Entre las pruebas que sellaron la suerte de Julio Alberto Lucero como responsable del abuso sexual y homicidio de la médica Gloria Mónica Acosta (foto) figuran las siguientes: ?El acusado aseguró en su declaración que el 22 de enero pasado a las 9 de la mañana, cuando se cometió el crimen, se encontraba en Casa de Piedra, en el límite de los departamentos Capayán y La Paz, vendiendo halados. Sin embargo, al menos dos testigos -Villagrán y Marcos Kon, éste último patrón de Lucero-, afirmó que el acusado fue dejado a las 4 de la madrugada en la ciudad Capital. ?En inmediaciones del lugar del hecho de sangre se hallaron una remera y un jeans manchados con sangre de la víctima. Testigos indicaron que esas prendas pertenecían al acusado. Al allanarse la casa de Lucero se encontró un calzoncillo con sangre. Las pericias de ADN concluyeron que dicha sangre pertenecía a la médica Gloria Acosta. ?Testigos indicaron que tras el crimen Lucero ofreció en venta un teléfono celular marca LG, similar al que poseía la víctima. En la casa del acusado se encontró el chip de la empresa Claro, correspondiente al celular de la víctima. ?En su primera declaración el acusado admitió haber estado con la víctima, pero dijo que había mantenido con ella relaciones sexuales consentidas en un barranco cercano al lugar donde se encontró el cadáver y que mientras eso sucedía cayó una piedra accidentalmente, que golpeó a la médica y la dejó inconsciente. Pero también dijo que no quería matarla y que se había asustado. ?La autopsia reveló que Gloria Mónica Acosta fue estrangulada inicialmente y que luego su homicida la golpeó con piedras de tamaño mediano, produciéndole fractura de base de cráneo -causa eficiente de la muerte- y del macizo facial, agresiones producidas porque la mujer se resistió al ataque. ?Las pericias psicológicas y psiquiátricas indicaron que Lucero tuvo discernimiento suficiente como para dirigir sus acciones y que entendió la criminalidad del acto que se le endilga.