Una comunidad que se resiste al olvido y el abandono
En medio de contrastes extremos, belleza singular y una rica historia y cultura que ofrece a quienes llegan al lugar una experiencia única se encuentra el pueblo de Aguas Calientes ubicado a 242 kilómetros desde la cabecera departamental de Belén, y a 3.946 m.s.n.m.
La comunidad aborigen que allí vive pertenece a los pueblos indígenas diaguitas que mantienen una profunda relación con su entorno natural y social, pero también con grandes desigualdades sociales que los llevó a movilizarse para poder ser visibilizados.
Las 43 familias de Aguas Calientes no se resignan al olvido. La cría de hacienda (oveja y llamas) son la principal actividad; sin embargo, son muy pocos los que tienen animales mientras que las mujeres se dedican al hilado, tejido de prendas y peleros y la venta o intercambiode lana por alimentos.
“Se vive de la hacienda, haciendo peleritos… así se pasa la vida. Hay mucha juventud que no tiene trabajo. Se siembra, pero no se da porque es muy helado, no se da nada”, dice don Sixto Díaz al ser consultado sobre las posibilidades que ofrece la inmensidad del lugar.
Las viviendas construidas con bloques de adobe y techo de caña, son el refugio para el frío extremo de la zona; algunas poseen equipos generadores de energía foto voltaica y el agua la canalizan, pero sin ningún tipo detratamiento químico.
Los niños concurren a la escuela primaria Nº163 que comenzó a funcionar en 1983 en una casa que facilitó el dueño de las tierras de Don Indalecio Pachado; en 2001 se construyó el albergue porque muchos de los chicos que concurrían tenían que caminar más de 7 kilómetros para llegar, no obstante, quedó sin techo luego de un temporal de viento que lo destruyó.
El período de clases se extiende de agosto a mayo, es allí cuando las familias bajan de los puestos donde viven y se instalan en las viviendas que tienen en los alrededores de la escuela.
Filomena Gerván nació y se crió en Aguas Calientes, “cuando tengo lana hago tejidos y peleros para vender. Tengo 29 años y tengo 4 hijos, nací y me crié en Aguas Calientes; tengo sólo la primaria incompleta. Espero un futuro mejor para mis hijos, que sean más que yo que no tuve la posibilidad de estudiar, no quiero que se críen en la miseria”, cuenta.
Aguas Calientes conoce de penurias por eso su comunidad ve con buenos ojos que la actividad minera llegue a sus territorios como posibilidad de crecimiento y desarrollo; están convencidos de que sus vidas pueden cambiar. Es así que luego de numerosos encuentros, la comunidad autorizó a la empresa de capitales australianos Elevado Gold S.A. comenzar un camino de diálogo y acuerdos.
Defender el derecho que tienen los pobladores de vivir mejor nos es sólo necesario para que nadie se quede atrás, sino que es esencial para que se libere el potencial, las posibilidades de crecimiento y un futuro prometedor para esta comunidad.
De eso están convencidos los integrantes de la Comunidad Aguas Calientes, que esperan un cambio que cambie sus vidas. “Creemos que los tiempos han cambiado y que las mineras son para nosotros una oportunidad”, afirman.