La comunidad kolla atacameña Antofalla está a más de diez horas de viaje desde San Fernando del Valle de Catamarca. Son 638 kilómetros en ascenso. A medida que el camino es desandado los oídos comienzan a taparse, la Puna no pasa desapercibida.
Antofalla proviene de la lengua diaguita atacameña o Kunza y significa “donde muere el sol” o “sepultura del sol”. La elección del nombre no podía ser mejor. En el trayecto desde Antofagasta de la Sierra, el sol parece incrustarse contra el horizonte. Las nubes cobran un tono rosáceo y azulado. El paisaje obnubila.
La comunidad kolla atacameña Antofalla está a más de diez horas de viaje desde San Fernando del Valle de Catamarca. Son 638 kilómetros en ascenso. A medida que el camino es desandado los oídos comienzan a taparse, la Puna no pasa desapercibida.
Revista Express viajó hasta el departamento Antofagasta de la Sierra para participar de La Corpachada, la tradicional celebración a la Pachamama que se lleva a cabo cada 1 de agosto.
Tras surcar el departamento Belén por la ruta nacional 40 y la ruta provincial 43 hicimos la primera parada en la villa de Antofagasta de la Sierra. La Hostería Municipal fue el lugar en donde recuperamos fuerzas y antes de que caiga la noche salimos para recorrer los 87 kilómetros que nos separan de Antofalla. Ese tramo nos llevó más de dos horas de viaje debido al camino sinuoso y pedregoso, ya que el asfalto se termina en la villa antofagasteña.
Vamos por la quebrada del Diablo. El nombre causa zozobra, pero nos explica el profesor Miguel Varas, nuestro chofer de ocasión, que el nombre se debe a que encontraron pinturas rupestres con dibujos alusivos y de ahí vino la denominación.
Existe otro camino por la Laguna Colorada y la quebrada de Calalaste el cual evitamos en la ida porque estaba más deteriorado. Miguel nos cuenta que los paisajes son de ensueño. Quedará para la próxima.
La oscuridad cae sobre nuestros cabezas y no podemos apreciar el salar de Antofalla -el más grande del mundo con sus 150 kilómetros- ni Botijuelas, donde vive el solitario Simón. Como generoso premio consuelo la Puna nos regala una vista increíble de la Vía Láctea.
A Antofalla se llega en vehículos 4 x 4. Está a 3.900 metros sobre el nivel del mar y la habitan unas cincuenta personas. La totalidad de las casas están construidas con adobe.
Cuando entramos a la comunidad impera el silencio. El viento comienza a soplar, como si fuera una prueba de sonido del concierto que dará entrada la madrugada.
De algunas viviendas sale un murmullo, ruido de cubiertos y platos, y un olor a comida. El punto de encuentro es el edificio de la delegación municipal que en unas horas pasará a ser propiedad de la comunidad tal como lo dispuso el intendente de Antofagasta de la Sierra, Héctor Mario Cusipuma.
Llegamos al punto de encuentro. La señal de Wifi es regular, pero lo suficiente para avisar a nuestros seres queridos que va todo en orden.
En el patio trasero del salón hay un grupo de hombres que tienen a cargo la custodia de la gran parrilla y dos chulengos con carne asada. Al paisaje lo completan dos ollas de locro que reposan sobre las brasas. El frío aún es amigable. Con el correr de las horas irá recrudeciendo.
El salón es atravesado por una mesa de tablones. El pan francés ya está cortado en rodajas y distribuido en bandejas de plástico. Los vasos, también de plástico, están prolijamente apilados. A cargo de la organización y de que no falte un detalle está David Ramos, el cacique. Se acerca, nos presentamos y nos estrecha la mano. En la comunidad la máxima autoridad es el cacique, cuyo cargo se vota cada dos años en Asamblea. Otra pata clave en la organización de la comunidad es el Consejo de Ancianos, un grupo de personas mayores de 65 años quienes, entre otros roles, tienen la facultad de desempatar cuando las elecciones están igualadas.
