En la ruta que lleva a Chile a través del Paso de San Francisco hay un tesoro al alcance de todos. Una fiesta de los sentidos que propone una experiencia inolvidable. El paisaje ofrece extensas planicies, lagunas de colores rojizos y turquesas, aguas termales, fauna autóctona en total libertad, dunas interminables, antiquísimas construcciones de adobe que resisten el paso implacable del tiempo y la concentración de picos volcánicos más alta del mundo.
Es el valle del Abaucán, una región que estuvo activamente poblada desde antes de la llegada de los Incas y -más tarde- de los españoles. Se respira belleza y se siente el latido de los pueblos ancestrales.
La diputada nacional Silvana Ginocchio (una entusiasta y permanente difusora de las bellezas de Catamarca) tiene presentado proyectos para resaltar este patrimonio cultural único que merece ser conocido por los argentinos y extranjeros, y ha gestionado una muestra virtual en el Congreso de la Nación con ese objetivo.
El evento, que ya está Internet, incluye fotos inéditas y videos cortos, es organizado por la Secretaría de Cultura de la Cámara de Diputados y se puede ver en su Instagram (la dirección es culturadiputados). Varias de las imágenes se pueden ver en este número Revista Express. Es un trabajo realizado por el fotógrafo Ariel Pacheco, con la colaboración de Carolina Cabrera, Jorge Campillay, Eduardo Salas. Los videos fueron realizados por Mariel Bomczuk, Eduardo Salar, y Hernán Colombo.
La ruta del adobe
Entre Tinogasta y Fiambalá, la Ruta 60 está llena de sorpresas para los viajeros. En su recorrido hay un rico patrimonio de conjuntos arquitectónicos y edificios históricos cuya construcción data de varios siglos atrás, que nos muestra cómo era la vida en los inicios de la Argentina.
Son construcciones de anchas paredes (algunas de más de un metro de espesor) levantadas con la técnica de los pueblos originarios en base a barro, estiércol y paja: pintorescas capillas, iglesias, casonas, estancias y ruinas de importantes cascos, en una paleta de ocres que encanta y transporta en el tiempo por un abanico de momentos históricos y sus contextos. La Ruta del Adobe es Patrimonio Histórico Cultural de la Provincia de Catamarca.
Además, en toda la zona se han encontrado restos arqueológicos que muestran la incesante actividad humana en la región, tanto en los períodos incaicos como anteriores. Pueblos ancestrales que caminaron los senderos del valle del Abaucán, un río cuyo nombre podría provenir de una voz cacana que significa “señor guerrero del alto” según Lafone Quevedo. Para Pedro Bazán, en cambio, el nombre deriva del adverbio “el de arriba”, y “can” tiene la misma raíz que greda o arcilla, que es la que usualmente lleva el río en sus crecidas. Sería entonces “río de la greda de arriba”.
La diputada Ginocchio tiene presentado un proyecto para que desde la Nación se designe con el nombre de “Ruta del Adobe” a este tramo de la Ruta 60 que se inicia en la localidad de Cerro Negro y finaliza en la ciudad de Fiambalá en Tinogasta, de aproximadamente 112 kilómetros. Busca declarar como “Patrimonio de interés arquitectónico, histórico, cultural y arqueológico de la Nación” a los conjuntos arquitectónicos y edificios históricos que hay en sus adyacencias.
Y también declara de interés nacional su difusión turística, conocimiento del patrimonio cultural material, inmaterial y natural, señalamiento y promoción, con miras al fortalecimiento y desarrollo de las economías regionales y carácter estratégico.
La llamada “Ruta del Adobe” tiene en Catamarca como antecedente una ley Provincial del 4 de julio de 2011, la 5.326, que declaró Patrimonio Histórico Cultural de la Provincia a las construcciones insertas en el camino.
Las emblemáticas construcciones son el Oratorio de los Orqueras (El Puesto, Tinogasta); Iglesia de Andacollo (La Falda, Tinogasta); Residencia Mayorazgo de Anillaco (Anillaco, Tinogasta); Iglesia Nuestra Señora del Rosario (Anillaco, Tinogasta): las Ruinas de Batungasta o Watungasta; Iglesia de San Pedro (Fiambalá, Catamarca) declarada monumento Histórico Nacional; y la Comandancia de Armas (Fiambalá, Tinogasta).
