lunes 6 de abril de 2026

50 años de la Masacre de Capilla del Rosario

Revista Express conversó con cinco protagonistas de distintos hechos vinculados a este luctuoso episodio de la historia de Catamarca.

Entre la madrugada del 11 y la mañana del 12 de agosto de 1974 se sucedieron los hechos que concluirían en lo que se conoció en Catamarca como la 'Masacre de Capilla del Rosario', un episodio violento en el que fueron acribillados 16 militantes del Partido Revolucionario de los Trabajadores y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), luego de haberse rendido en un intento frustrado por copar el Regimiento de Infantería Nº17 para tomar las armas.

Ese fin de semana, hace 50 años, más de 40 miembros del PRT-ERP, que integraban la Compañía de Monte ‘Ramón Rosa Jiménez, habían llegado a Catamarca con la misión de tomar las armas del Regimiento; pero la señal para ingresar se demoró por que había una fiesta en el cuartel. Los guerrilleros aguardaron a bordo del colectivo que los trajo de Tucumán a un costado de la ruta en Banda de Varela, donde fueron abordados por la Policía. Allí fallecieron dos de ellos, y el resto escapó dividido: algunos, los que conocían el terreno, llegaron a la ruta y caminaron hasta que en la mañana pudieron tomar un colectivo que los devolviera a Tucumán; mientras que el resto se metió al monte, donde caminaron y se ocultaron casi un día y medio. Otros fueron detenidos.

Los que se metieron al monte fueron rodeados en Capilla del Rosario, en un operativo en el que para ese momento ya intervenían además de la Policía y el Regimiento Nº17, personal de la Policía Federal. Una vez que fueron desarmados y se rindieron, fueron fusilados.

Revista Express dialogó con tres sobrevivientes de aquel fin de semana. Todos recuerdan el pasado sin arrepentirse, pero también sin resentimientos por lo ocurrido, aunque aquello no implique el perdón. Además, aseguran, no quieren seguir persiguiendo militares.

Ángel Belisario Gutiérrez acaba de cumplir 75 años. Tenía 25 recién cumplidos en aquel momento. Nació en Santiago del Estero y se incorporó al ERP en 1971, donde ya militaba su hermano Carlos. Él fue uno de los dos primeros fallecidos en la madrugada del 11 de agosto de 1974. Trabajaba manejando colectivos en esa provincia cuando participó de la organización sindical de la UTA, en 1971 y fue detenido. Trató de reincorporar de nuevo al trabajo, pero no lo aceptaron y trabajó en la obra social de la UTA hasta que “pasó a la clandestinidad”. “En la clandestinidad había mucha solidaridad. Nuestra organización tenía una especie de economato solidario con los cuales trataban de ayudar a aquellos compañeros que tenían problemas de insertarse en la producción. Teníamos una vida muy austera, con las complicaciones que eso significa, pero siempre confiamos en la solidaridad del pueblo”, contó.

“Estábamos preparando un embrión de un futuro ‘Ejército del Pueblo’, teniendo en cuenta la historia nacional. Nuestro pueblo estaba huérfano con respecto al rol de las Fuerzas Armadas Argentinas, que habían dejado digamos de cumplir el rol sanmartiniano, belgraniano, de nuestros héroes de la Independencia, y nos dolía mucho en el alma. Hoy en el siglo 21 se siguen planteando viejos karmas históricos que tenemos con respecto, por ejemplo, a la falta de federalismo. Este es un país que se ha construido en base a un unitarismo desde el centro, dejando de lado la integridad territorial y el cuidado de la soberanía nacional. Seguimos padeciendo esos mismos problemas que nosotros planteamos en su momento”, opinó.

