Hartazgo. La hostilidad sindical es uno de los principales elementos que destruye el tejido olivícola.
El conflicto por el precio a pagar por la bandeja de aceitunas en la cosecha se ajusta a un esquema de hostilidad sindical sistemática, que ha contribuido en gran medida a la destrucción del tejido olivícola catamarqueño sobre el que en algún momento se cifraron fuertes expectativas.
No se trata solo de las fluctuaciones del volumen de las cosechas y los precios del mercado, o de los costos productivos crecientes que erosionan márgenes de rentabilidad y desalientan la inversión. La desconexión entre las pretensiones sindicales y las condiciones objetivas de producción tienen una gravitación que se vuelve más determinante en las coyunturas críticas. La controversia en curso entre los productores y la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (UATRE) es un ejemplo claro de la situación.
Los números productores ofrecen un incremento del 38% respecto de la cosecha anterior, cifra que se sitúa seis puntos por encima de la inflación acumulada en 2025. UATRE comenzó exigiendo un 124% en octubre para bajar a un 78% ahora: es más del doble de la inflación, en un contexto en el que la producción de aceitunas ha caído.
El conflicto entre los productores olivícolas y UATRE por el precio de la bandeja de aceitunas está trabado desde octubre. El conflicto entre los productores olivícolas y UATRE por el precio de la bandeja de aceitunas está trabado desde octubre.
La postura está divorciada de cualquier parámetro de razonabilidad económica, salvo que se considere que el sindicato se queda con el 2% de los jornales en concepto de cuota sindical solidaria. La exigencia ignora los márgenes de rentabilidad, los costos crecientes de la energía y los insumos y, sobre todo, la fragilidad de un ecosistema productivo que no puede absorber costos artificialmente inflados sin colapsar.
La consecuencia de esta hostilidad sistemática es el abandono de las fincas olivícolas. Numerosos emprendimientos han cerrado debido a la imposibilidad de rentabilizar la cosecha y la presión constante de un gremio que actúa con una lógica de corto plazo. Menos producción equivale, invariablemente, a menos puestos de trabajo.
Al forzar aumentos que desbordan la capacidad de pago del productor, UATRE atenta contra la fuente de sustento de sus propios representados. ¿Qué pasará si los productores deciden no cosechar porque los números no les cierran? Sean todos o parte de ellos, la demanda de jornaleros caerá. El audio de un jerarca sindical convocando a la destrucción de los productores es en el fondo una inducción a la eutanasia: sin actividad olivícola, UATRE no tendrá de dónde parasitar. La base de su tajada se restringirá en lugar de ampliarse.
Esto, al margen de la oportunidad que la intransigencia de sus supuestos representantes les niega a los propios cosecheros para hacer una diferencia. Un buen cosechero puede recoger unas 25 bandejas de 20 kilos en la jornada de 8 horas. Los productores ofrecen $4.800 por bandeja, serían $120.000 al día. Más del doble del jornal establecido para un trabajador rural.
La agresiva actitud del gremio rural retroalimenta el hartazgo de los productores, que ya ha provocado varias deserciones. Representantes de la Comisión nacional de Trabajo Agrario intentarán hoy mediar en la polémica, que está trabada desde octubre. La reunión con las partes se celebrará en la sede de la Agencia Territorial de la cartera de trabajo. Si no se recupera la cordura en las mesas de negociación, la olivicultura de Catamarca continuará profundizando su crisis.