viernes 1 de marzo de 2024
Papelón

La Justicia desarmó el "operativo antiterrorista" de Patricia Bullrich

La jueza Capuchetti sostuvo que "no existen" pruebas contra el peluquero, el jugador de ping pong, ni el delirante a los que la ministra Patricia Bullrich involucró en la presunta planificación de un atentado en Buenos Aires.

El falso show antiterrorista de Patricia Bullrich terminó como un gravísimo papelón. La inverosímil historia fue desarmada finalmente por la jueza María Eugenia Capuchetti en un fallo de 22 páginas por el que dejó en libertad a los supuestos terroristas: un peluquero de Avellaneda, un jugador de ping pong y un delirante del microcentro que alardeaba de ser mercenario y agente de la Embajada de Estados Unidos.

Bullrich convocó a una conferencia de prensa el 3 de enero para anunciar, con bombos y platillos, que se había detenido a una célula que preparaba un atentado similar al de la AMIA. Minutos más tarde, el vocero presidencial, Manuel Adorni, no se perdió la oportunidad y felicitó a la ministra en nombre de Javier Milei. Pero tras una investigación de 15 días, la Justicia no tuvo más remedio que concluir que “no hay pruebas” del disparatado complot elucubrado por la Ministra.

La ministra había dicho que la Policía Federal, la Gendarmería y el Ministerio de Seguridad lograron desarmar “una asociación criminal trasnacional que se disponía a cometer un atentado en Buenos Aires”. En el marco de la investigación, fueron detenidas tres personas que Bullrich se negó a identificar. De entrada, filtraron a los medios que el dato de que habían ingresado a la Argentina tres sirio-libaneses que eran los que iban a perpetrar el ataque. Falso. Uno sólo de los detenidos llegó del exterior: Naem Chatay Chassan, de 67 años, que durante décadas vivió en Venezuela y con la crisis se mudó a Colombia. Vino a la Argentina con el plan de instalar un gimnasio en el que daría clases de tenis de mesa (ping pong) que es una de sus actividades en Bogotá. Chassan, además, es dueño de una perfumería en la galería Veracruz de la capital colombiana.

El segundo detenido, que no es sirio libanés ni vino del exterior, fue Juan Manuel Ledesma, al que le dicen El Rubio, un marginal que finge ser mercenario, agente de inteligencia y periodista. Es el que armó toda la historieta. El Rubio se enteró por un amigo conserje del hotel Gran España, que existía una reserva de una persona de origen sirio-libanés con pasaporte colombiano. Esos dos datos —origen sirio libanés y pasaporte colombiano— despertaron la imaginación de El Rubio y, por lo tanto, alertó a un amigo integrante de la Policía Federal, Maximiliano Gerez. Mientras se daba manija con esa sospecha, fue a cortarse el pelo a una peluquería de la avenida Rivadavia 919. Ahí, la dueña, Rubí, le contó que un muchacho estaba en un problema, iba a recibir un paquete de 35 kilos desde Yemen y que no quería recibirlo. El Rubio juntó todos los elementos y, todo indica, llamó de manera anónima al 911 y a la Embajada de Israel, diciendo que el sirio-libanés, con el paquete de explosivos venido de Yemen, atacaría algún edificio de la comunidad judía. En lugar de investigar con cautela, Bullrich armó su espectáculo.

El tercer personaje de la fábula es, precisamente, el peluquero del supuesto paquete, Ramón Alberto Domínguez, que tampoco es sirio libanés ni vino de ningún lugar: vive en Avellaneda. El muchacho se puso a chatear hace meses con una mujer, ésta le dijo que era norteamericana, que quería venir a la Argentina y que le iba a mandar un regalo. La Unidad Antiterrorista (DUIA) de la Policía Federal calificó el asunto como “una típica estafa”. Porque poco después llamaron al peluquero y le dijeron, de manera amenazante, que debía retirar el paquete y pagar 900 dólares. Por supuesto que la investigación determinó que no existió paquete alguno, era una maniobra para sacarle ese dinero.

Otros papelones de Bullrich

No es la primera vez y probablemente tampoco será la última- que la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, ofrezca, apresuradamente y sin argumentos de peso, versiones bastante disparatadas respecto de hechos de inseguridad, o presuntos hechos de inseguridad.

Es lo que hizo respecto del tiroteo que en 2019 terminó con la vida de Miguel Yadón y, al cabo de unos días, del diputado Miguel Olivares. Pero antes había sido protagonista –ella o las fuerzas de seguridad que comanda- de una serie increíble de papelones que pusieron de relieve la inapropiada desmesura de la funcionaria y de los efectivos que siguen al pie de la letra sus instrucciones.

El noviembre de 2018 fueron detenidos en Buenos Aires dos jóvenes musulmanes acusados de terroristas y así presentados por el Ministerio de Seguridad. No tardó mucho la Justicia en determinar la falacia de la acusación. El arma incautada en el allanamiento era una herencia familiar tenía casi un siglo- y los viajes que habían sido descritos a medio oriente como parte de un proceso de entrenamiento por parte del Hezbollah eran en realidad visitas a parientes.

En marzo de 2019 una pareja de prestigiosos arquitectos chilenos fue acusada de formar una célula anarquista que pretendía realizar un atentado contra el Congreso. Los detuvieron por dejar un presunto artefacto sospechoso. Era un maletín para una intervención urbana.

Casi al mismo tiempo, los jugadores del seleccionado de Pakistán que venían a participar de la Copa del Mundo de la Asociación Mundial de Futsal fueron deportados por errores en la documentación. El país de origen de los deportistas fue determinante para esa drástica decisión, sin precedentes en la historia argentina.

También en marzo de aquel año, a Mariana Pajón, una colombiana bicampeona olímpica de BMX, le retuvieron durante horas sus bicicletas, con las que venía a competir al país. Le exigían, para ingresar, verificación del pasado judicial.

El jueves de la semana pasada, a horas de conocerse la muerte de Yadón, Bullrich y otros funcionarios de Seguridad aseguraron que el hecho se enmarcaba en el accionar de “mafias que trabajan en el país” y que “atentan contra la democracia”, y que el asesinato del catamarqueño había sido perpetrado por sicarios.

La versión de la ministra, finalmente, fue desmentida por la propia Justicia, que sin tanto afán de protagonismo ni propensión a las apariciones mediáticas, fue descubriendo una trama muy distinta a la relatada en la conferencia de prensa por la ministra.

Para intentar no quedar tan mal parada, Bullrich se refirió, 24 horas después, a la mafia gitana, generando una definición estigmatizante e injusta hacia esa comunidad.

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