Mario Paz tenía entonces 23 años. Es oriundo de Metán, Salta, y se incorporó al ERP en 1969, después del Cordobazo. Estaba trabajando para La Lácteo, en Córdoba, y estudiaba Medicina cuando le propusieron integrar la Compañía de Monte. “Justo por aquellos días habían derrocado a Ricardo Obregón Cano y a Atilio López en Córdoba, o sea que se venía un avance de la derecha. Ya habían desplazado a Oscar Bidegain en Buenos Aires, habían comenzado a desplazar a los gobiernos democráticos. Para mí fue un orgullo pleno haber sido seleccionado para integrar ese primer intento de construcción de un futuro Ejército Revolucionario, con ‘Guty’ y otros compañeros. Veíamos que el pueblo una y otra vez tomaba gobiernos democráticos, pero una y otra vez los militares los desplazaban y se enseñoreaban ellos como sirvientes de imperialismo. Esa fue nuestra reacción. Veíamos como necesaria la construcción de un partido, de un ejército y de un Frente Popular de Liberación Nacional”, contó.

Otros tiempos

Paz asegura que “fue un orgullo” participar de aquellos días porque “por primera vez íbamos a contar con la posibilidad de construir un ejército que libere zona y que pueda también este apoderarse de provincias enteras y comenzar a construir un poder popular, expropiar los medios de producción y ponerlos al servicio del pueblo”. “No éramos tropas mercenarias. Éramos tropas argentinas. A veces nos han quitado esta propiedad. Había obreros, había trabajadores, había provincianos y también una idea de soberanía nacional y una relación internacional, porque pensábamos que el desarrollo político y la liberación no solamente pasaba por nuestra patria, sino pasaba por toda Latinoamérica y el mundo”, dijo.

Gutiérrez recuerda que hace 50 años “éramos jóvenes, cargados de sueños y de ilusiones”. “Éramos conscientes de los riesgos que se corrían, teníamos mucha confianza que todo iba a salir bien basándonos en los informes que nos proporcionaban nuestros soldados patriotas que colaboraban. La idea no era de ir a hacer un combate, sino simplemente un golpe de mano basado en la sorpresa y en la iniciativa para recuperar los recursos que buscábamos. No estábamos buscando un combate. En ese momento eran los primeros pasos que daban las organizaciones libres de pueblo, formando grupos de autodefensa”, explicó.

En ese sentido, Gutiérrez sostiene que en aquellos años “no estábamos preparados para la democracia, porque no la habíamos vivido”. “No teníamos esa mirada. Nosotros veíamos negro en el futuro, diferente a lo que estamos viviendo en este siglo, donde en general la tendencia en el mundo es a buscar soluciones democráticas”, remarcó.

Una condena anulada

En octubre de 2013, el Tribunal Oral Federal de Catamarca condenó al Capitán Carlos Carrizo Salvadores, al Subteniente Mario Nakagama y al Teniente Primero Jorge Exequiel Acosta, por "homicidio doblemente agravado" con la calificación de "delitos de lesa humanidad". Sin embargo, la condena fue anulada en 2016 por la Cámara de Casación, que no negó los hechos, sino que rechazó "la existencia de un plan sistemático de persecución y aniquilamiento de un sector de la población civil", y esto fue ratificado por la Suprema Corte de Justicia en marzo de este año. Ninguno de los sobrevivientes quedó conforme, pero tampoco se sorprendieron con la decisión.

“La verdad no teníamos mucha expectativa. La Justicia también era parte del sistema. Siempre trató de justificar la represión, las violaciones, los secuestros, las desapariciones de personas. Por suerte en el pueblo hay muchas visiones democráticas y hubo gente que empujó para que la Justicia fuera independiente del poder. Es la gran lucha que tenemos en estos días. No hay una democracia en la constitución de los tribunales, son hereditarios, es una casta que está al margen de los pueblos. Siempre los condenados son los hijos del pueblo, y a los que producen los desfalcos y las violaciones siempre les encuentran una justificación. Entonces no nos sorprende que existan muchas injusticias”, lamentó Gutiérrez.

