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OVEJA NEGRA

Diez años de un bar con estilo propio

El bar cumplió sus 10 años y el 10 de agosto lo celebró con música en vivo, buena comida, tragos y amigos.

1 de septiembre de 2024 - 02:00

Cuando utilizamos la expresión “oveja negra” lo hacemos con fines peyorativos.

“Es una persona que, en una familia o colectividad poco numerosa, difiere desfavorablemente de las demás”, indica el sitio web de la Real Academia Española.

Martín Oviedo no era una oveja negra. En el 2014 decidió abrir un bar en Catamarca y tomó de esa palabra la idea de hacer algo diferente, que tuviera un sello distintivo entre la movida gastronómica y nocturna de la ciudad. Una década después puede asegurar que lo ha conseguido.

Martín nació en Catamarca. Vivió algunos años en Córdoba, de donde obtuvo algunas ideas para su Oveja Negra, pero casi toda su vida la pasó en este suelo y desde su adolescencia tuvo la idea fija de estudiar gastronomía para luego poder darle forma a su emprendimiento. El camino no fue sencillo, como pasa en cada historia que tiene un final feliz.

Recibió a Revista Express en su bar, su segunda casa, ahora ubicada en Prado 876, entre Tucumán y Vicario Segura.

“Primero comenzamos vendiendo panchitos con unos amigos en un local en Rivadavia y Mota Botello”, comenta. Tras esa experiencia positiva decidieron ir por más y junto a un grupo de amigos comenzaron con la venta de comidas en un verano del 2014 en El Rodeo. “Era un delivery de comidas y ofrecíamos empanadas, pizzas, hamburguesa y bebidas. Se llamaba Rock And Dog y repartíamos panfletos. Como estaba solo ese tiempo en mi casa en El Rodeo con los mandriles de mis amigos nos pusimos a laburar”.

Sin embargo, el trágico alud que conmovió a la villa ambateña los obligó a cerrar las puertas.

El impulso quedó y decidió dar un paso más. Se puso en la tarea de buscar un local para darle forma al anhelo del bar propio.

“Buscábamos un lugar que tenga distintos espacios, que tenga un patio, un lugar con banquetas, un lugar para ver fútbol, deportes… que esté todo separado”. El lugar que encontraron fue la esquina de Vicario Segura y Prado, en donde comenzaron con fiestas en donde solamente vendían bebidas. Con el tiempo sumaron comidas a Oveja Negra y ahí nació el “lomito de la muerte”, el plato más codiciado del local y uno de los preferidos entre los bares capitalinos.

Martín no quiso dar la receta –dijo que es secreta como la de la Coca Cola– pero, sí habló sobre el origen del nombre. “Siempre con mis amigos cuando nos juntábamos a comer decíamos que íbamos a comer algo y le agregábamos el “de la muerte”. Ya sea un pancho o una pizza. Era para decir que algo era zarpado”.

El bar tuvo la aceptación del público y lentamente fue haciéndose de una clientela fiel. “Comenzamos a hacer cosas distintas, traíamos bandas de rock para que toquen, pero siempre buscamos destacarnos en la calidad de la comida”, expresó.

Una de las anécdotas que más recuerda fue la vez que Majo Leiva, cantante de The Nenas, estuvo en el bar.

“A la banda la poníamos siempre en el bar y una vez nos enteramos de que Majo estaba en la ciudad así que la llamé, coordinamos y le buscamos una banda. Ensayó con los chicos de Amenábar y cuando empezamos a hacer circular el flyer que el fin de semana estaría en el bar fue un furor, porque la gente se ponía loca cuando sonaban”.

El recital fue un éxito. “El bar desbordó. Toda la esquina desbordada. Eso nos cayó del cielo y fue el comienzo de algo lindo porque se dio una amistad tremenda y nos gustaría que vuelvan a tocar”, contó.

Oveja Negra se consolidó con el tiempo y se convirtió en un clásico. No obstante, en el 2020 tuvieron que mudarse y se trasladaron cerca, a cincuenta metros. La inauguración era inminente, pero llegó la pandemia y la apertura tuvo que esperar.

“La dueña nos entendió y nos aguantó varios meses. En ese tiempo solamente abríamos para vender comida por delivery”. Una vez más la mutación y acomodarse a los cambios. Pasado el sofocón del aislamiento social pudieron volver a la normalidad y renacieron.

El 10 de agosto celebraron los diez años con una fiesta en la que tocaron Los Hijos de Harry y Nevermind y fue una jornada de celebración con amigos, comida y bien regada.

“Si a vos te gusta algo, lo disfrutás mucho. Entonces, es una pasión. A mí el bar me encanta aunque me haya hecho sacar chispas y hubiera altibajos, porque uno está surfeando constantemente”, explica Martín.

Resalta un aspecto clave para quienes trabajan en la noche. “Es importante la disciplina, porque, por ejemplo, no te podés tomar toda la cerveza jaja”. Ya la entrevista llega a su fin y Oviedo quiere agradecer a quienes lo acompañaron en todos estos años. “Primero y principal a mi familia que fue la que me apoyó en todo esto, a los amigos y a todo el público ovejuno que es parte del bar, cada uno sabe quién es”, dijo.

Texto: Pablo Vera

Fotos. Ariel Pacheco

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