domingo 5 de abril de 2026
Análisis

Cambio climático: la amenaza sin fronteras

Por Rodolfo Schweizer. Especial para El Ancasti. Noviembre, 2018.

Por Redacción El Ancasti

Durante los últimos diez días uno de los temas dominantes en los medios internacionales fue el anuncio del impacto devastador que tendrá para la economía norteamericana el cambio climático para el 2030, con pérdidas de billones de dólares en horas de labor perdidas, daños a su infraestructura, pérdidas en la agricultura, propagación de enfermedades y aumento de la vulnerabilidad de la población, especialmente de las capas más pobres de la sociedad, etc. 

La recepción de noticias como la indicada produce reacciones encontradas en quienes tienen una perspectiva más amplia del mundo. Si bien es laudable que en un país como EE.UU. los organismos gubernamentales cumplan con su tarea de estudiar y prevenir los problemas futuros asociados al cambio climático en este país, no podemos evitar el disgusto acerca de la falta de información y acción en los nuestros, donde la falta de acción o el propósito meramente electoralista de las acciones anula de entrada el beneficio de lo que se hace. No menos cuestionable es la indiferencia de la misma sociedad, que no comprende la necesidad de hacerse cargo o acometer, hasta donde pueda, un tema que la va a afectar directamente. Da pena observar que no haya la misma disposición personal o colectiva para llevar adelante una plantación de árboles que para crear una acción cultural o deportiva. 

Sea como sea, el informe que se ha publicado es valioso porque sirve para advertir acerca del mundo que se les viene encima a las próximas generaciones que heredarán el desastre que hoy construimos, sin que hagamos mucho por mitigarlo. Esto en EE.UU. y en nuestra querida Argentina. En efecto, nadie que esté en su sano juicio puede creer a estas alturas que el fenómeno del calentamiento global, de aquí a los próximos 30 años, vaya a estar limitado a un solo país. El mismo también nos alcanzará, sobre todo si consideramos que, así como hay variables climáticas, atmosféricas y oceánicas que nos separan, así también hay otras que nos unen. Justamente, el hecho de que nuestro país compita con los mismos tipos de granos o cereales con EE.UU. indica que compartimos un mismo clima, en definitiva. Ellos en el norte; nosotros en el sur con seis meses de diferencia. 

Que el fenómeno del calentamiento es global lo demuestran las coincidencias climáticas desastrosas en distintos puntos del planeta. Sin ir más lejos, la sequía de California de 4 años entre 2006-2010 y 2012-2017 que casi secó los ríos y diques causando una crisis hídrica y que hace pocas semanas generó un incendio que calcinó 64.000 hectáreas, matando a casi 100 personas y destruyendo 14.000 viviendas, es la misma sequía que, medio planeta de por medio, dio marco a la tragedia que conmovió al mundo hace pocos días con la foto de una pobre mujer en Afganistán, que tuvo que vender a su hijita de 6 años para poder comprar comida para sus hermanos, al haberse quedado sin animales ni vegetales por culpa de una sequía que ya dura tres años.

¿Qué pasaría en el NOA si se diera esta situación? 

Obviamente, pensar o asumir que esto solamente afectará a EE.UU. sería un disparate de nuestra parte. Que el problema se descubra en este país no implica que nosotros en Argentina o en el NOA no vayamos a sufrir las mismas consecuencias. El cambio climático es un fenómeno planetario y el clima un tanto anárquico que estamos teniendo así lo demuestra. Nuestra diferencia con ellos es que en EE.UU ya se están preparando para una situación que puede tornarse inmanejable llegado el momento, mientras que nosotros seguimos creyendo queel Estado o algún político clarividente nos va a salvar del desastre.

El documento publicado en EE.UU. es el segundo en un año y viene de NOAA (National Oceanic and Atmospheric Administration),una agencia del mismo gobierno. En el primero, de noviembre de 2017, se decía que no se halló una explicación alternativa a la de creer que el cambio climático era de origen humano, especialmente de la liberación de gases de invernadero a la atmósfera. En el de ahora, de noviembre 2018, se enfatiza que el aumento de la temperatura promedio del planeta que se observa es mucho mayor del que se esperaba y tiene una rapidez de crecimiento también mayor que en otros tiempos del pasado de nuestra etapa civilizatoria, por lo que la única forma de explicar esto es atribuyendo tal cambio a la actividad humana. Por lo tanto, se corrobora lo dicho hace un año y lo que todo el mundo científico sostiene.