Paz, por su parte, cuenta que se sentía “satisfecho” cuando se iba de Catamarca y al costado de la ruta veía el Penal de Miraflores “y allí estaban los fusiladores”. “En ese momento me iba contento. Ahora, pasado el tiempo, al cambiar también la realidad argentina, que hoy tiende a que se libere a todos los violadores de los derechos humanos, matadores y genocidas, quisiera que hubiese una equiparación con lo que pasó con nosotros, que haya una justicia mucho más profunda. Ahora sabemos que esa justicia profunda llega solamente cuando se produce un momento de revolución. En el medio existen muchos intereses, mucho más ahora que prácticamente hay un giro para la derecha”, opinó.

Otro sobreviviente es Jorge Ramírez, ‘El villero’. Para él, lo que pasó en la Corte “se podía prever”. “Actúan con esa impunidad. Detienen y liberan con distintos instrumentos, pero en definitiva la causa sigue sin justicia. Esperamos que se profundice y se haga justicia por nuestros compañeros”, opinó. Sin embargo, al mismo tiempo consideró que “es una gran emoción que este caso se haya resuelto” en aquel juicio de 2013. “Nunca pensamos que íbamos a lograrlo, y lo hicimos con la colaboración de todo el pueblo de Catamarca y los organismos de derechos humanos. El mejor homenaje es que se haya logrado comprender que fue un momento muy difícil. Nuestros objetivos fueron claros y creo que la juventud hoy lo entiende. Éramos muy conscientes del peligro, pero estábamos convencidos de los pasos que estábamos dando. No han sido fáciles todos estos años que fueron pasando. Se consiguieron muchos derechos y hoy vemos que estamos retrocediendo”, aseguró.

Mirar hacia adelante

Paz y Gutiérrez coincidieron en que “no hay que perseguir” a los militares. “Así como pensamos en aquellos momentos construir un ejército que tenga la dimensión del ejército de San Martín, de Belgrano, de Güemes, de Moreno, hoy creo que necesitamos un ejército para mantener la soberanía nacional. No se puede hacer una revolución sin tener un ejército que nos defienda, que cuide nuestras espaldas. Llegará el momento en que la sociedad podrá madurar y reconocerlo. Tampoco quiero seguir persiguiendo a militares. Los genocidas condenados tienen que cumplir sus condenas, pero no voy a hacer una vendetta con ningún militar porque ya han pasado 50 años de aquellos hechos. Tenemos que comenzar a pensar con altura, con dimensión, con grandeza para construir un país diferente”, opinó Paz.

“Esto no quiere decir que perdonamos a los torturadores, a los que nos empalaron en Campo de Mayo, a los que torturaron y que violaron. Ellos bien condenados de están. Pero para construir un país con gran necesitamos Fuerzas Armadas. No tengo ningún tipo de resentimiento, al contrario. No vivo lamentándome de haber participado, ni pienso que no sirvió para nada. Sirvió como ejemplo de que es posible comenzar a proponer cosas diferentes. Nosotros éramos representantes de un proyecto de país diferente, eso es lo que nos llevó a que nos atacaran tan profundamente”, agregó.

Para Gutiérrez también es “una etapa superada”. “Nosotros no fuimos víctimas, fuimos militantes revolucionarios de conciencia. Sabíamos las cosas que hacíamos y las consecuencias que eso podía representar, porque estábamos convencidos de que era necesario hacer una revolución. También hemos aprendido de las experiencias: que en una revolución cuando es verdadera, se triunfa o se muere. No hay muchas alternativas. No albergamos ningún tipo de persecuta, ni de nada por el estilo. Sí pensamos que se han violado leyes de la guerra”, expresó.

“Yo no estoy arrepentido de la historia que me tocó vivir porque me siento parte de la historia de este país. Fuimos genuinos, éramos hijos nacidos de acá. En lo personal, me dolía en el alma que no tuviéramos Fuerzas Armadas que nos entendieran. Creo que las Fuerzas Armadas mismas fueron utilizadas, porque muchas veces se confunde el gobierno con el poder. El gobierno es una cosa, es el proyecto político de un sector de la sociedad que trata de convencer a los demás de lo mejor de su propuesta, pero el poder es clandestino. En ese sentido creo que a las Fuerzas Armadas las han utilizado, las han demonizado, y cuando les conviene las dejan solas”, señaló Gutiérrez.

