sábado 21 de marzo de 2026
Ecología

16.000 científicos advierten a la humanidad sobre el planeta

Por Rodolfo Schweizer-El Ancasti, Noviembre 2017.

Por Redacción El Ancasti

Se acaban de cumplir 25 años del primer documento firmado en 1992 por más de 1.700 científicos, en gran parte Premio Nobel, en el cual se advertía a la humanidad de la necesidad de un cambio de comportamiento en relación al medio ambiente, para evitar una colisión con el mundo natural, lo cual implicaría la posibilidad de una catástrofe para el género humano. 

Ahora, más de 16.000 científicos provenientes de 184 países acaban de firmar el segundo aviso advirtiendo a la humanidad que camina hacia un colapso de no cambiar actitudes respecto a su relación con la naturaleza. La carta fue inspirada por William Rippley, un distinguido profesor de Ecología en OregonUniversity, la cual fue publicada en la revista BioSciense el lunes 13 de noviembre.

Obviamente, esto también abarca a nuestro país y, por ende, a nuestra región y Catamarca, que no se caracterizan por una actitud muy activa en relación con la protección del medio ambiente. Esto no quiere decir que neguemos la existencia de áreas de gobierno dedicadas al tema ambiental. Pero, no nos engañemos, sus funciones y recursos son limitados como para generar un cambio de actitud social.

El tema de la protección ambiental está también “jaqueado” por las necesidades de hacer crecer la economía y la generación de empleos. Es lo que pasa en estos días con la urgencia que el Presidente Macri parece haber impuesto a su decisión  de apurar la reglamentación de la ley que protege los glaciares andinos de los emprendimientos mineros. Lo que se buscaría es evitar que esa norma impida la inversión en el sector.

El argumento empresario a este respecto es contundente: más de 18.000 millones de dólares estarían disponibles para la inversión si se limitara la extensión o implementación de la norma legal.

Obviamente, la situación planteada vuelve a poner sobre el tapete la relación vacilante entre los costos del desarrollo de la economía y los costos de la protección del medio ambiente. Acuciados por lo inmediato, se cree equivocadamenteque lo primero es más importante,mientras se pierden de vista los costos a largo plazo que resultan de tener que mitigar y remediar los daños ambientales dejados atrás por la explotación minera, una vez cerrada la mina o la explotación.

Como infinidad de experiencias lo demuestran en el mundo (por ejemplo,la experiencia de la mina Summitvilleen el Estado de Colorado en los años 80), al final es el Estado, o sea la sociedad, la que termina pagando los costos de tener que recuperar la geografía afectada por la explotación. Y ya sabemos en qué termina esto. 

Lamentablemente, esta es la experiencia en gran parte de los países con respecto a los emprendimientos mineros sobre todo multinacionales, comenzados con la esperanza vana de que cambiarán el destino de las sociedades locales y que luego se los traga la realidad inherente a toda explotación de recursos no renovables. Llegados a ese punto los actores desaparecen.

Las empresas, mil veces más poderosas que los estados nacionales, se esfuman a bordo de los vericuetos legales y financieros internacionales, mientras que los gobiernos que les abrieron las puertas también fueron tragados por la historia.

Como la historia local lo demuestra con La Alumbrera, Catamarca no puede exhibir un cambio substancial de su destino después de esa experiencia. Su matriz de funcionamiento sigue atada como en el pasado a lo que la Nación decida y le dispense. Es la consecuencia lógica de la no existencia de un plan de desarrollo de largo alcance y de un conformismo exasperante que se conforma con vivir del Estado.

Volviendo al primer documento, del cual transcribo adaptando estas líneas, en 1992 lo que preocupaba era el daño que se estaba haciendo al planeta, que comprendía la persistente disminución de la disponibilidad de agua dulce, el daño de la vida marina, la aparición de zonas muertas en los océanos, la perdida de bosques, la destrucción de la biodiversidad, el cambio climático y el crecimiento de la población. El manifiesto científico reclamaba de forma urgente un cambio para evitar las consecuencias funestas que se veían en el horizonte.

Los autores de aquel documento advertían que la humanidad estaba yendo demasiado lejos en la explotación de los ecosistemas que dan soporte a la vida en el planeta; que nos estábamos aproximando a los límites de lo que la biósfera podía tolerar antes de caer en un irremediable daño. Por ello pedían por favor que se estabilizara el crecimiento de la población humana, que se cortaran las emisiones de gases que producen el efecto invernadero, especialmente los combustibles fósiles; que se redujera la deforestación y se revirtiera la tendencia destructiva sobre la biodiversidad.
Hasta aquí las preocupaciones enumeradas en 1992.

