La historia de cómo se llega a esta propuesta es digna de conocerse. Todo empezó al finalizar la Segunda Guerra Mundial según Leslie, cuando los establecimientos industriales que se dedicaban a la industria balística y usaban nitrógeno en el proceso perdieron su razón de ser y se los tuvo que redirigir en su producción hacia otros fines para que no se perdieran.
La salida fue encontrada en la producción de fertilizantes sintéticos que, negocio de por medio, terminaron desplazando a los métodos naturales que se venían usando hasta entonces, basados en el uso del estiércol y el compost o abono.
Sin embargo, la aplicación de los nuevos productos industriales generó dos problemas en el largo plazo. El primero fue que para que estos fertilizantes inorgánicos penetraran fue necesario pasarle el arado al suelo, lo que rompió la corteza y facilitó que el carbono retenido de forma natural por el terreno escapara a la atmósfera. Este proceso sigue ocurriendo hoy en día y es uno más de los contribuyentes al cambio climático.
El segundo fue que la aplicación indiscriminada de fertilizantes y pesticidasal final terminó liquidando los componentes biológicos y naturales del suelo, esenciales para generar una planta resistente y saludable. Esto hizo que, con el tiempo, el agricultor tuviera que usar más y más fertilizantes cada año, para obtener la misma cantidad de cosecha. Como no podía ser de otra manera, esta situación terminó por crearles una dependencia técnica y económica con los fabricantes de fertilizantes y pesticidas.
Ahora, con el nuevo método es posible que estos dos problemas sean corregidos. Todo depende de la voluntad del productor, su capacidad financiera para probar un método nuevo, la actitud de los gobiernos para apoyar un cambio en el campo y la presión social para exigir e imponer una política razonable a sus elegidos al gobierno.
El Carbono en la cadena vital
Aceptar y apoyar un cambio en la vida requiere comprender de qué se trata el mismo y luego encararlo a pleno. La idea de la agricultura regenerativa quizás no habría sido posible si previamente no hubiera aparecido en escena la crisis derivada del exceso de gases de invernadero en la atmósfera, entre ellos el dióxido de carbono y las consecuencias: tormentas inusuales, inundaciones, calores agobiantes, sequías y vaya a saber cuántos otros males que se están incubando a escondidas.
Sin embargo, es preciso comprender que no podemos prescindir del carbono porque sin su presencia la vida misma no existiría en el planeta. Nuestro organismo, así como el de los animales, más las plantas, lo cuenta, junto al oxígeno, como el principal componente. Y no sólo esto: es el componente químico más abundante en la corteza terrestre.
El problema asociado a su exceso en la atmósfera no pasa, entonces, por su presencia, que es irremediable, sino por el uso abusivo del hombre de los recursos naturales. Porque es nuestra especie, la humana, la que lo saca al aire cuando extrae el petróleo de las entrañas de la tierra y lo transforma en combustible. Y somos también nosotros los que facilitamos su sobre presencia en la atmósfera cuando dañamos o eliminamos a quienes pueden absorberlo y controlarlo de forma natural: los árboles y, por ende, los bosques.
Como ya lo mencionamos hace pocos días, por año se limpia de árboles un área equivalente al territorio de Sudáfrica en el mundo. Una de las áreas más afectadas es la Amazonia brasileña y peruana. Pero nuestro país no es la excepción. En nuestro suelo el arrasamiento tiene que ver con la necesidad de ganar espacio para sembrar soja, algo que ata las manos de todos los gobiernos de turno por lo que significa para las magras finanzas de nuestro país, acostumbrado históricamente a depender de mono cultivos y recursos no renovables.
El nuevo método
Por suerte, como decimos más arriba, ahora la ciencia ha dado un paso adelante y ha propuestovolver a unametodología del pasado, mejorada por supuesto por los conocimientos científicos del presente, como forma de controlar el cambio climático mientras aumenta los rendimientos agrícolas.
El proceso, según cuenta Jaques Leslie,amparado en investigaciones científicas, va a permitir restaurar suelos degradados, aumentando de paso los rendimientos agrícolas, mientras se combate el cambio climático. Con absoluta razón sostiene que este nuevo papel reconocido a los suelos implica un cambio de paradigma en la agricultura. En efecto, el nuevo procedimiento implica el abandono de prácticas actualmente comunes, como la remoción de residuos de cultivos, el monocultivo, el excesivo pastoreo y el uso de fertilizantes y pesticidas.
Con la nueva opción, aun el ganado vería mejorado su papel, que por ahora era condenado por liberar unos 25 galones de metano por día a través de sus eructos y deposiciones orgánicas. En este nuevo paradigma el ganado recupera su valor por su papel de fertilizante del suelo y porayudar a recircular los nutrientes.