En esa línea, Paz consideró que “cada clase llora sus muertos”. “Ellos por supuesto lloran desde el poder. Nosotros los lloramos, los manifestamos, los defendemos como parte de la lucha popular, de parte de los que siempre pierden. Ellos han venido perdiendo porque se los ha sometido a estos juicios, pero eran juicios legales, juicios de lesa humanidad. Hoy, ya que se encumbraron en el poder, se sienten agigantados y quieren venir por todo. Van a venir por nosotros, incluso ya ha habido muertes de algunos compañeros. La derecha está comenzando a tomar vuelo, motivada por este impulso negacionista y reivindicativo de los torturadores”, cerró.

Un legado que se hizo esperar

En 2004, cuando la causa no tenía avances, el fotógrafo y docente Eduardo Aroca aportó al expediente una serie de fotografías que habían sido tomadas en aquel agosto de 1974 por José Nieto, fotógrafo de La Unión. Nieto había estado aquella mañana de la masacre en cercanía a la Capilla del Rosario, y luego fotografió todo lo que vio hasta el lugar de los hechos. Guardó las copias casi hasta su muerte, y se las entregó a Aroca, quien hoy ya no las tiene por cuestiones de seguridad. "Me amenazaron tres veces, así que se las dejé a una persona de confianza", contó.

"Un día José Nieto me invitó a su casa y me regaló un sobre de papel, que yo guardé sin revisar porque pensé que había querido regalarme unos pesos. Cuando él falleció, me acordé del sobre y lo abrí: ahí me encontré las tiras de negativos de las fotos. Las puse a contraluz y me quería morir, era una cosa absolutamente increíble. Uno no siempre veía que estas cosas pasaban en otro lado de la Argentina en otro lado del mundo, pero que pase acá en tu tierra es complicado, porque nosotros nos creíamos afuera de esto y no era así", recordó Aroca.

En las fotos se veía a cuatro grupos de actores: la Policía de Catamarca, el Ejército del Regimiento 17 de Infantería, la Policía Federal y otros militares que habían llegado a Catamarca. "Todos están identificados en las fotos. Se veía a las personas de Catamarca, a las de afuera que habían intervenido, cómo ocurrieron los hechos. Analizando todas las fotografías, que eran como 20 imágenes, uno hacía una relación temporal: qué hicieron, adónde fueron, por dónde vinieron", contó Aroca a El Ancasti.

"Mucha gente reclamaba que Nieto se guardó este material. Yo decía que no teníamos que juzgarlo, nosotros tenemos que agradecerle porque las guardó. Tuvo el valor de guardarlas y cuando él vio que era necesario, espero ese momento, el más importante. Capaz que, en esa época, en la década del ’70, no hubiera sido de tanta importancia como fue después. Siempre digo que hay que felicitarlo a José Nieto porque tuvo el valor de guardarlo y de entregarlo en el momento justo. Así se reactivó todo, se hizo el juicio y se condenaron a los militares que participaron en este hecho tan lamentable para nuestro país", destacó.

“Siempre pienso y me da escalofríos pensar qué hubiera pasado si esta gente lograba entrar en el Regimiento. Iba a hacer algo como La Tablada (NdR: en alusión al intento de copamiento del cuartel de La Tablada, el 23 de enero de 1989, cuando un grupo armado del Movimiento Todos por la Patria intentó tomar el Regimiento de Infantería Mecanizada 3, donde murieron 32 guerrilleros, nueve militares y dos policías). Se frustró antes por circunstancias aledañas. Me gustaría que se recuerde como una de las etapas más tremendas de nuestra patria, que no debería volverse a repetir bajo ninguna circunstancia. No tenemos que volver nunca más a eso, jamás porque no vamos a tener futuro como patria ni como Nación”, le dijo Aroca a RE.

