposición mundial la explotación de recursos energéticos como los derivados de combustibles fósiles (ejemplo, Vaca Muerta) puede que tengan que ser cerrados para siempre, etc., etc. 

    Lo dicho son simplemente escenarios posibles en un mundo que se enfrenta a una situación no vivida por la humanidad hasta el presente, mucho menos por nuestra sociedad. Que nuestra pampa húmeda pueda dejar de ser el motor económico de nuestra economía por razones climáticas inmanejables y sin que se le haya encontrado un sustituto, habla a las claras de la gravedad del momento que nos toca vivir. Ha llegado el momento de asumir la realidad que la naturaleza nos arrojará a la cara de seguir funcionando en “piloto automático”, tal como lo venimos haciendo hasta ahora. Estamos a medio grado de distancia de un desastre que exige cambios de mentalidad y actitudes personales para poder enfrentarlos. De nosotros depende.
     

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