En su recorrido por el Valle de Abaucán, dentro del Departamento Tinogasta, la ruta atraviesa pequeños poblados y las ciudades cabeceras. Entre ellos se puede mencionar a Salado, Andaluca, Copacabana, La Puntilla, la ciudad de Tinogasta, El Puesto, La Falda, Anillaco y Watungasta.
Desde Cerro Negro se puede apreciar cómo comienza a perfilarse el paisaje histórico propio y típico de la ruta, en una paleta de ocres donde se destacan las construcciones de adobe. La localidad de Copacabana tiene una antigua estación del FFCC Belgrano de clásica construcción, con un telón de tornasoladas montañas y centenarios olivos a la vera de la ruta, uno de ellos con una casona del siglo XVIII. En La Puntilla se encuentra La Sala, una distinguida Casona Histórica que data del año 1850, de estilo neoclásico construida con adobe.
En la ciudad de Tinogasta se encuentran variadas construcciones, entre ellas la Casona de la Familia Orella -Casa Grande-, con una destacada construcción de adobe, ubicada a dos cuadras de la plaza principal. En el Puesto, se encuentra el Oratorio de los Orquera, una pequeña capilla familiar de principios del siglo XVIII con vigas de algarrobo curvado y una torre campanario en forma circular construida con barro.
En la Falda, la Iglesia de Andacollo, restaurada en el año 2004, conserva sus líneas del neoclásico. Las dos torres de color terracota se destacan entre la flora autóctona y el fondo de montañas que las enmarcan.
El Monumento Histórico Provincial “Mayorazgo de Anillaco” constituyó uno de los asentamientos más importantes de la época, donde se descubren las influencias de las estancias andaluzas del siglo XVIII. En este espacio se encuentra la Iglesia Nuestra Señora del Rosario, con piso de tierra, paredes de adobe y techo con vigas de algarrobo, caña y barro, construida en 1712 por Don Gregorio Bazán y Pedraza. Declarada Monumento Nacional en 1992, su altar está construido íntegramente en barro y es considerada una de las expresiones más importantes del arte religioso popular.
En Watungasta, se encuentran las ruinas del “Pueblo de los grandes adivinos” o “unión de pueblos”, según su nombre indígena. Poblado prehispánico. Su construcción data del tiempo del dominio de los incas en el norte argentino, que luego fueron reutilizadas por los españoles. Son construcciones con cimiento de piedra y muros de adobe.
En Fiambalá, sobre la Ruta del Adobe se destaca la Iglesia de San Pedro monumento Nacional. El templo respeta la arquitectura colonial del siglo XVIII. En el dintel de la puerta se observa grabada la inscripción: "Año- Hizo el Cap. J.H.S. Domingo Car. 1770" en alusión al Capitán español Domingo Carrizo. También “La comandancia de Armas”, que data del año 1745, construida por Diego Carrizo de Frites.
Los Seismiles
Llegando al Paso de San Francisco, la ruta corre por una región única en la Argentina, serpenteando entre una veintena de volcanes que se elevan a más de 6.000 metros y constituyen la mayor concentración mundial de altura, solo superada por el Himalaya. Es el campo volcánico más grande del mundo.
El viajero puede ver vicuñas y guanacos en total libertad, y también otros animales más escurridizos como la Chinchilla grande, el Zorro colorado o el Puma. Y aves singulares de la zona como la parina grande, una especie de flamenco que hunde sus patas en las lagunas. Una experiencia distinta de contacto con la naturaleza.
Otro proyecto de ley de la diputada Ginocchio busca designar oficialmente con el nombre de “Ruta de Los Seismiles” al tramo de la Ruta Nacional N° 60, de 197 kilómetros, dentro del Departamento Tinogasta, que se extiende desde el Kilómetro 1373, en la localidad de Fiambalá, hasta el límite internacional con Chile. También declara de interés nacional “su difusión turística, conocimiento del patrimonio natural, señalamiento, promoción y desarrollo, con miras al fortalecimiento de las economías regionales y carácter estratégico”.