¿Dónde estamos ahora, 2017, según el documento?

Según el nuevo documento, con la excepción de la estabilización de la capa de ozono, una buena noticia, todo lo demás ha empeorado. Desde 1992 a 2017 se tienen los siguientes datos:
1.     la emisión de dióxido de carbono ha aumentado 62,1%, con la consecuente afectación de la temperatura media del planeta;
2.     los bosques han disminuido 2,8%, de 4.128 a 3.999 millones de hectáreas entre 1990 y 2015, con una pérdida neta de 129 millones de hectáreas. Esto equivale a todo el territorio de Sudáfrica;
3.    las zonas muertas en los océanos han aumentado 75,3%. Esto es producto del drenaje de agua de lluvia que arrastra los fertilizantes, más el agua impregnada con aceites de las calles cuando llueve. En 2010 había más de 600 sistemas acuáticos afectados en el mundo.
4.     la temperatura media del planeta ha subido 0,4 grados. Justamente, los 10 años más calientes en los últimos 136 años han ocurrido desde 1998. El año 2016 fue el más caliente de los que se tiene registro;
5.     los recursos de agua dulcepor habitante han bajado 26,1% en el periodo arriba señalado, pero con respecto a 1960 ha bajado el 50%. Esto es debido principalmente al aumento de la población. Se cree que el calentamiento global impactará negativamente al alterar los ciclos hidrológicos. Este impacto no solo afectará el suministro de agua para tomar, sino que afectará su uso sanitario, la producción de granos y cereales y la salud humana en general.
6.     la población ha aumentado 35,5%, de 5,5 a 7,4 mil millones de personas. Se estima que para 2100 la población mundial oscilará entre 9.600 y 12.300 millones de personas;
7.     la abundancia de especies de vertebrados ha caído 28,9% con respecto a 1970. Colectivamente, entre 1970 y 2012 la población de pescado, anfibios, reptiles, pájaros y mamíferos ha disminuido un 58%;
8.    Según los científicos, hemos desatado la sexta extinción de especies en 540 millones de años. 
Para empezar a controlar esto, el documento advierte que debemos controlar y reducir nuestroconsumo y parar el aumento poblacional, el aliado necesario en el aumento del consumo. Advierte que si no se controla esto último,  si no se reevalúan las bases teóricas y prácticas de lo que se entiende por  desarrollo económico,  basadoactualmente en el mero crecimiento productivo, si no se reduce la producción de gases de invernadero y se incentiva el uso de energías renovables, se protegen los hábitats, se restauran los ecosistemas, se disminuye la polución, se detiene la deforestación y se detiene la invasión de especies extrañas a un medio geográfico,  la humanidad se encamina directamente a una catástrofe. 

El documento llama a la acción inmediata por parte de la sociedad; a ejercer presión en los políticos, científicos, educadores, medios de comunicación para que se eduque y concientice a la población y se tomen medidas concretas desde las áreas gubernamentales, para hacer lo que sea posible en defensa del medio ambiente. 

Para lograrlo, hace un llamado a construir organizaciones sociales. El mundo científico es consciente de que estas acciones requieren un tiempo de transición, organización, liderazgo y una cabal comprensión de los instrumentos políticos disponibles para impulsar las acciones que deben ser concretas. Por ello sugiere pasos concretos, que son los siguientes:
1.    Priorizar la creación y adjudicación de reservas que se deberán administrar responsablemente para atender casos concretos de protección de hábitats terrestres, marinos y aéreos.
2.    Mantener los ecosistemas naturales no permitiendo la reconversión de bosques nativos, pastizales y otros hábitats nativos a otros fines.
3.    Restaurar las comunidades de plantas nativas a gran escala, particularmente aquellas de bosques.
4.    Reintroducir los animales nativos, especialmente los de cima (cóndor, halcones, buitres) para que restauren los procesos ecológicos y su dinámica. 
5.    Desarrollar y adaptar instrumentos políticos adecuados para remediar la defaunación, la caza furtiva e ilegal y la explotación y comercialización de especies amenazadas. 
6.    Reducir el desperdicio de comida a través de la educación y la creación de infraestructura.
7.    Promover un cambio de dieta hacia una más vegetariana.
8.    Reducir la fertilidad humana educando tanto al hombre como a la mujer mediante el acceso a la educación ya servicios gratuitos de planificación familiar.
9.    Incrementar la educación de los niños en la escuela y de la sociedad para que aprendan a apreciar la naturaleza que los rodea.
10.    Invertir y gastar en productos que apoyen un cambio de actitud hacia el medio ambiente.
11.    Promover las tecnologías verdes y fuentes renovables de energía. Retirar los subsidios a los combustibles fósiles.
12.    Imponer impuestos y promover incentivos en función del impacto económico ambiental de los productos.
13.    Estimar científicamente la cantidad de población que puede ser sostenida por medios sustentables a largo plazo. 