Al documento lo suscribe un conjunto de 13 agencias federales que conforman el Programa de Investigación del Cambio Global de EE.UU. Este es el Cuarto Informe Nacional Sobre el Clima, confeccionado con la participación de 1000 personas, incluyendo 300 científicos. El mismo sale a casi dos meses de otra advertencia publicada por el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático, que se reunió en Incheon, Corea del Sur, auspiciado por las Naciones Unidas, del cual forman parte 195 países. Tal documento tuvo la autoría de 91 científicos que representaban a 41 países y estuvo apoyado en 6.000 estudios científicos. 

El informe llega en un momento especial en nuestro país, porque justamente ninguno de los países que se van a encontrar esta semana en Bs. As e integran el G20 ha alcanzado las metas que ellos mismos fijaron y aprobaron en los acuerdos de París de hace unos años. Por lo contrario y tal como lo informa el New York Time de este domingo pasado, que comentaremos en otra edición, el sudeste asiático con China a la cabeza, más Vietnam, más India, etc., no están tratando de reducir la producción de gases de invernadero, responsable de ese calentamiento, sino impulsando frenéticamente la apertura de más minas de carbón para alimentar su concepción del “progreso”. Como se sabe, el carbón que se extrae de las minas es el peor contaminante de la atmósfera de nuestro planeta. 

Por eso no extraña ni parece irrazonable pensar y coincidir con el informe que advierte que, de no mediar una reducción significante en la producción de gases de invernadero, el planeta se encamina a aumentar su temperatura media en 1,1 °C en vez de 0,5°C desde ahora hasta el 2030, con lo que el aumento respecto a 1880 sería de 2,1 grados, en vez de los 1,5 °C que se había considerado como límite. De seguir en esta tendencia, solo nos resta compadecernos de nuestros nietos y lo que les espera si se cumplen los presagios delinforme de NOAA, que anticipan, de seguirse en la actual tendencia,un aumento de 5°C para el 2100, en comparación a 1880. Imaginemos nomás un año como el que ya tiene la ciudad de Phoenix, Arizona, con más de 100 días con temperaturas superiores a 44°C y 330 días de sol por año.

Terror

Por lo pronto, para los EE.UU. el informe da terror: miles de millones de dólares por año en pérdidas de ingresos para el 2030. El sudeste, o sea estados como Georgia, Florida y Carolina del Sud tendrán que enfrentar la pérdida de unos 500 millones de horas-hombre de trabajo, debido al intenso calor.

En la agricultura, las altas temperaturas van a arruinar la calidad de los cultivos y la cosecha en todo el país, según el reporte. Así, estados del medio oeste como Missouri, Iowa. Illinois, Indiana y Ohio, solamente podrán aspirar a producir un 75% del maíz que hoy producen. A su vez, los sembradores de soja deberán aceptar una baja del 25% del rendimiento de sus sembrados, debido al calor.Imaginemos lo que esto significaría para un país soja-dependiente como el nuestro. 

Esta noticia es altamente significante para nuestro país, porque los estados mencionados están casi en la misma latitud que el sur de la provincia de Buenos Aires.Si, como dice el informe, esos estados del medio oeste norteamericano, donde hoy la temperatura media anual ronda los 15 °C van a perder un 25% del rendimiento de sus cosechas por culpa del proceso del calentamiento global (no hablamos de situaciones con olas de calor), nos preguntamos qué les espera a los sembradores de soja de la pampa húmeday a los ubicados más al norte, en Córdoba o Santa Fe, hoy con temperaturas promedio anuales muy superiores a los 15 °C. Ni hablar de lo que les espera a los agricultores de nuestro NOA. 

Respecto a las sequías, incendios e inundaciones, el informe anticipa que el número de hectáreas a quemarse para 2050 aumentará seis veces por el calentamiento global, al menos en EE.UU. Hace pocas semanas, el incendio de California consumió 62.000 hectáreas que ahora, al no existir más los árboles que fijan el suelo, se derrumban ante las tormentas.