El tramo "La Ruta de Los Seismiles" inicia su recorrido en la rotonda de Fiambalá hacia el oeste, con un trayecto totalmente pavimentado que atraviesa el campo volcánico.
Entre los Seismiles se distinguen con plenitud los volcanes Ojos del Salado, que mide 6.893 metros sobre el nivel del mar, es el volcán más alto del mundo y la segunda cumbre de América después del Aconcagua (que tiene 6.960 metros); el Walter Penck, de 6.658 metros, y el Incahuasi de 6.638 metros; el Pissis ofrece cinco cumbres para el ascenso: la principal, a 6.882 metros. El Cerro Tres Cruces y el San Francisco de 6.749 y 6.080 metros respectivamente.
Hacia finales del Cretácico, hace más de 80 millones de años, todos estos volcanes estaban en erupción, luego del surgimiento desde el fondo del océano de la Cordillera de los Andes producto del movimiento de placas tectónicas. La actividad volcánica posterior fue determinante de la configuración del relieve que se observa ahora.
El paisaje ofrece innumerables picos, planicies, lagunas de colores rojizos y turquesas, aguas termales, en un entorno de escasa vegetación, y algunos animales que le aportan una vida inusitada: los flamencos con sus patas sumergidas en lagunas, manadas de vicuñas, guanacos y llamas, gallaretas y otras aves.
Es un camino sinuoso en constante ascenso, donde a cada paso pueden apreciarse variadas escenografías, por sus colores y texturas. La ruta va atravesando los descomunales volcanes que se suceden uno tras otro con la característica forma cónica de bonete trunco y, a sus pies, las coladas basálticas cuando estos vaciaron por completo su contenido, derramándolo por el valle como ríos de lava convertidos en oscuros escoriales.
La parte inicial del trayecto tiene un paisaje árido, con algunos algarrobos solitarios y arbustos como la retama, la jarilla, el cachiyuyo y la gramilla, para luego abrirse a parajes desolados como el llamado Guanchín, donde se encuentran los restos arqueológicos de un poblado diaguita habitado entre 700 y 800 años atrás.
En el paraje Loro Huasi, la topografía del terreno cambia abruptamente, observándose placas sedimentarias que, al surgir la Cordillera, quedaron en la superficie con las puntas señalando al cielo que el viento afiló, haciéndolas parecer puntas de flecha. A la derecha de la ruta corre el río Guanchín, alimentado por los deshielos cordilleranos.
En La Angostura, se alcanza los 2.000 metros, algunas montañas aparecen cubiertas de arenisca roja del Paleozoico y otras muy oscuras por la magnetita oxidada del Ordovícico, con ausencia de vegetación. A los 3.000 metros se encuentra el Valle de Chaschuil, término que en idioma cacán o kakan –lengua del pueblo diaguita– significa “reunión de valles”, donde existe un arroyo habitado por una comunidad de cangrejos, y las ruinas de un refugio de piedra levantado alrededor de 1770 por quienes llevaban ganado a Chile, que se divisa desde la ruta.
Ya en el Paso de San Francisco está la Hostería Internacional de Cortaderas, ubicada 3.400 metros sobre el nivel del mar y a 100 kilómetros de Fiambalá, el lugar ideal para un buen descanso en un alojamiento de ensueño. Un fabuloso lugar que ofrece increíbles vistas a través de amplísimos ventanales.
Montañismo
Los aficionados al andinismo encuentran un lugar soñado para practicar el deporte, entre volcanes de distinto tipo de dificultad para escalar. Lo más destacado es la accesibilidad: en todas las rutas hay refugios especialmente preparados, separados entre sí por unos 30 kilómetros. El volcán Pissis tiene un mirador -el “balcón”- desde donde se puede contemplar un curioso paisaje de lagunas que no parece de este planeta.
Por eso, centenares de escaladores que llegan a esta zona cada año, procedentes de todo el mundo, para escalar las cimas de Los Seismiles suelen acampar en el paraje Casadero Grande (3.600 metros).