Según RattanLal, Director del Centro de Manejo y Secuestro del Carbono de Ohio StateUniversity, el suelo tiene la capacidad de secuestrar un promedio de 0,9-2,6 gigatoneladas por año del carbono emitido, lo que considera significante. Según Lal, “al poner el carbono de vuelta en el suelo no solamente se mitiga el cambio climático, sino que se mejora la salud humana, la productividad, la seguridad de los alimentos, la nutrición, la calidad del agua y del aire”.
Según su opinión, un suelo saludable sirve de alojamiento a billones de micro organismos y el comportamiento de estos fortalece a la planta. Para lograr esto el agricultor debe volver al uso del estiércol y el abono, evitando en lo posible los fertilizantes y los pesticidas, ya que estos destruyen la materia orgánica y reducen la resiliencia de la planta.
Es importante remarcar que en la agricultura regenerativa es anatema dejar el suelo pelado, ya que un suelo en estas condiciones se erosiona fácilmente al ser lavado por el agua de lluvia, lo cual también facilita la liberación de carbono y se lleva los nutrientes que servirían de “alimento” a una futura o inmediata siembra. Pero, se rechaza la idea de arar el suelo una vez levantada la cosecha, ya que esta rotura de la superficie facilita el escape del carbono retenido hacia la atmósfera. Por el contrario,se recomienda dejar algo de residuos para prevenir que el agua escurra y dar tiempo a que ella penetre en el suelo.
Se complementa lo dicho aconsejando la introducción de animales al campouna vez levantada la cosecha y sembrar una cobertura vegetal para controlar la erosión, capturar carbono e incorporar nitrógeno al suelo. Con ello, se sostiene, se mejorará la fertilidady se ayudará a mantener la biodiversidad y la fauna local.
Como ejemplo de la eficiencia de este método se menciona un experimento apoyado por el estado de California desde 2015. Los estudios se llevaron a cabo en el MarinCarbon Project, ubicado en el Condado de Marín, 50 Km al norte de San Francisco. Como parte del experimento, que lleva 4 años, se incorporó una sola vez abono o compost. Los resultados demostraron un aumento de la productividad y un incremento del carbón retenido año tras año. Según los cálculos, la retención de carbono logrado por el método equivalió a la remoción de 1,5 toneladas métricas por acre de dióxido de carbono anualmente.
Según el Dr. Whendee Silver, de la Universidad de California en Berkeley, líder del proyecto en Marín, si solamente el 5% del territorio de California se cubriera con 1,2 centímetros de abono o compost, se podrían secuestrar una cantidad de gases de invernadero equivalente al producido por 9 millones de automóviles.
Naturalmente, algunos científicos son escépticos acerca de la agricultura regenerativa. Arguyen que su impacto va a ser pequeño porque depende del tipo de suelos. Además, está el problema de que las aseguradoras todavía no aceptan cubrir riesgos en terrenos donde sólo se usó cobertura vegetal sembrada para proteger los suelos después de las cosechas. Finalmente, dicen, queda el problema de saber si los gobiernos van a dar algún apoyo a este tipo de experiencia innovativa, que el agricultor no puede afrontar solo.
Sin embargo, la falta de respuesta a las preguntas de unos agricultores de Texas ilustra el callejón sin salida en que está metida la agricultura moderna, al haberse hecho dependiente de los fertilizantes químicos. Esa experiencia la tuvo Willie Durham, un especialista en suelos del Departamento Federal de Agricultura de EE. UU. en la ciudad de Temple Texas, cuando los agricultores le preguntaron por qué, a medida que pasa el tiempo, tienen que usar tres o cuatro veces más fertilizantes para obtener la misma cantidad de cosecha.
Como no tuvo respuesta, la frustración lo llevo a cambiar de trabajo y volcar sus esfuerzos en la enseñanza de la “agricultura regenerativa” en Texas y Oklahoma, donde encontró agricultores jóvenes dispuestos a nuevas ideas. En esos dos estados norteamericanos la lluvia es escasa normalmente y los agricultores tienen que lidiar con suelos que apenas pueden absorber unos 12,5 milímetros de agua por hora. Con el nuevo métodoDurham pudo probar que ahora podían absorber 200 milímetros por hora.
Las lecciones implícitas en los métodos de la “agricultura regenerativa” parecen, por lo tanto, ser claras y de utilidad para el hombre de campo: si se alía a la naturaleza puede lograr muchos más beneficios que si la trata como enemiga. Sus técnicas de cultivo y manejo del suelo demuestran, además, que contribuyen a paliar el problema del calentamiento global y que no todo pasa por la aplicación de métodos geo-ingenieriles, muchos más costosos y generadores de una dependencia económica y tecnológica.