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Editorial

La banalización de lo femenino

Desde hace varios años hay un fuerte y lógico cuestionamiento a los tradicionales concursos de reinas de belleza...
12 de julio de 2022 - 00:20

Desde hace varios años hay un fuerte y lógico cuestionamiento a los tradicionales concursos de reinas de belleza, al punto que son cada vez más las ciudades, e incluso algunas provincias, que han dictado normas y reglamentaciones tendientes a eliminar requisitos que refuerzan el estereotipo de género y la “cosificación” de las mujeres.

En el caso de Catamarca, la diputada Adriana Díaz presentó un proyecto para desalentar desde el Estado provincial este tipo de certámenes. El proyecto obtuvo en 2020 media sanción en la cámara baja provincial pero nunca se aprobó en el Senado, que en ese momento estaba integrado solo por varones.

Premiar a las mujeres por su belleza física –siempre según los parámetros estereotipados- y no por otros valores que conllevan mayor mérito, como la solidaridad, la bondad, la empatía con el prójimo, la responsabilidad, la representatividad que ejerce de la cultura de su lugar de origen, es una postura que va a contramano de los tiempos actuales, caracterizados por un avance permanente, aunque aún inacabado, del reconocimiento de los derechos de las mujeres.

Hace ya algunos años que en la mayor fiesta popular de Catamarca, la del Poncho, se cambió el nombre de “reina”, que remite a formas de gobierno sin ninguna tradición en nuestro continente y que valora por sobre todo la belleza, por la de Embajadora Cultural. Hay una embajadora por departamento y luego se elige una provincial.

La semana pasada trascendieron los requisitos enumerados en el Reglamento General para la Embajadora de la Cuna del Poncho, en Belén, en los que se deslizan algunos criterios que han provocado que diputadas, concejalas y organizaciones de mujeres denuncien violencia simbólica. Es que entre los requerimientos se deslizan algunos que remiten a la vieja tradición que presuntamente se iba a erradicar. Entre los aspectos que los jurados deberán analizar para elegir a una candidata se mencionan los siguientes: belleza física, simpatía, desenvolvimiento, conocimiento cultural, turístico y religioso.

Se supone que no ha de ser la belleza, según los criterios hegemónicos, una característica que interese destacar en una mujer que representa culturalmente a un departamento. Sí, en cambio, el conocimiento cultural y turístico que posee de las virtudes de la tierra en la que nació o en la que vive. Tampoco se entiende por qué razón debería tener conocimiento “religioso”, ni se aclara si es solamente de la predominante religión católica u otra también. Si se refiere a las tradiciones religiosas del habitante de Belén, encuadran perfectamente dentro de lo que se señala como “conocimiento cultural”.

La enumeración de requisitos establecidos en el Reglamento General para la Embajadora de la Cuna del Poncho pone de manifiesto que los progresos respecto del propósito de mutar los viejos concursos de belleza en representaciones culturales no son tantos como a veces se supone. Los resabios de la costumbre de banalizar lo femenino siguen existiendo y deberían rápidamente ceder espacio a criterios más inclusivos a la hora de la selección de las embajadoras.

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