La historia de los que ayudaron

Lila Macedo era una joven militante de la JP en aquel agosto de 1974. En ese momento, decidió ayudar a los sobrevivientes que habían quedado detenidos en dependencias policiales. Eso significó para ella la detención: fue la primera presa política de Catamarca.

“En ese momento la vida me permitió estar en el lugar indicado y en el momento justo. Cuando se produce la masacre y quedan 14 detenidos, ellos son pasados a la cárcel. Una vez ahí, yo que era estudiante, laburante y militante de la JP, me presenteé con un grupo de compañeros a visitarlos y hacer que se visibilice a estas personas que habían quedado con vida. En alguna oportunidad uno de ellos me lo dijo: ‘si no hubiesen aparecido ustedes, creo que otra hubiese sido nuestra historia’. De esa manera tratamos de revincularlos con sus familias, porque ninguno era de Catamarca y muchos ni sabían que estaban acá, entonces nos pusimos en contacto con familias en Córdoba, Santa Fe, Tucumán, de todo el país. Además, les llevábamos elementos para rehabilitación y medicación, porque quedaron muy torturados. Estaban en un espacio de la vieja cárcel que era inhumano, un chiquero para chanchos hubiera sido como el Sheraton al lado de ese lugar”, contó Macedo.

“A mí no me pagaban, no me drogaban, no me pidió a nadie, no me pagó nadie que vaya. Lo hice por convicción, lo hice por solidaridad y no me importaba de qué partido eran. Estuve incondicionalmente en ese momento, cuando más me necesitaron, y también estuve en otro momento que fue durante el juicio de lesa humanidad. Me presentaron como testigo y fui. Lo hice con mucha convicción, en aquella oportunidad y después de tantos años cuando se llevó a cabo el juicio. Incluso cuando terminé de declarar, le pedí permiso al juez para decir unas últimas palabras y dije que, si la vida a mí me proponía y me llevaba a un lugar y un momento como ese, yo lo volvería a hacer y no me arrepiento absolutamente de nada. Sigo pensando lo mismo”, dijo.

Tres meses después de esos hechos, ella fue detenida. “Una vez que se establece el Estado de Sitio el 6 de noviembre de 1974, cinco días después, el 11, me detuvieron a mí y así me registran como la primera presa política de Catamarca. Pasé casi cinco años detenida primero acá en Catamarca y luego trasladada a Devoto. En el 74 con Capilla del Rosario existía lo que existe hoy: terrorismo de Estado en democracia. Gobernaba María Estela Martínez de Perón a nivel nacional y acá en Catamarca gobernaba Hugo Mott, un gobierno constitucional y democrático. Hoy está Javier Milei, las armas son otras, los mecanismos son otros, pero está ejerciendo un terrible terrorismo de Estado y desgraciadamente los poderes demuestran que no son independientes. Están totalmente manipulados, manejados y negociados. No tengo confianza en la Justicia, pero hay que darle pelea y enfrentarlo”, señaló.

Lo dijo en alusión al fallo de la Corte Suprema, al que consideró “patético”. Trato de transformar y revertir lo malo en bueno. Quiero tratar de que esto nos fortalezca más, nos dé mucha más ganas, fuerzas y salud porque ya pasaron 50 años. Necesitamos mucha salud y mucha fuerza para que esa convicción no decaiga para seguir haciendo frente a toda esta barbarie”, expresó.

Texto: Peze Soria

Los fallecidos

• Mario Héctor Lescano

• Antonio del Carmen Fernández

• Juan de Olivera

• Héctor Moreno

• Carlos Rogelio Gutiérrez

• José María Molina

• Luis Santiago Billinger

• Carlos María Anabia

• Raúl Eduardo Sainz

• Juan Carlos Lescano

• Luis Roque López

• Silverio Pedro Orbano

• Roberto Domingo Jerez

• Rutilio Dardo Betancourt Roth

• Alberto Rosales

• Hugo Enrique Cacciavillani Caligari

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