No menos desafortunado será el destino de los tamberos según el informe, que ya vieron caer sus ingresos en 1.200 millones de dólares desde 2010 a la fecha, debido al stress causado por el calor aquel año. El futuro les reserva, según el informe, una caída de la producción entre un 0,60 y un 1,35 % en los próximos 12 años, por las mismas causas. 
Igual de mala es la perspectiva para los pescadores, a quienes la acidificación de los océanos les reserva una pérdida de 230 millones de dólares para 2100. Los desastres del calentamiento global ya se pudieron apreciar en Florida recientemente con la marea roja y la invasión de algas, que reducen la disponibilidad de oxígeno en el agua, destruyendo la vida marina. Ese estado tuvo que declarar una emergencia en agosto por tal problema. 

Consecuencias para la salud

Las consecuencias del calentamiento global también alcanzan a la salud humana según el reporte. La experiencia demuestra quea mayor temperatura, mayor cantidad de muertes por efectos del calor, tal como lo demuestra la ciudad de Phoenix, Arizona, donde 155 muertes se culparon a ese efecto en 2017. Según el informe, el medio oeste norteamericano, que está a la misma altura de La Pampa del lado sur, experimentará un incremento de 2.000 muertes prematuras por año para el 2090. A su vez, enfermedades transmitidas por mosquitos, como el zika, el dengue y el chikungunya aumentarán al doble para 2050. No menos promisoria es la situación con respecto a enfermedades originadas en los alimentos y el agua afectados por el calor.

Respecto al imparable e indiscutido aumento del nivel del mar, que ya ha aumentado entre 17,5 y 20 cm desde 1900, la mayor parte desde 1993 a la fecha, las perspectivas no son halagüeñas. La gravedad del proceso lo indica el hecho de que este aumento en un siglo nunca se dio antes a lo largo de 2800 años, lo cual demuestra la dinámica especial que tiene el proceso actualmente. Se anticipa que esto causará daños que se estiman en 1 trillón de dólares para el 2050. Basta ver los efectos de huracanes como el Harvey en Houston o Sandy en N. York hace unos años. 

Si bien nuestro país no se encuentra en la trayectoria de los huracanes del Caribe, el aumento del nivel del mar debería preocupar porque es un fenómeno global. Ya ciudades como Miami, Venecia, naciones islas del Pacífico, Bangladesh y otras están sintiendo los efectos de ese aumento de nivel. ¿Qué les espera a todas esas poblaciones ubicadas en las márgenes del Río de la Plata, como Berizo, Ensenada, San Fernando y muchas otras, incluyendo las islas del delta del Paraná?

Para ponerlo en forma simple a través de una comparación:en EE.UU. se dice que el calentamiento global hará que ciudades como Chicago, frente a los grandes lagos en la frontera con Canadá,pasen a tener un clima y una temperatura asociada igual a la de Las Vegas o Phoenix en Arizona, donde el verano es un infierno. Trasladado a nuestro país, esto equivaldría a decir que Río Negro tendrá dentro de una década casi la misma temperatura que Santiago del Estero en verano, o sea temperaturas normales de 43°C durante el verano. ¿Qué temperatura le reserva el cambio climático para el NOA? ¿Qué harán las autoridades y la gente de entonces ante la posibilidad de que el calor evapore más agua de la que les entra por los ríos? Sería bueno tener en cuenta que en EE.UU. ya se eliminaron cientos de diques cuando descubrieron que la pérdida de agua por evaporaciónrepresentaba una pérdida de agua mayor que si la dejaban correr y fluir hacia las napas, donde se conservaban mejor al evitar la evaporación. 

Permítaseme a esta altura mencionar algunos ejemplos tomados de estudios sobre la situación en Arizona y el norte de México, que climáticamente es igual a nuestro NOA. Me lo probó científicamente el haberme encontrado con las plantas de jarilla y pichanillaal costado de la ruta. Aquí el estudio del abastecimiento de agua a ciudades como Phoenix del lado norteamericano o en Hermosillo del lado mexicano, en pleno crecimiento demográfico al igual que nuestras ciudades del NOA, es un desafío que desvela a los responsables a ambos lados de la frontera para situaciones hipotéticas de una gran sequía. 