Son varias las mineras que están trabajando en los alrededores de Antofalla. El rol de estas empresas es determinante para la comunidad, ya que la mayoría de sus habitantes viven del trabajo que les dan. Es por eso que no sorprende ver entre los habitantes a geólogos y referentes de esas empresas, quienes fueron invitados a participar de la celebración.
Antes de las 23 se sirve el locro para cada invitado y luego, en una gran bandeja plateada que lleva el logo de una de las mineras, se colocaron diferentes cortes de asado que algunos comen con pan y otros directamente con la mano.
Hay sonrisas, abrazos y la música que se pierde entre la conversación. Los niños del pueblo comienzan a llegar con sus ropas típicas para la ocasión. Prepararon un número de baile que será el broche de oro de la celebración.
Desde el otro lado de la calle, en la plaza Antofalla, ya están listos los parlantes con música folklórica andina. El sonidista acomoda la consola y la locutora repasa las indicaciones. A pocos metros, un grupo de hombres trabaja en el pozo corpachero, en donde minutos más tarde comenzarán a depositar las ofrendas.
Se aproximan las doce al reloj y de a poco el casi centenar de personas se forma en círculo. En el medio están el Cacique y el Consejo de Ancianos. Darío Ramos nos pide a los periodistas y camarógrafos que debemos estar detrás suyo hasta que comience la ceremonia.
El cacique explica cuáles son los pasos del ritual y describe cada acción. Uno a uno los integrantes de la comunidad van pasando, primero para sahumarse y espantar los malos espíritus. Luego de rodillas frente al pozo elevan plegarias a viva voz o en silencio. No pueden faltar la hoja de coca, el tabaco, el vino y otras bebidas alcohólicas. Tampoco las comidas típicas. Todos y todas corpachean. Los más viejos, los niños y hasta bebés en brazos. El frío ya castiga, pero nada los espanta, es más fuerte la devoción por la Pachamama y la espera de cada agosto para rendirle tributo y esperar que sea un año próspero para las cosechas y el trabajo.
Las ofrendas ya se acabaron. El equipo de sonido comienza a desmantelarse. Muchos van a buscar refugio y a descansar. Para otros la noche recién comienza y seguirán con la celebración.
Corpachada en Antofagasta de la Sierra
Frente a la Hostería Municipal, el mediodía del 1 de agosto se realizó la ceremonia de La Corpachada en la que estuvo el intendente Cusipuma, quien se refirió a la importancia de sostener estas tradiciones. En la ceremonia estuvieron vecinos de la localidad que acompañaron las coplas ofrecidas por Marcelo Vázquez y Epifania Salva, ambos de reciente paso en la Fiesta del Poncho.
“Es bueno mantener una tradición, nuestra identidad, no olvidarnos y sobre todo agradecer porque nosotros vivimos en Antofagasta, donde muchas cosas se nos hacen imposible, pero la Madre Tierra nos ayuda a salir adelante, a solucionar un montón de cosas. Empieza agosto, empieza un mes cuando se prepara la tierra para la siembra, entonces también en la Corpachada es un poco pedir permiso a la Madre Tierra para hacer eso y que todo salga bien”, expresó el intendente.
A su vez se refirió a la cesión del edificio de la delegación que ahora quedó en manos de la comunidad Antofalla. “Si nos unimos, vamos a permitir tener desarrollo y progreso; podemos lograr el crecimiento de Antofagasta, que es lo que estamos buscando todos nosotros”.
El cacique de la comunidad, David Ramos, celebró la rúbrica de este acuerdo y señaló que la idea es trabajar en conjunto. “Creo que buscando un buen diálogo tenemos metas para cumplir para la comunidad. Mi objetivo es que mi comunidad crezca”.
Texto: Pablo Vera
Fotos: Ariel Pacheco
Laguna Blanca, departamento Belén, fue escenario de la celebración de la Corpachada. En esa comunidad se celebraron los 25 años de la fiesta que desde hace varios años es compartida por miles de turistas que viajan para presenciar el ritual milenario.