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SEMBLANZA

A María Rosa Calás de Clark

Su colega Judith de los Ángeles Moreno destacó a la docente universitaria, formadora de varias generaciones de profesores de Lengua.

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17 de octubre de 2021 - 01:00 Por Redacción El Ancasti

El pasado sábado 9 de octubre falleció en San Fernando del Valle de Catamarca (SFVC), María Rosa Calás de Clark, excatedrática de la Universidad Nacional de Catamarca, investigadora rigurosa; Miembro Correspondiente de la Academia Argentina de Letras; autora-editora responsable de los IV volúmenes que abarca la obra Historia de las letras en Catamarca (publicados en 1991, 1993, 1999 y 2006 respectivamente), y quien fuera declarada Ciudadana Ilustre por el Concejo Deliberante de SFVC, en 2008.
Ejerció la docencia universitaria con una vocación inquebrantable, caracterizada por su buen hacer y por el alto sentido de la responsabilidad que transmitía a sus estudiantes. Como parte de su contribución a la formación en Lengua y Lingüística dictó numerosos cursos de actualización disciplinar. Su trayectoria docente la hicieron merecedora de formar parte del equipo de consultores especialistas en el marco del programa de Reformas e Inversiones en el Sector Educación (P.R.I.S.E.) en los años noventa, entre otras tantas actuaciones descollantes como formadora de formadores.  
Riojana de nacimiento, era una catamarqueña aquerenciada en esta tierra desde muy pequeña. Tenía muy en claro que el ejercicio de la crítica literaria, con base en la lingüística, era su tarea primordial, a la que dedicó su empeño en estudiar las producciones literarias o culturales de Catamarca.
Antes que mis notas amarilleen (2007) es el título que escogió para reunir sus estudios críticos y para evitar que sus notas quedaran olvidadas en un cajón. Contiene escritos sobre obras de autores/as catamarqueños/as, así como de otras provincias. También un breve estudio sobre la poesía de José Pedroni “uno de los poetas argentinos que más admiraba”, además de una investigación pionera sobre las Revistas Culturales en Catamarca.
Entre sus numerosas publicaciones, muy apreciadas por investigadores y lectores en general, destacan: Nuevos apuntes para la Historia de las letras en Catamarca (UNCA., 2000); Escritores, Escrituras, Visiones de mundo (UNCA., 2003); Historia del teatro espectacular en Catamarca. Siglo XX (Secretaría de Educación, Cultura y Deportes de la Municipalidad de SFVC, 2010); las reediciones críticas de obras señeras de nuestra literatura, como Catamarca en cielo y tierra de Luis Franco, Flores del aire de Adán Quiroga, Calesitas de Juan Oscar Ponferrada y Fervor de Alfonso María de la Vega.
Pero María Rosa Calás de Clark no fue solo la docente e investigadora que acabo de describir. Fue la esposa de su inigualable compañero, Guillermo Lacy Clark, y la madre amorosa de Guillermo Felipe, Javier Alberto y Esteban Lacy y la abuela feliz y solícita de Fede, Maxi, Guillermo Ignacio, Victoria, Nicolás y Lola. Siempre se sintió una mujer afortunada por la familia que había construido. La hacía feliz recibir a sus amistades en su casa de El Rodeo (Ambato) donde disfrutaba de los veranos y de las tertulias literarias. La vida cultural de la provincia la tuvo como activa protagonista durante décadas.
Su legado más perdurable es, sin duda, la valiosa contribución al conocimiento de la escritura literaria en Catamarca reunida en Historia de las Letras en Catamarca. Como apunta Pablo Javier Sosa (2014:41), se trata de una obra insoslayable para referirse al estudio de la literatura producida en esta provincia. […] [los volúmenes que la componen] constituyen el primer -y todavía único- trabajo sistemático que estudia de manera exclusiva más de un siglo de la producción literaria en Catamarca. El objetivo confeso es el “panorama” a través autores y textos considerados definitorios. Y, a la vez, embarcarse en la empresa de promover “una crítica regionalizada” que complete el mapeo literario nacional mediante la suma de miradas locales. 
Pasar por la vida y dejar una huella indeleble, perdurable, duradera. Este es el caso de María Rosa Calás de Clark o de Choli, como afectuosamente la llamábamos quienes la quisimos y quienes la respetamos académicamente y como persona. No en vano escribir, como leer, es siempre estar con alguien. De esto se sigue que se queda, usted, con nosotros y con los lectores que vendrán. 

Texto: Colaboración de Judith de los Ángeles Moreno
 

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