Dos condiciones extremas preocupan hoy: la baja reserva de agua superficial y el estado crítico de los depósitos subterráneos de agua, lo que lleva a cortes permanentes del suministro de agua a sectores urbanos.¿Suena familiar esto en Catamarca? Peor aún, ciudades como Tucson vienen experimentando hundimientos debido al bombeo continuo de agua desde 1940. 
El problema hoy, según un estudio, es la incertidumbre que les reserva el cambio climático y sus consecuencias. Esta incertidumbre ha tenido efectos contraproducentes: el que los sectores responsables del manejo y administración del agua no se comuniquen con los expertos en meteorología, es decir en clima. Mientras los climatólogos estudian lo que se ha dado en llamar el “Efecto Isla de Calor” en un contexto urbano, los administradores del agua corren de un lado para otro buscando fuentes de agua en medio de un desierto. ¿Pasa esto en nuestra región del NOA?

El “Efecto Isla de Calor” ve a una ciudad como una fuente de calor que retiene calor por efecto del estilo de su construcción y los materiales que se usan. En otras palabras, el crecimiento edilicio actúa atrapando el calor en vez de liberarlo, lo que se agrava con la destrucción de los espacios verdes y los árboles para hacer más edificios y viviendas en un proceso sin fin. Obviamente, el progreso demanda el asfaltado de las calles, con lo que el problema de retención del calor aumenta la temperatura de la ciudad, a lo que hay que agregar el efecto de los miles de automóviles funcionando y haciendo su aporte en calor y contaminación. Se ha comprobado que el “efecto isla” hace que en una ciudad la temperatura nocturna esté 6 grados por encima de lo que está en el campo. Desgraciadamente ante este efecto que deberían estudiar y ofrecer soluciones los expertos en clima urbano, los expertos en recursos hídricos lo estudian solamente desde el lado del suministro de agua, al menos en el caso de Tucson-Hermosillo. No sabemos qué pasa en nuestro país, pero este es uno de los problemas que hay que superar si es que se quiere enfrentar el cambio climático, a nivel nación y provincias.

Consejos

Por lo pronto ya hay consejos que se pueden empezar a tener en cuenta para mitigar el efecto del calentamiento global a futuro: 
1. Reducir el bombeo de agua a una tasa sustentable. Esto implica frenar el crecimiento urbano anárquico con fines políticos que se da en todas nuestras ciudades capitales de provincia. Esto requiere diversificar el crecimiento hacia el interior ofreciendo ventajas vitales como mejor educación y servicios de salud en el interior al que elige quedarse. 
2. Aumentar el nivel de conservación de agua y energía per cápita. Esto implica advertir a la población sobre el problema y enseñar a hacerlo. Defensa Civil, en sus ratos libres, debería ocuparse de ello.
3. Aunque difícil por la situación económica, aumentar el ingreso de dinero para gastos en las reparticiones que tiene contacto directo con el problema del calentamiento global.
4. Aumentar el uso de fuentes renovables de energía.
5. Estudiar la posibilidad de reciclar el agua residual para riego.
6. Construir reservorios de agua enclaustrados que mitiguen los efectos del calentamiento.
7. Imponer el uso de techos reflectantes en toda nueva construcción.
8. Construir espacios verdes, como plazas y parques arbolados porque estos mitigan el calor a través del proceso de evaporación. 
9. Plantar árboles frondosos, no de adorno, ni palmeras inútiles, sino que den sombra. Esta tarea todavía está esperando por la voluntad de la gente de organizarse para llevarla a cabo. 
Los ejemplos de ciudades que han decidido hacer algo para mitigar el cambio climático abundan en el norte de las Américas. La ciudad de Chicago mantiene 500.000 árboles para mitigar el calor de verano. Los Angeles impuso en su código edilicio la obligatoriedad de usar techos reflectantes. La ciudad de Seattle está restaurando sus parques. Phoenix en Arizona ha plantado 5.000 árboles. La ciudad de Louisville en Kentucky otros 10.000 de 4 variedades diferentes.

¿Qué se hace en Catamarca y el NOA para paliar los efectos climáticos discutidos? No lo sabemos, pero sí estamos seguros de que la mitigación del problema pasa por el compromiso personal y colectivo para discutir, proponer soluciones y llevarlas a cabo. 
 

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