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COLECCIÓN SADE- BIBLIOGRAFÍA CATAMARQUEÑA

"Cuentos en la noche", de Vanina Reinoso

Hilda Angélica García

18 de noviembre de 2025 - 00:10

“Cuentos en la noche”, libro de Vanina Reinoso, nos remonta a tiempos en que nos contaban cuentos de maravillas y aparecidos que inquietaban. En el primer relato de la obra titulado “El retorno”, Vanina Reinoso narra en primera persona:

“Extraño esa época de inviernos precordilleranos y tardes castigadas por el Zonda. Fue hace tanto tiempo y sin embargo aún escucho la voz de mi madre joven y veo la figura de mi tatarabuela volviendo de las viñas justo al mediodía. Fue ella, mi tatarabuela, la que murió y volvió a vivir. Sí, cuando lo supe yo también abrí los ojos, como lo hacés ahora vos. Hay cosas misteriosas que no tienen explicación, ¿sabés? Pero igual suceden”.

Este breve fragmento inicial ya nos ubica en el escenario en el que sucederán las historias que se refieren y el tiempo en que acontecen: “inviernos precordilleranos”, “tardes castigadas por el Zonda”; y personajes: “madre joven”, “tatarabuela volviendo de las viñas”. Hablamos de Fiambalá. Más adelante: “Fue ella, mi tatarabuela, la que murió y volvió a vivir”. Aquí estamos ante un hecho extraordinario porque como se dice en el relato “hay cosas misteriosas que no tienen explicación ¿sabés? Pero igual suceden”.

Ese es el eje del libro “Cuentos en la noche”: los “sucedidos” que asombran, asustan y entretienen.

A partir del primer relato atraviesan las páginas acontecimientos y elementos fabulosos que sorprenden, pero de los que ya se tienen noticias en el imaginario popular, como los pájaros inmensos, los pajarracos que golpean las ventanas con sus alas creando escenas de terror. En este corpus de narraciones estas aves fabulosas aparecen en diversas situaciones como en “Cuentos en la noche”, donde el pájaro del tamaño de un hombre golpea con sus alas la ventana, grita y luego corre por el techo de la casa. O en el relato “Pajarraco”: “La niña mira hacia el cielo y ve un pájaro negro, le impresiona su tamaño pues con sus alas extendidas se asemeja a un monstruo alado”. En el cuento “El pájaro”, “Un pájaro del tamaño de un adulto se asentó en la ventana con sus alas extendidas”.

La presencia de pájaros, pajarracos es habitual en la literatura latinoamericana, en las narraciones de pueblos que atesoran una común tradición. Por ejemplo, en el relato “La carcajada” de Juan Bautista Zalazar, se trata de un personaje que aparece en forma de una gallina negra clueca para espantar de noche riéndose a carcajadas. O Gabriel García Márquez que nos cuenta el caso de “Un señor muy viejo con unas alas enormes”.

Otro elemento mágico incorporado al imaginario popular, que nos inquieta, es el silbido. A su alrededor existe una serie de supersticiones como, por ejemplo, que no hay que responderle cuando se desconoce quién lo produce porque trae desgracia. Es el caso de un cuento de Vanina, donde una bestia peluda devora a un joven que había desafiado al silbido.

En otro cuento de Juan Bautista Zalazar, un silbido persigue a un hombre que vuelve de noche, borracho, por el campo hasta llegar a su vivienda y después muere, se lo lleva el demonio porque se ha emborrachado con grapa, que siempre tienta al diablo, no como el vino que es sagrado.

Elementos míticos

Con estos ejemplos intento mostrar cómo un mismo elemento mítico se desenvuelve o presenta en diversas situaciones, respondiendo a la tradición de cada pueblo o a la dinámica de los rumores que la literatura rescata. En Catamarca, por ejemplo, son numerosos los escritores que narran en sus libros lo que cuenta la gente de diversas regiones provincianas.

En los “Cuentos en la noche” de Vanina Reinoso aparecen otros elementos míticos que conmocionan y asustan como cementerios y espectros que circulan en relatos titulados “El cementerio”, “El bautismo”, “El hallazgo”.

Hay también en este libro un bestiario muy interesante con animales como los pajarracos de los que hablamos, perros y burros.

Como sabemos, el perro es emblema de la fidelidad y la vigilancia, pero también está asociado a la muerte, y a los mundos de abajo, al inframundo. En diferentes civilizaciones el perro ha tenido la misión de relacionar a los vivos con los muertos. En la antigua Grecia, Hécate, la diosa del infierno, era representada con cabeza de perro. El reino de Hades, dios de los infiernos, era custodiado por Cerbero, un terrible can de tres cabezas que permitía ingresar a los infiernos, pero no dejaba salir. Desde el cristianismo, el diablo se presenta muchas veces como un perro negro y Satanás aparece acompañado de estos animales. Tal el caso de estos cuentos de Vanina Reinoso “El perro” y “La enfermera”, donde los personajes hacen trato con el diablo y se convierten en perros.

En este libro “Los burros” (título de un relato) son animales que se las traen y para la mitología son mamíferos de significaciones contrapuestas. En Egipto se relacionaba al burro con el asesinato de Osiris, dios de la resurrección. En otros pueblos se lo veía como un animal tonto y obstinado. Los romanos lo relacionaban con el dios de la fertilidad. En la India las divinidades malignas aparecen montadas en asnos. En la Biblia, a veces aparece como sinónimo de la impudicia; en otras se lo menciona en sentido positivo: la burra parlante de Balaam encarna a la criatura que puede entender mejor que el ser humano la voluntad de Dios.

En este relato los burros aparecen poseídos por el demonio y muerden a doña María camino a Tatón, pues iba a vender sus quesillos en un día de Semana Santa.

Los pájaros, los perros y los burros son solo una muestra del contenido de estos “Cuentos en la noche” de Vanina Reinoso. Este volumen está poblado de situaciones, seres y circunstancias que habitan un mundo que atesora misterios, sombras, prodigios. Presencias invisibles, cadenas que se arrastran, mejunjes para los males, el santo que camina, el duende, el demonio.

Dice Jorge Torres Rogero en su libro “Dones del canto” que hablar es traer a la memoria, instalarse en ciertas estructuras como en un telar mágico. Traer a la memoria es contar en sus dos acepciones: enumerar y narrar, desenvolver el hilo de lo vivido como imagen mental, como discurso. El acto de contar, a su vez, se despliega en dos direcciones: o el zumbido de la conversación cuando se escoge una historia individual; o contar cuando se enlaza con el subsuelo colectivo, con la habladuría o rumor esparcido en el alma y el corazón del pueblo.

Esto es lo que hace Vanina al entregarnos estos “Cuentos en la noche” que nos colman de magia y nos inquietan.

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