Cristian Gardel, socio fundador de Gardel Trading S.A
"Si es una piramidal, sería la estafa per cápita más grande del mundo"
Estimó que serían unos 30 mil damnificados en Catamarca, que afectarían a unas 120 mil personas en forma directa.
Procesado. Edgar Bacchiani está alojado en un calabozo federal.
Mientras la Justicia Federal de Catamarca y Córdoba suman denuncias por lavado de activos, intermediación financiera sin autorización, defraudación y asociación ilícita, al tiempo que la Justicia de la provincia de Córdoba acelera la investigación de denuncias por estafas todas contra Edgar Bacchiani, se multiplicaron los relatos de damnificados.
En este marco, el catamarqueño Cristián Gardel, licenciado en Economía y socio fundador de la firma Gardel Trading S.A, aseguró que si la Justicia determina que se trató de una estafa piramidal, "sería la más grande de la historia del mundo, a nivel per cápita".
En diálogo con Radio Ancasti, explicó que en años trayectoria "conocí muchos casos, y en el caso de Bacchiani lo que se ve es que tiene las mismas características de una estafa piramidal. Y como en todos los casos, lo principal es tener papeles y documentación como aval para hacer un reclamo" de las deudas.
"Según la información que tengo son cerca de 16.000 las personas damnificadas con contrato o en blanco, con un promedio invertido de 300 mil pesos por cada uno (unos 4.800 millones de pesos), y cerca de 16.000 afectados sin contrato o en negro", agregó.
De acuerdo a su estimación, "si se hace una cuenta de cuatro personas por familia, serían cerca de 120.000 personas afectadas directamente", si se considera que un inversor representa una familia.
Indicó que se estima que siete de cada 10 personas económicamente activas habría invertido en algún momento en este tipo de negocios, y que de acuerdo a la densidad poblacional de Catamarca, se trataría de la estafa más grande del mundo. Otras estafas se dieron en las grandes urbes, pero en este caso se trata de una población chica".
Sostuvo que las estafas piramidales existen desde hace muchos años, siendo la más conocida la llevada a cabo por el italiano Carlo Ponzi en 1920, que "se basaba en prometer a sus inversores una suma alta de dinero y el negocio consistía en tomar la plata de una persona para pagarle a otra. Eso generaba que al inversor se le pagara una ganancia alta que supuestamente era permanente y garantizada".
"Y se le llama piramidal porque muchos de los inversores obtienen una comisión", entonces cuanto mayor es la cantidad de aportantes y dinero, mayor es la ganancia del pocero que cobra.
"Esto termina cuando dejan de llegar nuevos inversores y se corta primero el pago a los más antiguos y se cae todo como un castillo de naipes", agregó.
En cuanto al alcance de los daños en la población catamarqueña consideró "permeó en todos los estratos sociales. Es algo transversal a toda la sociedad y los damnificados son personas de mucho dinero que por vergüenza no salen a la calle a protestar, y otros que tienen poco dinero y quieren recuperarlo".
Hizo hincapié en que "en los congresos internacionales en los que he participado, he visto fondos sin rentabilidades consistentes arriba del 30% anual en tres años. Son fondos de alto riesgo, se le advierte a los inversores pero nunca vi una rentabilidad de arriba del 200% anual y durante años (como prometía Bacchiani). Ni siquiera en Nueva York ocurre esto. Y en Catamarca (Bacchiani) surgió como un Mesías y terminó como terminó".
Y finalizó: " Las criptomonedas tienen muchísimas variaciones en todo el mundo y es muy difícil ganar dinero porque lo que gana uno, es porque otro lo perdió".
¿Beneficiarios o cómplices?
La gran pregunta que sobrevuela sobre la compleja causa de Bacchiani tiene que ver con el destino del dinero recibido. Hasta ahora los investigadores no pudieron establecer donde y en qué estado está.
Si los billetes para cubrir las demandas no aparecen, podría tenerse en cuenta el razonamiento de Irving Picard, el hombre que lideró la recuperación de los capitales apropiados por estafador Bernard Madoff, quien terminó condenado a 150 años de prisión.
Para Picard, las ganancias obtenidas a través de un método ilícitos son también ilícitas. Así, quienes lucraron podían pactar con el fideicomiso para recuperar los capitales y devolver lo ganado, o quedaban expuestos a ser imputados como partícipes necesarios del fraude.