El Paso de San Francisco fue utilizado antiguamente por los pueblos originarios, luego por los colonizadores en las corrientes que ingresaban por Chile y que fue estratégico en el desarrollo comercial hasta la segunda mitad del S. XIX, decayendo a partir de entonces. En este sentido, en la actualidad, su uso es oportunidad de desarrollo, como puerta al Pacífico, por cuanto a 523 kilómetros de Fiambalá se encuentra la ciudad chilena de Caldera, la cual posee un puerto comercial.
Las dunas y las termas
El panorama, imponente, no parece de esta tierra. Las dunas en Fiambalá dan la impresión de un paisaje inmóvil e inquietante. Pero los sentidos a veces engañan: el continuo y lento movimiento de las arenas, por acción de los vientos, provocó que antiguas construcciones quedaran enterradas -inclusive un pueblo entero-, mientras al mismo tiempo en otra parte salen a la luz valiosos yacimientos arqueológicos. Caprichos de la naturaleza que insiste en revelar nuestros orígenes.
En las “dunas mágicas” de Medanito se nota el movimiento y nuca parecen iguales. Enclavadas entre las arenas milenarias aparecen las termas de Fiambalá, con agua que brota de la tierra a 1.750 metros sobre el nivel del mar y se convierte en curativos piletones sucesivos que van de 51 a 38 grados de temperatura antes de que el agua se pierda otra vez en las dunas.
La “Puerta de los Seismiles” es la ciudad de Fiambalá, en el Departamento Tinogasta, que suma entre otros sitios a su patrimonio social, cultural e histórico, sus importantes termas rodeadas de altas montañas, y las Dunas de Tatón, con sus grandes médanos, las más altas de América del Sur, que fueron escenarios del rally Dakar. En la actualidad posee 950 plazas formales (registradas y habilitadas) distribuidas en hoteles, hosterías y hoteles boutique.
El 25 por ciento del total de turistas que ingresan provienen del extranjero (las principales procedencias son Brasil, Chile, Alemania, Francia, y Suiza): La mayor parte de ellos llega en los meses de verano, ya que su interés principal es el andinismo. Sin embargo, gracias a la diversidad de paisajes y circuitos, ha logrado romper con la estacionalidad turística por lo que año tras año muestra crecimiento, encontrándose en expansión.
La Ruta de los Seismiles y la del Adobe, en Valle del Abaucán, no solo es un paseo turístico, sino que representa, además, una oportunidad para fortalecer la economía regional a través del turismo. Es una fuente de trabajo y progreso para los catamarqueños, que tienen en su propia tierra una riqueza que espera ser descubierta.
Los proyectos legislativos y las muestras como la que ahora está vigente en Diputados ayudan a darle visibilidad, importancia e identidad a lo que Catamarca tiene para ofrecer.
Muestra
La muestra en el Instagram culturadiputados contiene fotografías de Ariel Pacheco, Carolina Cabrera, Jorge Campillay, Eduardo Salas. Los videos fueron realizados por Mariel Bomczuk, Eduardo Salar y Hernán Colombo.
lncluye el trailer de un documental sobre los Seismiles, producido por Andrea Pérez (dirección), Julio Carrizo (producción), Marcia Rodríguez y Andrea Pérez (guión), Facundo Albiero (dirección de fotografía); Facundo Albiero, Julio Carrizo y Andrea Pérez (cámara); Fernando César Villalba (sonido en rodaje); Juan Pablo Di Bitonto (montaje); Facundo Albiero (colorista) y Gonzalo Pastrana (asistente de Montaje).
Descripción
Federico Pais, en su obra “Imagen de Catamarca” describe de manera elocuente a la región, poniéndole aroma, color, textura, dimensión, ritmo y diversidad: “La montaña es aquí un actor polifacético, que sube al tablado con diversas caracterizaciones. Desde la esquelética y fósil, piedra pura, hasta la que se adorna con flores exquisitas y helechos gigantescos, desde la desértica y hosca hasta la sonriente y fértil. Cumbre, meseta, faldeo, quebrada, valle: aquí están todos los aspectos de la montaña; hasta las nieves perpetuas, y la que se abre en negras bocas de volcanes dormidos”.