Hasta aquí el documento. Volvamos a Catamarca y nuestra región.

Como decimos más arriba, no dejamos de reconocer que hay áreas de gobiernocuyas responsabilidades abarcan el tema ambiental, pero que la falta de recursos suficientes y la falta de comprensión científica del tema impiden el desarrollo de una acción que impacte en la población. No es suficiente actuar una vez que el desastre ocurra, hace falta prevenirlo y para ello se debe tener datos, lo cual implica saber cómo lograrlos e interpretarlos.

Con esto queremos decir que no se trata simplemente de tener un curso de agua limpio para evitar una inundación, sino de saber cómo encarar estudios científicos para detectar cambios en la naturaleza que a simple vista pasan desapercibidos. Nos referimos, por ejemplo, a la detección de variaciones vegetales debidas al aumento de la temperatura media o a la desaparición o aparición de insectos que, obviamente, impactan en el equilibrio ecológico. Demás está decir que para ello tienen que ser convocadas todas las profesiones que tengan incumbencia con los parámetros que interactúan con lo climático. 

Se hace urgente interesar y educar a la población sobre lo que les depara el futuro de no cambiarse la relación de la humanidad con la naturaleza. Hoy por hoy, ese conocimiento es prácticamente nulo. Lo demuestra el uso del Arroyo Fariñango como vertedero de basura;el desperdicio de agua potable en el hogar, la canilla de agua abierta a pleno mientras nos peinamos o lavamos los platos; el uso desmedido del aire acondicionado en verano; la muerte de un cóndor baleado por algún pícaro inconsciente; el trampero que caza pájaros para venderlos y el que los compra; la destrucción del monte nativo para usarlo de leña o para sembrar soja, que también afecta la fauna silvestre;el uso de pesticidas que nadie controla y termina en la napa de agua; la falta de una política de reciclaje de latas, cartón, papel; el monte y los garabatos llenos de bolsas de plástico llevadas por el viento; la devastación del algarrobo en Pipanaco y mil cosas más. 

Esta educación popular debe empezar en la escuela con el niño, al cual se lo debe educar poniéndolo en contacto con la naturaleza de frente a un árbol y a la fauna nativa, para que aprenda a amarla y respetarla; para que sepa que su vida es parte de un todo que debe funcionar en armonía. 

Pero esto no alcanza si no reflexionan quienes han llegado al gobierno. Si tenemos en cuenta lo que el documento científico dice respecto a la necesidad de un control demográfico, es obvio que hay una carencia de visión cuando vemos en acción las políticas urbanas implementadas aquí, en el valle de Catamarca. No se trata de negar la importancia social de proveer a una solución del problema habitacional de una familia, pero sí de comprender que la capacidad del valle de Catamarca para sostener población no es infinita. Es limitada. ¿Por qué, entonces, no desarrollar esos barrios nuevos en el interior, para frenar el éxodo hacia los grandes centros urbanos y así evitar un eventual problema social en caso de una catástrofe climática o ambiental?

Nos preguntamos qué sería de nuestra ciudad si le pasara lo que le ocurrió nada menos que a California, la sexta economía mundial, con la sequía absoluta entre 2012 y 2015. En esos 3 años no les cayó ni una gota y  se le secaron los ríos y los diques, mientras nuevos pozos cada vez más profundos se tenían que hacer para llegar a alguna napa profunda, que tampoco tenía suficiente agua para solucionar el problema. En este estado norteamericano recién ahora, en 2017 y cinco años después, se está saliendo de esa crisis climática.

Dejo al lector la respuesta del caso.
Creemos que el manifiesto de los 16.000 científicos mundiales es claro y contundente. Reconocemos que encontrar alternativas no es fácil, pero estamos seguros que así como no nos falta voluntad para armar un equipo de fútbol u organizar alguna actividad recreativa, también podríamos juntarnos para hablar de estos temas y ver que podemos hacer entre todos. De esta simple y humilde actitud depende el futuro de todos.
 

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